El principal remedio para reducir los efectos de huracanes y "depresiones tropicales" es cuidar de que las laderas de montes y volcanes, al igual que las planicies, estén arborizadas
Editorial. Viernes 13 de Noviembre. Tomado de El Diario de Hoy.
A Dios gracias cesaron las lluvias. En uno de los peores desastres naturales que ha sufrido nuestro país en los últimos años, comunidades, zonas marginales, puentes y caminos, playas y poblaciones costeras fueron destruidos por el agua, por incontenibles torrentes cuya enormidad era imposible de predecir.
Hay buenas lecciones de anteriores catástrofes naturales que se deben aprovechar para ayudar a la reconstrucción y socorrer a las familias y asentamientos afectados. Entre las más recientes se hallan los terremotos de 2001, que se dice fueron dos pero para muchos tres, que dejaron valiosas experiencias:
La primera, que nadie, fuera de Dios, puede saber de antemano cuáles serán las áreas más afectadas. El deslave de Santa Tecla fue uno de muchos, pero el que más víctimas causó. Ningún gobierno tiene la capacidad de efectuar obras para proteger otra cosa que lugares de alta vulnerabilidad, pero sale más barato mover viviendas que construir muros;
-en este sentido el plan del alcalde Quijano, de San Salvador, es la opción más sensata: acabar con los champeríos, construir bóvedas para canalizar el agua y edificar viviendas en las explanadas. La gente vivirá mejor y vivirá sin correr el riesgo de perderlo todo en una supercorrentada, como la que se produjo en el barrio de Candelaria, en junio de 1924;
-otra gran lección de los terremotos fue que las entidades gubernamentales no tienen ni la capacidad ni la plena probidad para manejar recursos por sí solos. En 2001 el gobierno nombró una comisión de profesionales y empresarios calificados para asignar y administrar recursos, en independencia del gobierno, de manera que nadie acusara de corrupción el esfuerzo. Los burócratas de cualquier color son notoriamente débiles frente a las tentaciones;
-aprendimos de previas catástrofes que lo más importante, además de proveer de seguridad, techo y asistencia médica a los damnificados, es poner en pie la estructura productiva, comenzando por seguridad, caminos, comunicaciones y servicios básicos para empresas y negocios. No debemos olvidar lo que sucedió al accidentarse un avión de pasajeros, en 1995: el aparato y los cadáveres fueron saqueados. Lo probable es que enjambres de asaltantes están esperando ahora la oportunidad de asaltar a los damnificados.
La principal contención son las plantas
El principal remedio para reducir los efectos de huracanes y "depresiones tropicales" es cuidar que las laderas de montes y volcanes, al igual que las planicies, estén arborizadas, que cuenten con un manto vegetal que reduzca la velocidad de las aguas y permita que una parte de ellas sea absorbida al subsuelo o se recoja en embalses y reservorios.
Es más fácil y natural reforestar, o más bien dejar que la naturaleza reforeste para que luego el hombre cuide la vegetación, a emprender obras de ingeniería que siempre son grandes, aparatosas y de altísimo costo, lo que no está al alcance de naciones pobres.
La deforestación es un mal de siempre, como lo demuestran las permanentes advertencias que se hicieron en este Diario en los años Cuarenta y Cincuenta. Uno de nuestros primeros editoriales, de 1936, fue advertir sobre los deslaves en el lago de Coatepeque provocados por la tala de árboles.
El problema se profundizó con los robos de tierras perpetrados por los duartistas en 1980, que dejaron las mejores tierras del país en manos de incapaces. Lo grave es que la lección no se aprendió, a juzgar por las propuestas de seguir adelante "con las reformas".
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