Escrito por Juan José Dalton. 14 de Noviembre. Tomado de Contra Punto.
El número de muertos sigue creciendo. Este sábado 14 de noviembre, el dato oficial era de 189 fallecidos. Pero el número de desaparecidos es aún incierto. El gobierno dicen que 80 son los desaparecidos registrados, pero que hay un subregistro que no se ha divulgado
GUADALUPE - Ciudad de Guadalupe, ubicada en la provincia de San Vicente y en las propias faldas del inactivo volcán Chinchontepec, es un lugar fresco y tranquilo. Un acertado plan turístico hubiera rescatado esta zona del olvido y la hubiera convertido en un polo de turismo de montaña, por su belleza natural que le circunda.
El volcán, de más de 2.100 metros de altura sobre el nivel del mar, es también un lugar histórico: la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) tuvo ahí varios de sus principales campamentos y zonas “liberadas”.
Pero desde el pasado 8 de noviembre, Guadalupe, así como sus vecinas Verapaz y Tepetitán, todas en las faldas del Chinchontepec, se han convertido en centros de atención internacional y nacional, debido a que fueron victimizadas por unas intensas lluvias que ocasionaron estragos en unas pocas horas, como nunca antes se había observado.
Para llegar a Guadalupe se toma una calle que inicia en el kilómetro 51 al sur de la Carretera Panamericana. Primero se llega al municipio de Verapaz y 12 kilómetros adentro está ciudad Guadalupe, que tiene 2 mil habitantes, en su mayoría dedicados a la agricultura y al comercio.
Las entradas a Verapaz y Guadalupe han tenido que ser reabierta a puras palas mecánicas que han removido enormes rocas, algunas hasta de 4 ó 5 metros de diámetro. Los cauces de los ríos, que antes apenas se observaban, hoy son cárcavas de varios metros de ancho por donde corrieron toneladas de lodo, rocas y árboles.
"Estábamos bien dormidos. Comenzó a caer una lluvia intensa, como jamás había llovido. Entonces la tierra comenzó a temblar cuando venía ese alud de piedras", narró a APRO el joven Manuel de Jesús Maldonado, estudiante de Ingeniería en Sistemas y residente de Guadalupe.
Mucha gente creyó que se trataba de un largo terremoto. “No exagero, pero fue más de una hora de temblores o sismos. Era la fuerza con que bajaron esas piedras”, decía Maldonado.
El terror se apoderó de la población. No podían salir de sus casas porque las lluvias eran intensas; las calles y veredas se habían convertido en ríos caudalosos.
Era de noche (la noche del sábado y madrugada del domingo), no había energía eléctrica... La población residente en la ciudad no fue afectada; no así los que residían en los alrededores de Guadalupe.
En el caso de Verapaz, la ciudad fue partida en varios lados por los alud de lodo y piedras que se desprendieron de la montaña.
Las piedras que borraron a Santa Rosa
"Ahí donde se ven todas esas piedras (de decenas de metros de ancho) estaba la colonia Santa Rosa... ahora está prácticamente desaparecida. Ahí residían unas 40 familias de las cuales por lo menos 11 no se encuentran por ningún lado", dice Manuel, quien por ser hijo de un ex alcalde de la ciudad conoce a toda la gente.
La apacibilidad de Ciudad Guadalupe se ha esfumado. La gente no puede creer la escena que aprecia en su entrada. Del inmenso río de piedras se desprende un fuerte hedor a putrefacción. “Seguramente ese olor es de animales y de personas que fueron arrastradas y podrían estar debajo de las piedras”, asevera Maldonado.
Ciudad Guadalupe, por estar en una pequeña elevación se salvó de ser arrasado por los deslaves. "Alrededor de la ciudad habían pequeños cauces naturales. Por allí bajaron las piedras. Eso fue lo que nos salvó. Pero creo que hay mucha tierra floja aún y con una lluvia o un temblor, se viene otra vez el alud", decía Manuel, quien repetía constantemente que nunca había visto algo igual, ni en terremotos ni inundaciones.
"Esto ocurrió de madrugada; la gente estaba dormida en sus casas. Allí habían viviendas de las cuales ahora no hay ni cimientos. ¿Esa gente dónde está? Para mí y para la mayoría del pueblo, esa gente está muerta y sus cuerpos quizás nunca aparezcan porque estas piedras deshicieron todo a su paso", recalcó el angustiado poblador.
Hasta el momento oficialmente se reconocen 189 muertos, la mayoría en el departamento o provincia de San Vicente; más de 80 desaparecidos y unas 14.000 personas damnificadas.
La cifra de desaparecidos que tienen en las localidades no coinciden con las oficiales del gobierno. Maldonado dice que en la colonia Santa Rosa desaparecieron 11 familias, es decir, más de 50 personas.
El alcalde de la ciudad de San Vicente, Medardo Hernández Lara, afirmó que en su localidad se cree que más de 500 personas están desaparecidas, pero sus nombres no están registrados.
David Rivas, secretario de Comunicaciones de la Presidencia de El Salvador, explicó que "los números de víctimas se dan a través de declaraciones de familiares y con testigos. Esto es una catástrofe grave. Mucha gente que está como desaparecida es localizada muerta o está en albergues. Tenemos que esperar para dar una cifra real y definitiva".
Los ricos también lloran
Hay lugares a los que cinco días después de la tragedia no hay acceso fácil por carreteras. Por ejemplo, en las costas centrales, como la zona de Costa del Sol, donde hay gran cantidad de ranchos veraniegos y privados de familias ricas, así como hoteles turísticos.
“La playa de Las Hojas y la bocana de la Costa del Sol están destruidas. Son desembocaduras de ríos que de las zonas montañosas arrastraron aguas abajo”, dice Ana Francis Góngora, operadora de turismo y residente en dicha jurisdicción.
“Los desbordamientos de los ríos fueron intensos. La gente pobre de ahí ha sufrido, pero muchos ranchos de gente rica también fueron dañados. El complejo turístico internacional Las Hojas Resort está con severos daños”, agregó.
Filmaciones en video dan fe de lo dicho por Góngora. Casas veraniegas que desde lo alto se apreciaban con sus piscinas azules, hoy están cubiertas por lodo.
Por otra parte, para entender un poco la magnitud de la tragedia, el ministro del Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), Herman Rosa Chávez, dio una explicación televisiva acerca del fenómeno de las copiosas lluvias. Además reconoció que se debe trabajar más en emitir alertas tempranas.
Rosa Chávez señaló que las estaciones que miden los niveles de precipitación de las lluvias son del tipo telemétricas, y los reportes son enviados cada 4 horas. Dijo que a las 9 de la noche del sábado 7 se tenían apenas 5 milímetros de lluvia. Pero la lluvia torrencial comenzó a caer aproximadamente a las 10 de la noche, por el orden de los 80 milímetros. Sin embargo, el siguiente reporte llegó hasta las 2 de la madrugada del domingo, cuando ya no había tiempo de hacer algo.
“Definitivamente tenemos que hacer mejoras sustanciales”, aceptó. “Se ha debilitado la red de monitoreo, los equipos no funcionan como deben funcionar”.
Toda desgracia deja lecciones; las anteriores: terremotos, inundaciones, sequías y deslaves, ocurrieron, causaron desgracias, pero las prevenciones quedaron en el olvido.
Mientras, el majestuoso volcán Chinchontepec se aprecia de lejos como un gigantesco animal herido, con grandes cicatrices que tardarán en sanar.
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