Editorial. Domingo 08 de Noviembre. Tomado de Diario Co Latino.
Entre el 29 de octubre y el 3 de noviembre, de 1989, Centroamérica, y por tanto El Salvador, sufrió los efectos mortales del huracán Mitch. Hoy, el luto lo trajo el huracán Ida, once años después de aquella fecha de terror.
Según expertos, el huracán Mitch fue uno de los ciclones tropicales más poderosos y mortales que azotó Centroamérica, muchos de sus daños aún no han sido superados y reparados totalmente.
El Mitch causó en El Salvador, debido al desbordamiento de los Ríos Grande de San Miguel y el Río Lempa, 240 muertos, y dañó más de 10.000 casas, dejando alrededor de 59.000 personas sin hogar, y 500.000 evacuados. Las pérdidas económicas fueron calculadas en más de mil millones de dólares.
Lo anterior lo traemos a cuenta porque, lo ocurrido la noche del sábado y la madrugada del domingo fueron causadas por otro huracán, en su estado de tormenta tropical, que también ha causado, hasta hoy, más de cien víctimas mortales, y daños cuantiosos, todavía no calculados de forma global.
Como lo expresamos en un titular de ayer, en nuestra versión en Internet, el huracán Ida nos ha hecho recordar el estado de vulnerabilidad en la que vive prácticamente todo el país, y que nos debe llevar a trabajar en políticas de estado que nos permitan no solo mitigar el problema, sino resolverlo.
Obviamente, resolver significa trabajar a largo plazo, pero hay que hacerlo. Muchas de las viviendas soterradas, salvo el caso de Verapaz y Tepetitán, que requieren un análisis aparte, son aquellas ubicadas en espacios que antes fueron quebradas naturales o espacios de los ríos que atraviesan las ciudades.
Entre otros daños está la destrucción de puentes, debido, a la gran cantidad de lluvia, que según expertos cayó entre 300 y 400 mililitros, en el transcurso de 12 horas.
Hoy, como en 1998, el país necesita de la solidaridad internacional, pero, sobre todo, de cada uno de los y las salvadoreñas. El Ministerio de Gobernación ha pedido que la ayuda en alimentos imperecederos, así como ropa limpia, de todo tipo, debe ser llevada a las oficinas de gobernación, en cada cabecera departamental.
Esperamos que el gobierno sea eficiente en la entrega de la ayuda, pero, para que eso sea así, hay que colaborar todos y todas.
Según informes de las autoridades gubernamentales, varias vías de acceso principal han sido habilitadas, las secundarias todavía no. Sin tomar riesgos, la ciudadanía debe organizarse para colaborar con los vecinos para habilitar las calles vecinales. El Salvador, sin lugar a dudas, necesita de todos y todas, no nos quedemos de brazos cruzados.
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