Escrito por Manuel Hinds. Viernes 13 de Noviembre. Tomado de El Diario de Hoy.
La deserción de los doce diputados de ARENA, que ahora entregan sus votos rutinariamente al FMLN, plantea una serie de interrogantes con respecto a la integridad institucional de nuestra democracia.
Es obvio que el país no puede funcionar con un sistema que permite a cualquier persona engañar a un partido político para que la nombre candidata a diputado, presentarse ante el electorado como defensora de la ideología de este partido, y luego, al ser electa sobre la base de la fuerza de éste, darse la vuelta para ofrecer sus votos al mejor postor o para traicionar directa y consistentemente a sus electores, votando en la Asamblea en contra del mandato otorgado por éstos.
Las leyes emanadas de una Asamblea así conformada no responden a la voluntad del electorado. Son el resultado de un comercio de votos legislativos realizado a espaldas del electorado. Un sistema así no sólo convierte las elecciones en una burla de la soberanía del pueblo sino que además permite que cualquier agente externo capture la Asamblea y, a través de ella, al país entero.
El problema es, ¿cómo evitar que esto suceda? Ciertamente que pueden buscarse caminos legales que vuelvan muy difícil la traición y la deserción. Este camino, sin embargo, es poco prometedor. La historia ha comprobado una y otra vez que no hay sistema institucional que no pueda ser corrompido. Hasta la madre de las leyes, la república romana, fue corrompida desde adentro hasta que la capturaron los césares, terminando con las libertades ciudadanas que los romanos habían disfrutado durante la república.
En este, como en casi todos los casos en los que las sociedades libres han perdido sus libertades, el enemigo no vino de afuera, sino de adentro. La república se corrompió, y esto permitió a Julio César, y luego a Augusto, terminar con ella, sustituyéndola con una tiranía que pagaba un falso tributo a las instituciones republicanas, que no eran ya más que títeres de los emperadores.
En El Salvador el problema no ha surgido de un vacío legal. El problema de los doce diputados es sólo una manifestación de traiciones y deserciones más generalizadas en otros ámbitos y en otras dimensiones en el país. El oportunismo político que ellos han evidenciado no es nuevo tampoco. Tampoco puede decirse que en El Salvador hay más oportunistas o potenciales traidores que en otros países en donde estas traiciones no se dan. La verdad es que estas cosas pasan en El Salvador porque la sociedad las permite. Y, en particular, este caso ha pasado porque los partidarios de ARENA permitieron que pasara.
No lo permitieron en este momento, sino varios años atrás, cuando dejaron que su partido se fuera convirtiendo, gradualmente primero y muy rápidamente después, en un instrumento de poder personal del entonces presidente Tony Saca, que concentró en sí mismo los poderes de Presidente de la República y presidente del partido y que sustituyó sistemáticamente a los voluntarios que manejaban el partido desde su creación, con personas que no tienen ninguna alineación ideológica con el partido y que deben sus posiciones exclusivamente a él.
La sustitución de las estructuras del partido, pasando de unas basadas en ideas a otras basadas en intereses, creó un mundo en el que las traiciones y las deserciones se ven como normales. En realidad, no son traiciones, si desde el principio era claro que la lealtad no era a ideas ni a mandatos de los electores sino a puras ambiciones de poder. Es de esos polvos que hoy tenemos estos lodos. Es de ese proceso que ARENA obtuvo mil traiciones, incluyendo la derrota electoral y la crisis que ahora está viviendo. ARENA ha descubierto que, como dice el pueblo, "el que con niños se acuesta, mojado se levanta".
¿Y por qué dejaron los partidarios de ARENA que esto sucediera?
Porque muchos de ellos y muchos de los miembros de la amplia derecha pactaron con esas nuevas fuerzas, pensando que no importaba que el ex-Presidente Saca controlara todo el partido y lo usara como instrumento de poder personal, si eso significaba mantener al FMLN lejos del poder. La dura realidad fue que esa nueva ARENA no sólo entregó el poder en bandeja de plata al FMLN, sino que además quedó en manos de personas que de un día para otro apuñalan al partido.
El famoso novelista y pensador inglés George Meredith lo dijo en pocas palabras: "Somos traicionados por lo que es falso adentro de nosotros mismos". ARENA ha sido traicionada porque se dejó controlar por lo que es falso: el clientelismo, las ambiciones personales, el aferramiento al poder. Ahora ARENA tiene sólo un camino: sacar lo falso de su sistema y, con lo que quede, reconstruir un partido que represente a la mayoría conservadora de nuestro país.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Comentarios que incluyan ofensas o amenazas no se publicaran.