Editorial. 09 de Noviembre. Tomado de Contra Punto.
Cuando las lluvias se convierten en una inmensa tragedia
SAN SALVADOR – Nuestros ancestros danzaban y oraban a sus dioses para que la lluvia cayera y creara nuevas vidas. La lluvia eran entonces símbolo de vida.
El ser humano ha irrespetado a la Naturaleza. Ha desviado el cauce de los ríos, ha demolido montañas, ha dinamitado el subsuelo, envenenado las aguas y el aire. ¿Será la hora de la Naturaleza contra la Humanidad?
¡Increíble! Unas lluvias se convierten en una inmensa tragedia. Ciertamente, en cuatro horas llovió más de lo que llueve en cuatro días, pero ello no puede justificar la muerte de más de 120 personas y la desaparición de 60; hasta el momento como cifras preliminares.
Esta tragedia tiene varios responsables: la vulnerabilidad en que se encuentra el territorio nacional y la falta de prevención: la mitigación del riesgo por décadas postergada. También hay culpables de esto: los modelos económicos y sociales a los que no les importa el sufrimiento de la gente cuando se producen las tragedias.
Un alto funcionario dijo en conferencia de prensa que el fenómeno no los había tomado por sorpresa y que se había actuado a tiempo y coordinado. Sí, pero esa es la mentalidad que tenemos: la reacción después de la tragedia.
La otra cara de la moneda, y la más importante, debería ser la prevención. La prevención se construye con años de anticipación para evitar o minimizar esta avalancha de muertes.
Sigamos destruyendo la Naturaleza y cosecharemos más muertes. La destrucción de nuestro propio hábitat no se ha hecho en los últimos 5 meses. Esto viene de años. La prevención es un tema medioambiental de alta prioridad. No podemos continuar una ruta de desarrollo dañando el medio ambiente y con esa óptica se debe actuar.
Ahora, con funcionarios supuestamente más capaces y socialmente concientes, debe darse un vuelco a la vulnerabilidad en que se encuentra el país. Es hora, de ahora en adelante, que la irresponsabilidad y el atentado contra la Naturaleza se castigue ejemplarmente. Y ni así los daños serán compartidos con justicia.
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