Continuamente me pregunto qué pensará nuestra gente más humilde en relación al cumplimiento de las leyes y las normas en nuestro país. Lo más posible es que crean que estas se cumplen o se hacen cumplir de acuerdo a las circunstancias o a quién afecten.
Escrito por Nacho Castillo.18 de Marzo.Tomado de La Prensa Gráfica.
“Somos, además, los que trabajamos a conciencia, pagamos impuestos y creemos que la mejor sociedad es aquella donde se cumple la ley.”
La gente tiene razón porque esta ha sido la regla: unos cumplen con todas las leyes y normas y otros las incumplen, sin que para estos últimos haya sanción, como el mismo marco legal y normativo lo exige.
Me atrevo a decir que la mayoría de los salvadoreños conduce con su licencia y tarjeta de circulación al día, posee DUI y no se le pasa por la cabeza manejar con alcohol o efectos de drogas en su cuerpo. Tampoco se le ocurre tomarse una calle para hacerle la vida imposible al resto ni menos cerrar las puertas de acceso de una universidad para impedir la entrada de los más que desean estudiar.
También me atrevo a decir que la inmensa mayoría de los salvadoreños desea que sus autoridades apliquen la ley y no se vuelvan consentidores, y menos cómplices, de aquellos vagos eternos que solo desean complicarle la vida al resto, con acciones anárquicas que nada tienen que ver con una demanda sana y políticamente correcta.
Obviamente, usted ya se habrá dado cuenta de que la política de este gobierno en relación al actuar de la Policía es consentidora para el revoltoso e inepta para quien trabaja y cumple con la ley y el orden. Hoy usted sale al trabajo y no sabe a qué hora llegará a su destino. Lo más seguro es que una manifestación le hará perder valioso tiempo y gasolina a su carro.
Así es el mundo al revés. Alguien se toma una universidad provocando pérdidas de $100,000 diarios, de acuerdo al rector, y la PNC solo lo retiene por unos minutos y le pide amablemente que se vaya para su casa. Por supuesto que la PNC, encargada de hacer cumplir la ley, cae en la ilegalidad de no detener a quien fabricó bombas caseras y provocó que un empleado de la misma universidad resultara herido.
Al final de cuentas, los “manifestantes” que causan daño al resto de la población, los motoristas irresponsables que trasladan seres humanos con varios gramos de cocaína en el cuerpo, los que se toman universidades, las aceras o los hospitales no son sujetos de derecho. El resto sí, que somos, además, los que trabajamos a conciencia, pagamos impuestos y seguimos creyendo que la mejor sociedad es aquella donde impera el cumplimiento de la ley.
Ricardo Lagos, ex presidente de Chile y de paso por El Salvador donde participó en el recién clausurado ENADE, habló de la necesidad de la predictibilidad, que no es otra cosa que poder predecir o saber a ciencia cierta cuáles son las reglas para vivir en esta sociedad o para emprender cualquier acción, seguros de que la norma será aplicada igual para todos.
“O todos en la cama o todos en el suelo” dice un refrán muy salvadoreño, que además es muy cierto. Si no se trabaja en el cumplimiento de la ley en forma pareja, lo más seguro es que lleguemos a la destrucción de la sociedad, porque los que hoy cumplen la ley terminarán cansados y haciendo lo mismo que los otros. Pero hay algo peor, el primer mandato de la autoridad es hacer cumplir la ley. Si no son capaces de esto último, ¿para qué son autoridad?
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