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2011/03/15

LPG-El hombre clave (y 4)

 Rivas Mira había diseñado y alentado el funcionamiento federativo y vertical del ERP, pero afirmó que eso había sido positivo porque se mantenía el esfuerzo coordinado, avanzando en lo militar y en lo político sin haber sufrido graves problemas disciplinarios o de seguridad. Entonces, si el parámetro era la eficiencia y esta se medía según los resultados, ahora que en su ausencia lo cuestionaron todo ¿cuál era el resultado concreto?

Escrito por Geovani Galeas.15 de Marzo. Tomado de La Prensa Gráfica. 

Con las acusaciones mutuas, el prestigio de la jefatura del ERP estaba en el suelo ante la militancia, y eso golpeaba la moral y la disciplina. Además, el haber dado rienda suelta a la hostilidad entre los agrupamientos neutralizaba el esfuerzo conjunto. Existían insuficiencias y deficiencias, sí, pero creía que era un error enfrentar esos problemas desde la perspectiva teórica de la moral y la política de principios.

¿Era cierto, por ejemplo, que la principal tarea política de la organización debía ser la de construcción del partido? En teoría sí, pero la realidad indicaba que, en ese momento, la mejor línea política consistía en hacer bien la tarea militar. A su juicio, el auge de la lucha de masas apuntaba hacia un desenlace insurreccional que habría que combinar, mediante el trabajo conspirativo, con la rebelión del sector progresista del ejército nacional.

Sin embargo, dijo, la Resistencia Nacional ni siquiera esbozaba una estrategia para incorporar a las masas, no a un hipotético partido, sino a la actividad armada que sería el factor definitorio de la situación. Esa era la tarea urgente, y era en el cumplimiento de ese objetivo que se debía ser eficiente. Toda otra discusión debía ser postergada.

Finalmente planteó que en lo inmediato se debía proceder a la reconquista de la confianza, la moral y la disciplina en la estructura intermedia y en las bases de la organización. La unidad debía buscarse y fundarse en la acción y no en las discusiones, por tanto era necesario intensificar la actividad militar.

Con esos argumentos logró imponerse, aunque sabía que era una victoria temporal. El ERP ya no volvería a ser igual. Dos factores determinarían la diferencia: la emergencia de Roque Dalton como cabeza intelectual de la Resistencia Nacional, y el creciente liderazgo político y militar de Joaquín Villalobos, que aparecía como el organizador de todos los cuestionamientos.

Pero Rivas Mira sabía que hay un cierto tipo de adversario que en determinadas circunstancias es mejor no enfrentar, y por el contrario conviene más intentar convertirlo en un aliado. Los hechos posteriores demostraron que esa fue precisamente la opción que tomó respecto a Villalobos. Dalton no era un jefe militar, y en esa medida constituía una amenaza menor.

Pocas semanas después, bajo la supervisión directa de Rivas Mira, era asaltado un camión pagador de la Cooperativa Algodonera. En el atraco participaron Arce Zablah y Villalobos junto a miembros de la columna de Vladimir Rogel. Días después, ese mismo comando combinado, bajo la jefatura de Rogel, atacaba el puesto de la Guardia Nacional de Quelepa, mató a dos agentes y se llevó sus fusiles.

Hubo una secuencia de actividades similares. No se trataba de acciones aisladas. Eran escalones de fogueo dentro de un plan que apuntaba a operaciones de mayor envergadura, y en definitiva al supuesto desenlace insurreccional inminente. Nadie de la Resistencia Nacional participó en eso, ni siquiera Eduardo Sancho, que formalmente era miembro del Estado Mayor del ERP.

La Resistencia Nacional tampoco descansaba. Siguiendo su línea estratégica, consolidaba su propio movimiento amplio de masas, que llegaría a ser poderoso. Al tomar partido por uno de los sectores, Alejandro Rivas Mira conservó la jefatura pero asimismo quebró el balance de fuerzas y selló la división del ERP entre políticos y militares. La pugna interna estaba ya por teñirse de sangre.

El hombre clave (y 4)

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