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2011/03/15

Contra Punto-Buena voluntad - Noticias de El Salvador - ContraPunto - Noticias de El Salvador - ContraPunto

 Luis Armando González.15 de Marzo. Tomado de Contra Punto.

SAN SALVADOR-La “buena voluntad” es de esos factores imponderables en la dinámica socio-política de un país. Tanto es así que desde el cientificismo político no sólo se la descarta, sino que se suele ver con un dejo de burla y de superioridad a quienes osan darle importancia a la hora de valorar el comportamiento y compromisos de los actores empresariales, sociales o políticos.

Sin embargo, la buena voluntad –o la mala voluntad—de los actores socio-políticos y/o empresariales tiene una incidencia innegable en la marcha de una sociedad, incidencia que es más destacable en momentos en los cuales se tienen que operar giros estratégicos en ella. Precisamente, un giro estratégico es lo que debe operarse en El Salvador en las actuales circunstancias históricas.

Las estrategias de gestión de los recursos nacionales seguidas en el pasado –la última fue el programa neoliberal que ha marcado los rumbos de El Salvador en las últimas dos décadas— nos llevaron al callejón sin salida del deterioro agrícola, el estancamiento industrial, la anomia y la ruptura del nexo social.

Definitivamente, sólo con un giro estratégico que traiga consigo (a) una redefinición del modelo económico, (b) un quehacer cultural centrado en la dignidad de las personas –que será posible a partir de una renovación educativa de gran envergadura— y (c) un ejercicio responsable de la autoridad política el país podrá salir de la ruta perversa en el que fue puesto por quienes no fueron capaces de mirar más allá del horizonte de sus intereses inmediatos.

En la consecución de los tres desafíos enunciados, la buena voluntad de los actores involucrados en esos ámbitos es sumamente relevante, a tal punto de que su mala voluntad puede entorpecer gravemente el avance en cada uno de ellos. Buena voluntad quiere decir compromiso con los cambios necesarios en la economía, la cultura y la política que conduzcan a la creación de un país mejor, es decir, de un país en el cual la exclusión, la marginalidad, la pobreza y el deterioro moral y cultural se vayan erradicando poco a poco pero de manera irreversible.  

Quienes pueden aportar con su experiencia,  talento o riqueza a la edificación de un mejor país deberían mostrar la mejor disposición –la mejor buena voluntad— para ello, no anteponiendo sus limitados intereses y mezquindades a un propósito de mayor trascendencia. En estos momentos, no hay mejor manera de medir el compromiso con la patria que aportando lo mejor que se tiene para que ésta deje de ser la “patria exacta” descrita por el poeta Oswaldo Escobar Velado:

“Esta es mi Patria:

un montón de hombres; millones

de hombres; un panal de hombres

que no saben siquiera

de donde viene el semen

de sus vidas

inmensamente amargas”.

Y que se trabaje por una patria nueva, en la cual como en “Regalo para el niño” –también de Escobar Velado— cada salvadoreño y salvadoreña pueda tener “una paz iluminada. Un racimo de paz y de gorriones. Una Holanda de mieses aromada. Y Californias de melocotones”.

Eso es, ni más ni menos, lo que se espera de los grandes empresarios; eso es también lo que se espera de los cuatro últimos ex presidentes de la República. Una y otra vez, unos y otros han manifestado su compromiso con la patria y con “un mejor El Salvador”. Con todo, a los primeros les cuesta entender que ese proclamado compromiso con la patria es vacío si no cumplen con sus obligaciones fiscales y si prefieren expatriar sus ganancias en lugar de apostarle a la inversión local.

Hay aquí una enorme muestra de mala voluntad que, sin duda, hace un gran daño a la edificación de un nuevo El Salvador. Con una mejor disposición de los sectores empresariales a aportar su cuota de esfuerzo al desarrollo nacional –con un cambio en la autopercepción que tienen de sí mismos— muchas cosas se podrían lograr en la construcción de un país distinto al que tenemos. 

No se ven señales, en los sectores empresariales más poderosos,  de esa disposición a descentrarse de sí mismos y de verse como parte de algo mayor y que es más importante que ellos como sector. En este sentido, los sectores empresariales deben vivir su propia transición, que les permita convertirse en copartícipes  de un proyecto de desarrollo nacional integral.

Respecto de los cuatro ex presidentes, desde la presidencia de la República se les convocó  a integrar un grupo consultivo que aportara propuestas para encarar los retos nacionales. Más allá de los reparos que se tengan acerca de la invitación girada desde Casa Presidencial –en razón de la responsabilidad de los cuatro ex presidentes en las dinámicas del país que tenemos actualmente— es innegable que los cuatro suman una experiencia de 20 años en la gestión del Ejecutivo, experiencia que no puede ser desechada en momentos en los cuales de lo que se trata es de sumar –y no restar— energías dados los acuciantes problemas nacionales.

Dos ex presidentes –Francisco Flores y Antonio Saca—  han mostrado buena voluntad ante el llamado de presidente Mauricio Funes. Los dos restantes –Alfredo Cristiani y Armando Calderón Sol— han  esgrimido los más variados argumentos para justificar su no integración al grupo consultivo convocado por el presidente Funes.

Se tiene aquí  un claro ejemplo de mala voluntad, lo cual es inconcebible en dos figuras políticas que gestionaron el Ejecutivo en momentos clave, pues fue cuando se sentaron las bases del modelo económico vigente en la actualidad.

En el caso del ex presidente Calderón Sol es más inexplicable la resistencia en cuanto que él fue el único de los cuatro que tuvo una visión amplia del país, lo cual se plasmó en las Bases para un plan de nación y en la reforma educativa. No faltan quienes opinan que Calderón Sol fue el mejor presidente de los cuatro; sea eso fundado o no, lo cierto es que, en el marco del proyecto neoliberal, Calderón Sol quiso tener una visión de conjunto del rumbo del país. Es claro, pues, que puede aportar ideas valiosas desde su experiencia en el Ejecutivo.

¿Prevalecerá la buena voluntad en estos dos ex presidentes? ¿O los seguirá dominando la mala voluntad? Quién sabe. Lo que sí es cierto es que con su resistencia a sumarse a la convocatoria del presidente Funes lo que hacen es poner en evidencia su poca disposición a servir al país en momentos difíciles como los actuales. Con ello, se estarían sumando al bando de quienes, por más que digan lo contrario, no tienen más compromiso que con sus intereses particulares.  

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