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2011/03/15

:: OBSERVADOR POLÍTICO - El cáncer del engaño y el Consejo Consultivo

 Manuel Hinds.15 de Marzo. Tomado de El Diario de Hoy. 

La convocatoria que el Presidente Funes hizo la semana pasada para conformar un Consejo Consultivo con los expresidentes de la república y los representantes de los partidos políticos es en sí misma una manifestación de algunos de los más graves de dichos problemas.

La manera malcriada en la que el presidente hizo la convocatoria (impromptu, por los medios de comunicaciónmasiva), la falta de una agenda de los temas a discutir, la urgencia de tener la primera reunión del supuesto Consejo antes de que arribe el Presidente Barack Obama de Estados Unidos, el hecho mismo de que por dos años el presidente Funes ha insultado continuamente a los regímenes de los presidentes ahora invitados para que ahora aporten consejos, todo sugiere que la invitación no es sincera ni siquiera en términos de que el presidente quiera que los expresidentes atiendan, mucho menos en términos de que quiera tomar en cuenta sus opiniones.

Es obvio para cualquiera que siga los acontecimientos del país que lo que el presidente quiere es posicionarse como estadista conciliador ante la población y, principalmente-como lo sugiere esa urgencia de establecer el Consejo ya, ya-ante el Presidente Obama que ya viene. Pero también es obvio que el presidente no quiere obtener esa posición actuando como un estadista conciliador sino solo comunicacionalmente.

Él parece haber pensado en esto como se piensa en una jugada de ajedrez, anticipando que lograría su posición de conciliador tanto si los expresidentes aceptaban su grosera invitación-porque tendría una fotografía con ellos para enseñar al Presidente Obama-como si no la aceptaban-porque podría decir al Presidente Obama que él trató de conciliar pero los expresidentes no quisieron colaborar.

Es fácil adivinar que en esta lógica esta última posibilidad era la más deseable, ya que le permitiría hacer lo que ha hecho desde que es presidente: echarles la culpa a los expresidentes de todos los problemas que tiene su administración. Los podría acusar de divisivos por no atender. En esta misma lógica, la otra posibilidad tampoco eramala. Cualquier cosa inconveniente para él que los expresidentes pudieran decir en el Consejo-si es que alguna vez discutía algo-podría ser inmediatamente contrarrestada por el coro unánime del PDC, el PCN y GANA, que apoyan incondicionalmente al Presidente Funes y son los que han dado al gobierno todos los votos que necesita para controlar la Asamblea.

Cualquiera puede ver que esta invitación es una trampa, una zancadilla para los expresidentes. Es lo opuesto a lo que necesita el país.

Está mal que el presidente planee algo así. Pero lo que es realmente peor, incalculablemente peor, lo que realmente daña al país y es una manifestación de los problemas que nos han llevado a donde estamos, es que mucha gente que entiende lo que está pasando consideren que es una jugada brillante, que piensen que la política es un juego en el que todo se vale, y que el engaño, la hipocresía y el disimulo no son acciones moralmente reprobables sino manifestaciones de genio.

Por supuesto, al concebir la política como un juego y legitimizar el engaño y la zancadilla, lo que se promueve es el ascenso al poder de los que son más diestros en engañar y meter zancadillas. El resultado de esas creencias en nuestro país es que poco a poco la política de El Salvador ha ido siendo dominada por el populismo que, como en el caso de la invitación a los expresidentes, se enfoca en lo que parece ser, a costa de lo que es.

Lo que ahora vale en la política salvadoreña no es un buen plan para resolver los problemas del país sino un plan para manejar los medios de comunicación, a modo de proyectar una buena imagen sin importar que la realidad vaya decayendo continuamente. No es por casualidad que ya llevamos dos presidentes populistas, cuya experiencia anterior era sólo en proyectar imágenes en los medios. Y no es casualidad tampoco que durante estas dos administraciones todo se haya deteriorado en el país.

El error fatal que ha llevado a estos problemas es que, en contra de lo que está de moda decir, la política no es un juego. Menos aún es un juego sin víctimas. La víctima es el pueblo, que ve como los problemas de la violencia, el transporte, la falta de servicios públicos de calidad, y tantos otros, se van empeorando con el tiempomientras el gobierno gastamás y más en dar impresiones, no en tomar acciones. El otro lado de la atención continua a los medios es el descuido de la cosa pública. Al final de todas las zancadillas el caído es el pueblo mismo.

El problema no podrá resolverse hasta que entendamos que la falla está en la dimensión de los valores-en el hecho que el pueblo ha aceptado el abandono de la moral en la política, aceptando que en política todo se vale, y considerando que los trinquetes son genialidades.

El país no va a progresar hasta que el pueblo realice que hay una conexión entre la moralidad y el progreso y comprenda que el segundo no se da sin la primera; hasta que comprenda que no hay desarrollo en la mentira; que no hay genialidad en el engaño; y que la competencia política que el país necesita no es un campeonato de zancadilleros sino una de ideas positivas y realistas de cómo desarrollarlo.

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