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2011/03/18

EDH-No sólo los maestros deben educar para la paz

Helga Cuéllar-Marchelli.18 de Marzo.Tomado de El Diario de Hoy.

A don Santiago lo encontré en el XI Encuentro Nacional de la Empresa Privada (ENADE). Él estaba compartiendo mesa con empresarios interesados en conocer la opinión de un maestro, con sobrada experiencia laboral en el sistema educativo público, acerca del papel que deben desempeñar las instituciones en el desarrollo del país.

Este año el ENADE enfatizó en la necesidad de realizar reformas institucionales -- o ajustes en las reglas de juego de la sociedad-- en seis áreas principales: seguridad ciudadana, servicios públicos eficientes, las alianzas público-privadas (concesiones), la integración centroamericana, la transparencia y la rendición de cuentas en el sector público y las reformas al sistema electoral y de partidos.

"¿Pero qué hace un maestro como don Santiago en el ENADE?", me pregunté. Sin que don Santiago advirtiera mi presencia, escuché cómo él hablaba, con mucho entusiasmo, acerca de la importancia de educar para la convivencia pacífica. "Ciertamente", dijo, "es muy positivo que, el sector empresarial le preste cada vez más atención a la educación. Han dicho que ven a la educación no sólo en su papel de preparar recurso humano calificado, sino también como una estrategia para formar ciudadanos integrales y prevenir la delincuencia".

Al unísono los empresarios allí reunidos asintieron con la cabeza, mientras uno de ellos señalaba la urgencia de contar con una política integral de seguridad ciudadana, que vaya más allá del uso de la fuerza como mecanismo de control.

Al observar esta conversación, pensé que quizás este es buen tiempo para que maestros, empresarios y otros actores reflexionen conjuntamente, sobre qué debemos aprender los salvadoreños para contribuir mejor al desarrollo del país y el fortalecimiento de la democracia. Muchos creen que la escuela es la única responsable de educar para la paz, porque es el espacio en donde los procesos de formación parecer estar bajo control.

Sin embargo, aunque las escuelas son instituciones esenciales para promover transformaciones sostenibles en el largo plazo, éstas no son las únicas. La iglesia, la familia, los medios de comunicación y las organizaciones sociales, ya sea de manera consciente o no, también desempeñan una función educadora, capaz de fortalecer o mermar los esfuerzos que se hacen desde la escuela.

Desde las aulas, el maestro puede educar en el ejercicio de valores democráticos, como la tolerancia, el respeto y la solidaridad, para la búsqueda del bien común. Sin embargo, este aprendizaje pierde fuerza, cuando los líderes de distintos ámbitos de la vida nacional no obran con el ejemplo. En otras palabras, ningún esfuerzo de reforma institucional puede ser exitoso si no hay comprensión acerca de cómo apoyar la misión de la escuela.

La finalización del conflicto armado a principios de los años noventa, aún no equivale al logro de una paz genuina. Alcanzarla sólo será posible si concentramos nuestras energías en la búsqueda de soluciones compartidas para atender el problema de la pobreza y la desigualdad, el bajo crecimiento económico y la fragilidad institucional. Necesitamos espacios de diálogo y de confianza para encontrar soluciones de país en todos los niveles que conforman la sociedad.

La escuela puede hacer lo suyo, pero a todos --especialmente aquellos que ocupan posiciones de liderazgo-- corresponde enseñar a las nuevas generaciones a través del ejemplo, lo mejor que hemos aprendido de la historia salvadoreña reciente: es posible lograr acuerdos que buscan la paz duradera.

Perdida en estas ideas estaba cuando don Santiago se percató de mi presencia y exclamó: "¡Que sorpresa! Por favor, venga y ayúdeme a explicar por qué no sólo los maestros están obligados a educar para la paz". Y con una sonrisa le contesté: "Don Santiago, no me lo va a creer pero en eso estaba pensando".

elsalvador.com, No sólo los maestros deben educar para la paz

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