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2010/07/18

Contra Punto-Obsolescencia - Noticias de El Salvador - ContraPunto

 Edmundo Jarquín.19 de Julio. Tomado de Contra Punto.

SAN SALVADOR-Estos días se conmemora el 31 aniversario del triunfo de la revolución sandinista en 1979, y con motivo del aniversario de la revolución liberal de finales del siglo XIX, el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) tuvo su convención. Ambos eventos se han  utilizados como pretexto para lanzar las candidaturas presidenciales de Daniel Ortega y Arnoldo Alemán.
Pero resulta que el 83 % de la población de Nicaragua es menor de 45     años de edad. Esto significa que casi 5 millones, de los 5.8 millones de nicaragüenses, tenían 14 años o menos de edad, o no habían nacido en 1979. Y desde luego, literalmente ningún nicaragüense vivo había nacido cuando la revolución liberal.
Traigo a colación esos datos porque si algo resulta obsoleto, desde la oposición a Ortega, y yo mismo he incurrido en el error, es acusarle de “neo-somocista”, es decir, de repetir en buena parte las prácticas dictatoriales del somocismo. Aunque desde el punto de vista histórico y analítico lo anterior es correcto, desde el punto de vista vivencial ese discurso tiene una gran dosis de obsolescencia, porque no tiene ningún significado para la inmensa mayoría de nicaragüenses que no tienen memoria del somocismo.
Lo mismo puede decirse en relación a Arnoldo Alemán, quien fuese activista somocista e incluso ocupara el cargo de Secretario General, o algo así, de la Juventud Somocista. Decir que Arnoldo Alemán fue somocista, no tiene ninguna implicancia vivencial para gran parte de los nicaragüenses.
Nos guste o no, y personalmente estoy entre los que no me gusta, ni los méritos de la lucha contra Somoza, ni los méritos o desméritos del somocismo, tienen mayor significado, más allá de la memoria histórica, para la inmensa mayoría de nicaragüenses.
El triunfo de la revolución Sandinista, y la incapacidad de mantener unidos a los nicaragüenses, abrió camino a una nueva contradicción, de la cual hay más gente que tiene memoria vivencial. Fue la contradicción entre sandinismo y antisandinismo, de los años 80, y que se arrastró todavía en los 90. Y aunque esa contradicción de alguna manera sobrevive, ya no tiene la fuerza de entonces, porque el pacto entre Alemán y Ortega de finales de los 90,  que es dónde radica el desastre político, institucional, económico y social que estamos viviendo, puso en evidencia que ambos son, para todos los efectos prácticos, la misma cosa. Eso explica el casi millón de nicaragüenses que en el 2006 votaron por opciones que se oponían al pacto, y que ahora se entienda que la contradicción más importante es caudillismo autoritario, a un lado, con Alemán y Ortega y su carga de incapacidad, corrupción y retraso, y, al otro lado, democracia, decencia y modernización de la política..
Estoy seguro que ahora serían más los que votarían contra el pacto, toda vez que para muchos liberales, que todavía en el 2006 votaron por la opción que representaba a Alemán, están conscientes que éste abrió el camino para el regreso de Ortega al poder.
Tanto Ortega como Alemán, más que la Revolución Liberal de 1893 o la Sandinista de 1979, son la explicación fundamental de nuestro desastroso presente. ¿Cuántos nicaragüenses están contentos con su situación? ¿Creen ellos que con uno u otro de esos caudillos autoritarios estarán mejor en el futuro?
Ya lo dije una vez: ni se rescata la esperanza, ni se construye el futuro, con los fracasos del pasado, y menos con los fracasos del presente que representan Ortega y Alemán, que han gobernado o cogobernado durante los últimos 31 años.
Si de ver hacia delante y con esperanza se trata, no es ni con Ortega ni con Alemán. Hay que dejar “que los muertos entierren a sus muertos”, según esa conmovedora sentencia del evangelio. 

Preguntas que se hacen los nicaragüenses

Precisamente, las preguntas que se hacen la gran mayoría de nicaragüenses no son sobre el somocismo, la revolución de hace 31 años, y menos sobre sobre el zelayismo del siglo XIX.
Los nicaragüenses se preguntan porqué, a nuestro lado, Costa Rica tiene un ingreso per cápita casi 7 veces superior al nicaragüense. Y Honduras, al otro lado, tiene un ingreso por persona 80% superior al nicaragüense; y el de Guatemala es 160% mayor, sin que ninguno de estos dos países tenga una situación envidiable..
Los nicaragüenses saben que hace tres décadas eran decenas de miles de salvadoreños y hondureños que venían a buscar trabajo en Nicaragua, y ahora son centenares de miles, no decenas de miles, centenares de miles, los nicaragüenses que emigran a buscar trabajo en Costa Rica, Panamá, El Salvador, incluso Honduras, y otros países.
Entonces los nicaragüenses tienen razón en preguntarse a qué “31 años de triunfos” se refiere la propaganda orteguista, que agobia con rótulos de calles y carreteras, y avisos de radio y televisión.
Precisamente la última encuesta de M y R Consultores revela que para dos de cada tres nicaragüenses el gobierno de Ortega produce desesperanza. Y eso se corresponde con los dos de cada tres nicaragüenses para quienes su principal problema es la pobreza y el desempleo. ¿Qué triunfos son esos? Solamente uno de cada cinco nicaragüenses considera que su situación es mejor que antes. Para cuatro de cada cinco, está igual o peor.
Con el crecimiento promedio que ha tenido el ingreso per cápita en los tres primeros años de gobierno de Ortega se necesitarían más de 50 años para duplicar el ingreso de los nicaragüenses. ¿Es ese el futuro que queremos?
Y con Alemán, socio de Ortega, y ahora socio subordinado del mismo, que hizo posible el regreso de éste al poder, y ha hecho posible su consolidación en el mismo, y cuyo gobierno fue un ejemplo de derroche e ineficiencia, dejando un déficit fiscal enorme, que obligó a políticas contractivas en los años siguientes, y que según la mencionada encuesta de M y R, tres de cada cuatro nicaragüenses creen que Alemán divide y desune, ¿alguien sensatamente cree que en el futuro estaríamos mejor?
Por si no bastara la evidencia que arroja la encuesta de M y R, recientemente se hizo pública la última edición del Latinobarómetro, la más prestigiada medición de opinión pública de América Latina desde hace 15 años. Pues resulta que en medio del gran optimismo que hay en América Latina en este momento, porque la región en su conjunto ha sido capaz de sortear la crisis económica internacional, cuando en Latinobarómetro se preguntó si el entrevistado y su familia iban en la dirección correcta, Nicaragua ocupó el último lugar entre los 18 países latinoamericanos incorporados en la encuesta. Y cuando se preguntó si el país iba en la dirección correcta, ocupamos el penúltimo lugar.
Si ése es el resultado de “31 años de triunfos”, ¡qué tal si habláramos de fracasos!

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