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2010/07/18

Contra Punto-Mi respeto a la literatura universal - Noticias de El Salvador - ContraPunto

Carlos H. Rivas.19 de Julio. Tomado de Contra Punto.

(Al poeta Salvador Juárez)

Estimado poeta:

ILOPANGO - Con interés y cierto dubitativo asombro, he leído su artículo “Un irrespeto a la literatura universal”, en el cual hace referencia crítica a unas declaraciones en los medios de comunicación de su servidor.

Aun cuando no lo conozco personalmente, su obra poética es para mí un referente de su persona, respaldada por una limpia trayectoria como intelectual comprometido con los más humildes y desamparados de nuestro país, para quien el reconocimiento del pueblo de Apopa como su hijo meritísimo es una rúbrica legítima y acaso insuficiente.

En un mundo y un tiempo en que la polémica sobre puntos fundamentales para el futuro de El Salvador, se exacerba debido, en mi opinión, a intereses políticos partidistas, económicos y religiosos, es satisfactorio escuchar la voz de un hombre “bueno y amoroso / hasta la muerte, amén[1]” a quien estoy seguro no le mueven tales intereses, sino un auténtico sentido de responsabilidad y una práctica de elemental valentía en la exposición de sus ideas.

Admiración, como siento, por los creadores de arte y trabajadores de la cultura, en especial por quienes de las palabras hacen mundos en los cuales como en un espejo, podemos ver el rostro roto de la patria o el rostro soñado del futuro que queremos para ella, no puedo menos que lamentarme porque mis palabras con respecto al alcoholismo del gran escritor bostoniano Edgard Allan Poe, sean tomadas como un intento de descalificación a su obra; sobre todo cuando tengo la convicción que ella es producto de la voluntad divina, al margen de creencias y desgarraduras personales.

Quiero, pues, motivado por su sinceridad, exponer algunos puntos que considero merecen aclaración de mi parte.

  1. Cuando hice alusión al alcoholismo de Poe, en mi espíritu no estaba hacer una tipificación de su persona, menos aún una desvalorización de su obra. Suficientes ejemplos brinda nuestra realidad, como para desconocer la práctica de la descalificación basada en la crítica de las características personales, en sus defectos (“quien esté libre de culpa…”) o sus enfermedades. El caso de Dalton, que Usted menciona, es proverbial. Pero lo es también el suyo propio y el de otros escritores, como el caso del fallecido poeta Nelson Brizuela, que en algún momento fueron o son victimas de tal actitud discriminatoria.

Qué decir también de ese poeta casi epicúreo que fue Salomón, de cuya boca surgió uno de los más bellos poemas de amor de todos los tiempos, el “Cantar de los cantares”.

Si acaso en mi candor literario me referí a Poe en términos que a Usted, y seguramente a otros más, le parecieron denigrantes; tenga la certeza que sólo quise ejemplificar con un autor de innegable prestigio y calidad, mi posición ante el tema de la lectura de la Biblia. Si fueron desacertadas las palabras utilizadas, atribúyalas a la pasión con que defiendo mi pensamiento.

  1. Al igual que Usted, y sin duda alguna, considero que las personas alcohólicas son “victimas de la sociedad, o cuando menos adolecen de una enfermedad multifactorial”. Es esa la visión con que trabaja el Centro de Recuperación Alcohólica, CENAR, del TAI, en un esfuerzo por rehabilitar a nuestros hermanos, sabiendo que en ellos viven sueños y anhelos legítimos, cuyo desarrollo ha sido limitado por la incomprensión e hipocresía de una sociedad que llama a los alcohólicos de escasos recursos económicos “borrachos”, mientras a los borrachos de “pisto” llama “bebedores sociales”.

Los caminos de Dios, poeta, son inescrutables y muchas veces escabrosos, aun cuando nos guían a la luz de la verdad. Por mi parte, como lo he escrito y reconocido en entrevistas, he conocido la cara triste de quienes, como Usted dice, “no encontramos en qué emplear bien nuestras vidas[2], y una mañana de insoportable frío en el país-espejismo del norte, “como un bálsamo / para las pruebas venideras, / lloré en lo más íngrimo de una esquinita / depositando mi vida en el Único Señor del Universo[3]. Estas declaraciones, han sido motivo para que se me haga víctima también de perjurios y falacias, con el fin único de desprestigiarme. ¿Puedo yo, humilde sirvo de Jesucristo, ser juez de mis hermanos?

  1. Por lo que le he expuesto, me gustaría creer que es obvio que nunca podría tener la intención de irrespetar la literatura universal, en la cual reconozco un hontanar de sabiduría, brotado del pensamiento, el corazón y las manos de los escritores; gracias a los dones de que Jesucristo nos hace merecedores.

Las grandes existencias trágicas, las desgarraduras existenciales, los impasses de la vida, por las que han tenido que transitar tantos creadores, en mi estima los vuelven singulares, con una singularidad que los hace aún más valiosos y admirables; puesto que sobre esas “carencias” (permítame el entrecomillado) se han alzado cual “torres de Dios”, para mostrar al mundo la estulticia y la exclusión de una sociedad que ha pedido el rumbo entre el consumismo y la carencia de espíritu.

En los poco y pobres textos que he publicado, he hecho referencia recurrente a grandes escritores como Borges, Hesse, Dalton, Vallejo, García Márquez, y otros menos conocidos de cosecha nacional. Así mismo, en un libro publicado (“Palabras para nuestro tiempo”), incluí poemas del Manuel de Jesús Ortiz, el “Poeta Campesino”, radicado actualmente en Nicaragua y del poeta de ese país Marvin Chamorro; por cierto, un poeta que también transita, aislado y pobre los caminos que transitó Poe.

Nuestra congregación, también ha brindado en diversos momentos su poco espació en los medios de comunicación, para reconocer la labor de escritores de gran valía, invisibilizados por la intolerancia política, como en el caso de Dagoberto Vega Cea, o la incomprensión social, como en el caso del pintor Jorge “Chojo” García, en ocasión de su fallecimiento en condiciones que no hablan muy bien del aprecio (o desprecio) que nuestra sociedad tiene hacia los artistas.

Esto, Salvador, también ha sido motivo para que mentes mezquinas, a la sombra del anonimato me hayan acusado de pagano e incluso ateo, que en mi caso, como Usted comprenderá, constituye la más tremenda descalificación. Me consuelo, pensando que “¡Cómo no va a sufrir tanta desviación / y degenere esta colita de siglo / si los paradigmas están por el suelo…!”[4]

Bueno, amigo –¿me permite llamarle así?–, estos son algunos puntos que a partir de la reflexión sobre su artículo, he creído importante aclarar, o, por lo menos, poner en su justa intención. Quedan algunas referencias que hace Usted a mi persona, y que según dice son agravantes de mis declaraciones, tales como mi calidad de miembro del Consejo Nacional de Educación, CNE, y mi “imagen” de “pastor aparentemente de sensibilidad social y de amplio criterio humanista”.

Son esos, puntos que no quiero abordar, pues se me hace indecorosa una autodefensa de mí mismo o emprender una polémica que puede dilucidarse mejor a través del conocimiento personal y de la labor que como congregación realizamos… Esperaría sí, que lo dicho me ayudara a poner en Usted la semilla de la confianza, en cuanto a que de mí, pese a mi poca altura intelectual, no espere prejuicios ni fundamentalismos, que muy bien sé cuánto daño han causado a la humanidad.

Al final de un párrafo de su escrito, Usted se pregunta con razón: “¿Do queda –como diría el mester de la cuaderna vía– el cristiano que da la mano a su hermano?”. Si Usted lo considera a bien, reciba de este cristiano preocupado por la realidad de su pueblo, una mano dispuesta a hacer realidad con la mano suya, una profecía de su poética: “Un día en nuestro suelo / será realidad el paraíso / por el cual fueron ofrendados / los niños a la guerra”.

(*) Pastor del Tabernáculo del Avivamiento Internacional (TAI)


[1] Tres mujeres. Salvador Juárez.

[2] Poema de los más bajos fondos. Salvador Juárez.

[3] Recurrencias V. Salvador Juárez.

[4] Drama moderno, in situ. Salvador Juárez.

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