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2010/07/18

Contra Punto-La mala memoria - Noticias de El Salvador - ContraPunto

 Eliseo Alberto.19 de Julio. Tomado de Contra Punto.

MEXICO-La avaricia rompe el saco. La ambición de los políticos poco a poco va renunciando a ilusiones que un día animaron su discurso público hasta que con los años sólo permanece latiendo la codicia del poder (o la miseria del dinero). La fortuna parece ser la meta de la carrera, el despertar de cualquier sueño. Entonces se ciegan. La ceguera les hace pensar que merecen recompensas porque nadie como ellos representa al pueblo, etcétera, a los humildes, etcétera, a los desamparados, etcétera, etcétera... Y entre tantos etcéteras, de paso se quedan sordos. La sordera les impide oír consejos, en especial los de aquellos colaboradores que realmente los aprecian y, avergonzados o impotentes, ven cómo sus líderes se hunden en el pantano de sus propias mezquindades. Esos politiqueros de alambre sólo atienden a los aduladores de siempre, a los obsequiosos que nunca faltan porque es sabido que la vanidad se alimenta de lisonjas.
La terquedad los vacía de ideas. Se repiten —como la aguja de un tocadiscos que no puede saltar el surco rayado del acetato. Se repite. Se repiten. Se repiten.
Este proceso de agotamiento moral se ve con claridad si tenemos infinita paciencia y nos interesamos en ciertos ex candidatos presidenciales de América Latina que han acabado siendo caricaturas de sí mismos, patética metamorfosis que los hizo caer al pozo sin fondo de la decadencia desde la cumbre de la fama. Pienso en dos de ellos que, apenas la semana pasada, se asomaron a las primeras planas de los periódicos y sin pensarlo detenidamente hicieron un par de declaraciones que pusieron en evidencias sus reales apetencias: el oro del poder y el poder del oro. Hay errores que se pagan tan caro que no basta una disculpa pública para enmendarlos. Me refiero al tabasqueño Andrés Manuel López Obrador, ex candidato a la presidencia de México (2006), y la bogotana-francesa Ingrid Betancourt, ex candidata a la presidencia de Colombia (2002).
Andrés Manuel López Obrador se vio obligado a hacer malabares retóricos para decir que no había dicho lo que acababa de decir. Y lo que dijo, sin que le temblara la voz, fue que él se adelantaba en la carrera hacia Los Pinos y tomaba a cuenta y riesgo la estafeta de la izquierda. Ya no necesita consultas ni encuestas de opinión, como supuestamente habían aceptado todos los contendientes, entre ellos el carismático Marcelo Ebrard. Para Andrés Manuel, sin duda, López Obrador es el Presidente Legítimo y por tanto el candidato auténtico de una izquierda cada vez más inoperante. Los demás son candidatos espurios, adulterados. La soberbia lo desquicia. Al tratar de rectificar su metedura de pata, fue al ataque. La emprendió a sablazos contra sus enemigos de la prensa y los medios de comunicación al servicio de los oligarcas, etcétera, los ricos, etcétera, los Salinas, etcétera, etcétera. Ellos malinterpretaron sus palabras. El poder lo obnubila. ¿Ninguno de sus asesores, algunos de gran experiencia en el pugilato de los partidos, se atrevió a recomendarle que así no se hacen las cosas, que así más bien se deshacen? Y la verdad es que AMLO no pudo resistirse. No puede. Esa es su debilidad: quiere ser poderoso.
Ingrid Betancourt y su familia, por su parte, perdieron la brújula en París. La atractiva ex candidata regresó a Colombia, con la excusa de celebrar el segundo aniversario de la Operación Jaque, y aprovechó su estancia en la lluviosa Bogotá para presentar una “acción de conciliación contra el Ministerio de Defensa” que exigía el pago de 13 mil millones de pesos colombianos (casi 7 millones de dólares) por los perjuicios ocasionados durante su largo secuestro, prisionera de los guerrilleros de las FARC. Para justificar su absurda demanda, recordó los seis años, cuatro meses y nueve días que malgastó en una selvática mazmorra de hojarasca y culpó a sus rescatistas de no haberle advertido del peligro que corría aquel 23 de febrero de 2002, cuando la tenaz política decidió ir a un mitin que sus partidarios le habían organizado en San Vicente del Caguán, uno de sus “fortines electorales”. Recordar es volver a mentir.
Ingrid mentía al acomodar los hechos en un pasado remoto, segura de que su supuesta autoridad moral (Premio Príncipe de Asturias) sería irrebatible. El jugoso brillo de la plata la encandiló. Olvidó que esos mismos militares se habían jugado el pellejo en un rescate de película donde, gracias a Dios, se logró la liberación de otros 14 rehenes sin disparar una bala. Un alud de críticas le vino encima, ahora desde las tribunas de Facebook y Twitter. “Me arrepiento de haberlo hecho”, expresó Ingrid a Radio Caracol: “Es doloroso saber que esa fue la impresión que tuvieron los colombianos. Quiero decirles que yo amo a mi patria y que me duele mucho lo que ha sucedido”.
Ingrid y Andrés Manuel tienen mala memoria.
Ingrid se olvidó de Ingrid.
Andrés Manuel también de él.

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