Rodolfo Chang Peña.19 de Julio. Tomado de El Diario de Hoy.
Aún cuando hoy en día existen instituciones y organizaciones con programas especiales, guías de orientación y una profusa divulgación que procuran en conjunto elevar la autoestima de la mujer salvadoreña, el respeto de su dignidad, de su integridad física y moral y la igualdad en deberes y derechos, son inexplicables algunas actitudes de no pocas mujeres, que pareciera se solazan en ubicarse en la corriente opuesta.
Y no me refiero al oficio más antigua del mundo, que por cierto es un asunto muy ajeno al punto que pretendo abordar, me refiero concretamente a la abundancia de liviandades en complicidad con el hombre, soltero o casado, que a diario ocurren por todos lados y en todos los niveles y que naturalmente son inaceptables a la luz de los valores tradicionales.
Los hechos apuntan a que gran parte de los salvadoreños, talvez arriba del 70%, algunos piensan que más, le confieren al "amor físico" una connotación que nada tiene qué ver con el amor de pareja, la creación de un hogar y mucho menos con el cortejo encaminado a la perpetuación de la especie. Le dan categoría de entretenimiento, diversión, herramienta para manipular o acción recreativa con sus dosis de travesura, picardía, disimulo y engaño.
El salvadoreño promedio tiene un comportamiento sexual que es consecuencia de varios siglos de machismo, influenciado en los últimos tiempos por el materialismo consumista y poderosas corrientes que son signos de los tiempos modernos, que tienden al relajamiento en el cumplimiento de los valores y una especie de rebelión a todo lo que huele a marco normativo de antaño.
De ahí que la mujer promedio de la actualidad, al menos en esta materia, es más desinhibida, directa, decidida y la mayor parte de las veces sabe lo que quiere y cómo conseguirlo si encuentra la complicidad de gandules, aprovechados y desvergonzados que los hay en todas partes. Por ejemplo, de todos es sabido que en los centros de educación superior existen alumnas que tienen más que un verbo con algunos profesores rockambolescos, con el propósito de aprobar una asignatura o evadir alguna actividad que implica esfuerzo. También no son infrecuentes aquellas que a cambio del pago de la colegiatura y los libros, "visitan" una vez por semana a alguien, soltero o casado, supuestamente respetable. La figura social es tan común en ciertos círculos que las primeras son conocidas como "becarias".
Probablemente más corriente es la fémina que se vale de su juventud y buena figura para agenciarse un puesto de trabajo, desplazando por supuesto a las más veteranas y experimentadas. En esta línea de ideas son de sobra conocidas las empleadas que utilizan los encuentros furtivos como "méritos" para ascender en la estructura organizacional de una empresa o institución. Tan frecuente es el hecho en el medio salvadoreño que algunos encargados de los Recursos Humanos, en contubernio con las interesadas, lo consideran como una forma de competitividad.
En los tiempos modernos ya no sorprende la actitud de ciertas mujeres de comportamiento independiente, que se desenvuelven en diversos campos, que defienden su derecho de "entenderse" con el hombre que les agrada, sin ninguna intencionalidad de formar hogar o tener familia.
Hace aproximadamente medio siglo, el comportamiento femenino era más fácil de ubicar, y el hombre promedio que por cierto no se queda atrás en la practica de los antivalores, se equivocaba menos. Ahora ante un panorama muy amplio, diluido e impreciso, mucha mujeres pagan patos que no deben y a su vez muchos hombres caen fácil en el cortejo impertinente y acoso sexual.
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