Entregando alimentos y ropa durante esta semana pasada, una señora de la comunidad beneficiada me comentaba que quienes estaban reunidos allí no necesariamente eran los afectados por la tormenta tropical Ida, sino porque los había convocado la directiva y les habían dicho que les repartirían víveres...
Escrito por Kalena de Velado.Domingo 15 de Noviembre. Tomado de La Prensa Grafica.
No supe qué decir, pero mi rostro sorprendido dijo más que mil palabras a la mujer, quien sonrojada y avergonzada agregó: “Recibiré la ropa y suministros y luego los llevaré a otros que lo necesiten más que yo...” Quiero pensar que este grupo fue un caso aislado y que los salvadoreños nos uniremos en abrazo fraternal, independientemente de banderas políticas, religiosas, o de origen socioeconómico o educativo, para atender a los afectados verdaderos y que dirigiremos nuestras acciones por medio de principios éticos, renunciando a la condición del “vivo o listo”, que se siente orgulloso de mentir y de aprovecharse del esfuerzo de los demás. Las crisis son oportunidades de sacar lo mejor o lo peor de cada cual. Será necesario que los actores políticos, sociales y empresariales continúen con la solidaridad de acompañar y compartir la experiencia adquirida y acumulada en manejo de emergencias durante el último terremoto y en ocasión de los huracanes de años anteriores. Por otro lado, los funcionarios de la administración del presidente Funes tienen el reto de dejarse ayudar por quienes ofrecen apoyo de forma desinteresada. Solamente juntos y unidos podremos enfrentar eficientemente el aprieto nacional, sin mentiras ni descalificaciones a priori.
Si no encontramos razones para confiar en los demás, tampoco las encontraremos para confiar en nosotros mismos. En cambio, si confiamos que podemos ser mejores humanos, ciudadanos correctos, personas virtuosas o llenas de valores activos, entonces la “esperanza de conseguirlo nos dará alas para hacer el esfuerzo...” (Speamann). El que confía se arriesga, pero consigue ser más feliz, efectivo e incluyente.
La idea no es confiar en quien busca un interés egoísta, sino en aquel o aquella que sabemos por experiencia que tiene el hábito o el carácter afianzado de mirar siempre por los intereses de los demás. ¿Confianza en el adversario político, en los hijos, o los maestros, alumnos, el jefe o subalternos, entre cónyuges, entre los colegas empresarios, periodistas, etc.? Creo que no hay otra opción sino confiar porque es obvio que nadie es completamente dueño de su destino ni tiene autonomía absoluta. Si la ciudadanía y los políticos quieren de verdad crearse espacios libres en donde poder ejercer su autodeterminación y autoafirmación deben apoyarse en la cooperación. Ejemplos: Requerimos de la compañía de electricidad para volver a restablecer el servicio de luz del negocio o casa; del maestro que enseñe la lección a mi hijo con entusiasmo y excelencia; del compañero de trabajo para que nos dé la información verdadera; del colaborador que hará su mejor esfuerzo en la venta de productos al precio justo, etc. Por lo anterior, no es extraño que temas como la confianza y la transparencia fueran recurrentes en la conferencia “Ética en Democracia”, organizada por la Embajada de Canadá, FUNDE, USAID, CRÉUM entre otros, como un aporte a la gobernabilidad de El Salvador. Confiar es “esperar con un alto grado de seguridad que el otro no persigue sus intereses de modo deshonesto a costa de mis intereses o de los intereses de otros”.
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