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2010/11/08

LPG-Editorial-La disciplina del gasto debe verse en perspectiva

 Para salir de veras del círculo vicioso de la crisis, y evitar que ésta se reproduzca, hay que asumir una nueva cultura que privilegie el ahorro, la disciplina de vida, la inversión responsable y la racionalidad de las expectativas.

Escrito por Editorial.08 de Noviembre. Tomado de La Prensa Gráfica.

 

Necesidades tanto sociales como institucionales hay en el país a granel y cada vez con más apremios, y eso mismo debería ser el acicate principal para organizar el gasto público de una manera muy inteligente y muy eficiente. Uno de los problemas de manejo que más preocupan es la persistente ligereza con que se acude al endeudamiento para resolver apremios del gasto corriente o para hacer inversiones que están marcadas por el sello de la ansiedad política. En cualquier circunstancia, y ya no se diga cuando las condiciones son más complejas y riesgosas, como es el caso actual, en el país y en el mundo, habría que tener muy presente aquella frase que dijera Abraham Lincoln, y que simplemente recoge una verdad incuestionable de la experiencia de siempre: “Nadie puede estar tranquilo si gasta más de lo que gana”. Y esto, desde luego, también es aplicable a las sociedades y a las naciones.

La estrepitosa crisis que detonó globalmente en 2008, y de la que todavía están vivos casi todos los efectos, fue producto, en gran medida, de haber dejado de lado ese consejo básico. Las sociedades prósperas imaginaron que la prosperidad era una conquista inmutable, y de ahí vino toda esa fantasiosa irresponsabilidad del crédito alegre y del gasto sin previsión, cuyas consecuencias se ven en las personas, en las familias, en las organizaciones y en los países. Para salir de veras del círculo vicioso de la crisis, y evitar que ésta se reproduzca, hay que asumir una nueva cultura que privilegie el ahorro, la disciplina de vida, la inversión responsable y la racionalidad de las expectativas.

Estancados como estamos en lo tocante al desarrollo humano, según resulta del más reciente Índice que elabora y presenta cada año el PNUD, es evidente que hay que poner mucho empeño, mucha planificación y muchos recursos en función del mismo; pero esto no se puede ni se debe hacer con un enfoque fundamentalmente inmediatista. Aquí tenemos que señalar el constante forcejeo entre dos calendarios que siempre están presentes, en pugna por imponerse: el calendario político y el calendario de la realidad.

Aquél tiene plazos de caducidad determinados por los tiempos de gestión gubernamental; éste se rige por la dinámica de los fenómenos reales, que dependen de los movimientos del proceso evolutivo. Y como los tomadores de decisiones políticas, sobre todo en un régimen eminentemente presidencialista como el nuestro, están siempre enfrascados en su propio calendario, se hace sentir la tentación de actuar conforme a un criterio que podría graficarse en aquella frase tradicional: “Después de mí, el diluvio”.

Estamos, en verdad, cada vez más necesitados de una verdadera disciplina del gasto, acompañada de un mecanismo responsable sobre el endeudamiento. Porque hay que sumar un elemento de juicio más, y de suma trascendencia: al endeudarse hay que ir dejando los debidos márgenes para que haya posibilidad de endeudamiento futuro, como una especie de respeto elemental dentro de la sana progresión democrática. En este punto debe tenerse, pues, muy en cuenta el calendario de la realidad, que nos pertenece a todos.

Toda esta es una temática que debería estar en el centro del análisis nacional, porque si en algo se requiere claridad y orden es en asuntos tan vitales como éste.

La disciplina del gasto debe verse en perspectiva

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