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2010/11/28

LPG-Amor y ciencia al servicio del corazón

 Escrito por Ernesto Rivas Gallont.28 de Noviembre. Tomado de La Prensa Gráfica.

 netorivas@gmail.com

El título de este artículo es el lema del Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez, de México, de donde regresé el miércoles pasado, después de someterme a un cateterismo muy complejo para limpiarme las arterias coronarias que estaban calcificadas en extremo peligroso. La intervención estuvo a cargo del Dr. Jorge Gaspar, jefe del departamento de hemodinámica del prestigioso centro hospitalario y de cinco médicos que están allí haciendo su postgrado en la especialidad, dos de ellos salvadoreños.

En mi columna del próximo domingo hablaré más sobre el INC Ignacio Chávez, pero esta vez, con el permiso de ustedes, deseo dedicarla a ese lema que describe fielmente lo que el Dr. Ignacio Chávez construyó con su trabajo y su devoción a la medicina y a sus pacientes afectados por dolencias coronarias.

La intervención a la que me sometí fue la quinta similar; las cuatro anteriores aquí en El Salvador y esta allá en México, en el INC, pues aquí no hay ni el equipo ni la tecnología para efectuarla. Bendigo el momento en que gracias a Julio, mi hermano, y amigos médicos graduados del INC, entre ellos el Dr. Ricardo Suárez Arana, quien fue compañero del que hoy es director del INC el Dr. Marco Hernández Ríos, quien autorizó mi admisión al hospital.

Por cierto, me dice el Dr. Suárez Arana, que el 75% de los cardiólogos salvadoreños ha estudiado en el INC y son fieles a sus principios.

El INC es un hospital-escuela nacional dedicado a la cardiología. Los pacientes que allí se atienden son en su inmensa mayoría indigentes mejicanos, pero excepcionalmente recibe a un número muy limitado de pacientes que pueden pagar su atención médica, aunque su costo sea modesto, si la comparamos a un hospital extranjero, digamos de Estados Unidos, o aun de hospitales en El Salvador.

El INC es reconocido universalmente como uno de los mejores y eso no es casualidad. Su fama se debe a dos factores: el primero la calidad y profesionalismo de los médicos que allí trabajan y el segundo a la calidad humana, no solo de los médicos, sino que de todo el o la que allí trabaja, desde el director hasta el personal de limpieza que llega todos los días a asear las habitaciones.

Comienzo por el personal de enfermería. Se presentan con una gran sonrisa en los labios (cosa que aquí es muy raro ver) y te saludan: “Buenos días (tardes o noches), don Ernesto o señor Rivas Gallont, soy Gloria, Isabel, Guadalupe o lo que sea, (pero ninguna ‘licenciada’) y estoy para servirle. Lo que usted necesite, aquí está el timbre, llámeme”. Su atención es esmerada y profesional, pero sobre todo tratan de hacerte la vida más soportable.

Tonto que soy, esperaba que el Dr. Gaspar, en cuyas manos estaría mi caso, hubiera llegado a mi habitación inmediatamente después de mi ingreso. Olvidaba que el Dr. Gaspar es el jefe del departamento de hemodinámica de un hospital que hace cerca de 800 cateterismos mensuales y que tenía otros asuntos más importantes que el mío que atender.

Por fin, después de dos días de preparación, llegó a verme. El Dr. Gaspar es una de aquellas personas que al no más verlas, cae bien y cuando dicen las primeras palabras, uno siente la seguridad que está ante una persona de inteligencia superior, de gran carisma y humanismo. No en balde ocupa el cargo que tiene.

Hicimos buenas migas desde el principio y esa cordialidad y profesionalismo se manifestó en todo momento, por supuesto principalmente, a la hora de mi intervención.

Razones de espacio limitan todo lo que tengo que decir sobre el INC y su gente, pero puede leer más al respecto hoy en mi blog: http://blog.netorivas.net, se los recomiendo.

Amor y ciencia al servicio del corazón

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