El grave caso recién señalado de la cacería y saqueo del parque nacional El Imposible parece cada vez más complejo y preocupante. La facilidad, intensidad y frecuencia de estas acciones sugieren claramente algún tipo de permisividad o tolerancia. Y esto a su vez pone en seria tela de juicio a los responsables de su custodio.
Escrito por Francisco Serrano.10 de Noviembre. Tomado de La Prensa Gráfica.
Particularmente contradictorio es el “acuartelamiento” de la PNC ambiental asignado al parque precisamente para su custodio, ya que al tenerlos como “porteros” cuidando el puesto de entrada (¡con un televisor para que no se aburran!) parecería estarse desaprovechando con lujo inaudito al personal mejor calificado para custodiar al parque. Pues se trata de profesionales no solamente adecuadamente armados, sino que también bien entrenados para utilizarlos y enfrentar situaciones difíciles –algo que contrasta con la mayoría de los guardaparques, que adolecen de armas y, en muchos casos, la capacidad de usarlas bien– como evidencian ya varios guardaparques y aún policías heridos al tratar de detener a cazadores en El Imposible. Sugerencias de cambiar esto en el pasado han recibido un silencio profundo, al igual que las denuncias aludidas anteriormente.
Al investigar el papel que juegan los guardaparques en la parte occidental de El Imposible, surge un enigma aún más extraño. Pues varios de los pocos guardaparques disponibles en esa zona han sido consignados a cuidar a un casco viejo y bastante decrépito... ¡que adolece de valor histórico o cultural alguno! En turnos de dos días y dos noches, los vigilantes deben permanecer en dicho casco, dejando totalmente desprotegidas grandes porciones del parque al sur de dicho lugar.
Este casco era cuidado anteriormente por un ex guardaparque y su familia que allí residían desde hacía tres décadas. Gratis. Incluso, cuando los trasladaron a San Francisco Menéndez hace un par de años, el “abandono” del casco no pareció causar mayor preocupación. Al centralizar allí este año personal tan crítico para el custodio del bosque y de su fauna, el impacto fue notable e inmediato. Pues una fauna acostumbrada al cuido y mimo de la vigilancia muy pronto se convirtió en presa fácil y codiciable para quienes querían cosechar ilegalmente dicho patrimonio nacional. Sobre todo si ya eran expertos en hacerlo.
El silencio de la ONG responsable por convenio de su protección no puede más que generar cada vez más desconcierto y preocupación. Sin duda, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales ya está revisando este caso y sus antecedentes, y realizando investigaciones muy cuidadosas, auxiliado por profesionales competentes de las otras autoridades correspondientes. Pues no se trata de llegar a conclusiones precipitadas ni mucho menos de accionar sin bases adecuadas. Pero la facilidad con que se han dado estos hechos y la forma igualmente fácil con que [supuestamente] han pasado desapercibidos ya no es congruente con nuestra precaria realidad.
De por sí, nuestros parques nacionales son aún excesivamente pequeños y de configuración inapropiada para brindar mayor seguridad de largo plazo a nuestra fauna más espectacular, grande e interesante. Cusucos, venados, cotuzas, gatos de monte, tecolotes podrán existir por doquier, pero pajuiles, pavas, águilas crestadas, gavilanes blancos, burgadoras, cuches de monte, y la tanta fauna adicional ya restringida a El Imposible solo tienen una opción: este parque. Deberá aclararse públicamente las medidas a tomarse para parar y revertir los daños de estos abusos que tan duramente golpean la confianza nacional. E implementarlas de inmediato.
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