Modificar la percepción de inseguridad que existe en el país requiere cambiar la realidad de violencia e impunidad que padecemos los salvadoreños; no hay otro camino
Ricardo Chacón.07 de Noviembre,. Tomado de El Diario de Hoy.
Es un error craso pensar que los medios de comunicación, entendidos en su conjunto y como instituciones culturales fundamentales en la sociedad moderna, crean o modifican sustancialmente las percepciones de la realidad; los que lo creen así, que no son pocos, poseen una visión que sobredimensiona a los medios y les asignan un "poder casi absoluto".
En todo caso, los medios de comunicación tienen una capacidad de influir, incluso modificar visiones de la población (y en este caso construir percepciones). Lo hacen cuando se entremezclan con otras instancias propias de la sociedad y que van desde las prácticas cotidianas hasta las construcciones culturales y la labor de otras instituciones, que conforman el amplio entretejido social configurado por la política, la iglesia, el comercio, la familia, la educación, entre otras.
Me explico y lo quiero hacer ver con un par ejemplos: la percepción de violencia y de inseguridad que padece El Salvador no nace ni es producto de la cobertura diaria que hace la prensa escrita, la televisión y la radio sobre los hechos de sangre; es mucho más complejo. Esto es igual a los políticos que atribuyen la "mala imagen" que tiene la población sobre ellos a los medios de comunicación, que "sólo publicitan lo negativo de sus gestiones".
Es equivocado creer que la percepción de violencia que hay en el país se modificará con campañas de publicidad o una "buena prensa", que haga o permita coberturas noticiosas positivas. ¡Qué error y qué horror!
En primer lugar, los medios de comunicación tienen la función esencial de informar, y con ello, brindar los elementos de juicio a la sociedad para que pueda juzgar la realidad; esto implica (según los clásicos) la labor de control social, educación y diversión.
Sin duda alguna, y esto es un segundo punto, en este proceso de información se generan visiones particulares de los hechos, pero que se configuran en la imaginación de la gente junto con otras realidades, incluso mucho más importantes como lo es la misma experiencia que surge de la vida cotidiana.
El Salvador es uno de los países más inseguros y violentos de América, y se mide por el alto índice de homicidios (hoy hemos bajado a once diarios, ¡qué alentador!), sin embargo esto es sólo una gota dentro del mar, como el hecho de que cada ciudadano que se sube a un bus tiene que quitarse su reloj o la cadena para que no se los roben; no sale en la noche porque puede ser víctima de los delincuentes; en la colonia o barrio hay zozobra por las maras; los vecinos son incapaces de resolver sus diferencias de manera racional y se impone la fuerza. Por si esto fuera poco, la impunidad reina y los hechos criminales o no son investigados o la justicia no actúa.
Todo este conjunto de situaciones y acontecimientos, más otros más que tienen que ver con problemas estructurales, son los que generan no sólo la percepción sino también la realidad de violencia e inseguridad que rodean a la gente.
En este sentido, revertir esta tendencia requiere de medidas audaces que parten no del papel y la función de los medios de comunicación, sino de las autoridades pertinentes, quienes junto a otros sectores de la vida nacional, bajo una estrategia integral y a mediano plazo, deben hacer un país más seguro.
Me parece que las autoridades de seguridad tienen intención de echar andar esta dinámica y lo demuestran con la presencia del Ejército, con mayor decisión, enfrentando con seriedad a las maras, cercando los penales y dejando aquel discurso nocivo y romántico de una oposición irresponsable. Esperemos resultados.
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