TEMA DEL MOMENTO Toca ahora esperar la reacción de un Presidente que si bien ha sufrido una derrota, tiene el talante para lograr consensos
Luis Mario Rodríguez R. 07 de Noviembre,. Tomado de El Diario de Hoy.
No hubo sorpresas. El Presidente Obama perdió el control de la Cámara de Representantes y estuvo a punto de perder el control del Senado. Los Republicanos recuperaron las gobernaciones de varios Estados e inyectaron un entusiasmo perdido en la clase media norteamericana. Contra la derrota electoral no pudieron ni los discursos del Presidente, ni su presencia en los diferentes Estados, principalmente aquellos de corte demócrata, ni mucho menos la "raja política" que pudo haberse exprimido de temas como el de la reforma de salud o la excesiva regulación al sistema financiero.
Las primeras reacciones del gobernante norteamericano merecen un destacado reconocimiento: asumió toda la responsabilidad por la desilusión de los que le apoyaron para cuando su candidatura presidencial, e inmediatamente llamó a un diálogo con la nueva fuerza mayoritaria en el Congreso.
Los que seguimos de cerca los eventos electorales en los diferentes países, nos deleitamos con los discursos de campaña de Barack Obama. Sus palabras conectaron de inmediato con las aspiraciones de cambio de los estadounidenses. Los sentimientos vibraban y la esperanza deambulaba por cada uno de los escenarios en los que el entonces candidato pronunciaba sus mensajes. Estados Unidos intuyó que venían nuevos tiempos. Por fin un afroamericano a la presidencia de la máxima potencia mundial.
Los sueños de Rosa Parks, aquella modista negra que en los años cincuenta se negó a dar su asiento en el autobús a un pasajero blanco, porque no estaba de acuerdo con la segregación a la que estaban sometidos las gentes de color que tenían prohibido el acceso a piscinas, escuelas, restaurantes y un gran número de servicios públicos exclusivos para los blancos, se veían materializados en un hombre que humanizaba a la política y representaba un giro en la capital del poder, Washington.
Obama ganó con una holgada ventaja respecto de su contendiente más cercano, el republicano John MacCain. El reconocimiento de este último afirmando que ahora "su Presidente" era Barack Obama, puso la cereza que faltaba a un pastel que durante la campaña representó la fiesta en un país que nuevamente demostraba al mundo su capacidad de reinventarse y adaptarse a los nuevos tiempos. La reforma de salud, la política de inmigración, Guantánamo y la guerra en Iraq, fueron sólo unos de los cuantos temas polémicos en los que se esperaban cambios trascendentales aunque no traumáticos, porque precisamente ese es el factor que distingue a los norteamericanos de nuestros incipientes sistemas democráticos. A la presidencia en los Estados Unidos, llegue un demócrata o un republicano, no se le utiliza para poner en riesgo el sistema, ni mucho menos para desarrollar proyectos políticos personales. El proyecto del Presidente debe ser uno que represente el proyecto de todos los ciudadanos.
Sin embargo, dos años después, en las elecciones de medio período, los electores parecen estar desencantados. La crisis financiera pasó su factura y lo habría hecho con cualquier gobierno, republicano o demócrata, porque sus efectos fueron y siguen siendo tan devastadores para la economía familiar, que las consecuencias eran incontenibles. Zapatero lo está viviendo en España y Nicolas Sarkozy en Francia. Pero a esta "variable independiente" hay que sumar otras que sí podrían haber sido controladas por el Presidente de los Estados Unidos. Los componentes de la reforma educativa parecen no haber sido del agrado de muchos. De intervencionista la calificaron algunos analistas. Uno de los niveles de dicha reforma pretende que 55,000 padres primerizos de familia reciban "visitas periódicas de enfermeras capacitadas para ayudarlos a asegurarse de que sus hijos estén saludables y para prepararlos para la escuela y la vida…". Como si no fueran suficientes las limitaciones que ya tienen los padres para la corrección de los hijos, ahora serán otros los que les digan cómo educarlos.
La cultura política de los americanos, esa que se refiere a las creencias, a los valores, a los sentimientos, y también a los conocimientos referidos a la política por parte de los ciudadanos, orientó el voto de castigo hacia un gobierno, que si bien generó esperanza en sus orígenes, la desgastó por completo conforme fueron pasando los meses. Los norteamericanos no siguieron juzgando a su Presidente por lo que decía. Una vez electo lo empezaron a valorar y enjuiciar por lo que hacía. Obama señaló los "egoísmos del empresariado", la necesidad de respetar la "diversidad" y la "libertad" de las mujeres para decidir tener o no un hijo; se refirió en cantidad de ocasiones a los inmigrantes y a sus derechos, pero no logró la tan esperada reforma migratoria. Sin embargo, una vez electo, las palabras no fueron suficientes para que el electorado le fuera fiel en las pasadas elecciones.
El "yes we can" que Obama logró inyectar en los corazones de los americanos y en los de aquellos que le escuchamos atentamente en el 2008, no se tradujo en obras concretas. Toca ahora esperar la reacción de un Presidente que si bien ha sufrido una derrota, tiene el talante para lograr consensos, construir de nuevo las bases de sustento que le llevaron al poder, y elaborar un programa de acciones, ahora sí, con el concurso de liberales y conservadores.
elsalvador.com :.: Entendiendo los resultados electorales de EE. UU.
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