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2010/11/06

EDH-El calvario de la libertad

 Carlos Mayora Re.06 de Noviembre. Tomado de El Diario de Hoy.

Dos convencimientos fundaron dos sociedades: la certeza de la igualdad de todos los hombres dio pie al socialismo, y el convencimiento de su desigualdad a las sociedades estratificadas. En el Siglo XX se llegó al máximo desarrollo de ambas: por un lado el fascismo y por otro las sociedades comunistas… con iguales y nefastas consecuencias.

Por un lado, la certeza de que la desigualdad entre las personas justifica la restricción de la libertad a los menos aptos, engendró la aventura fascista. Mientras, por el otro, el convencimiento de que la igualdad obliga a vetar cualquier manifestación de libertad (Lenin: "libertad ¿para qué?"), creó las sociedades comunistas.

Los extremos se tocan y así, partiendo de concepciones opuestas se llegó a lo mismo: la consagración del Estado, y la necesidad de un líder, o un partido, que vele por los ciudadanos. El individuo se entiende sólo en función de la sociedad: todo dentro del Estado, nada fuera de él, los intereses individuales como enemigos de la Revolución y del Estado.

Después de los millones de muertos de la Segunda Guerra Mundial, que enfrentó a todos contra todos con la saña que en la antigüedad tuvieron las guerras de religión, los fascismos fueron perdiendo atractivo, y murieron junto con sus líderes; mientras los colectivismos fueron cobrando fuerza con el aliento y participación activa de las ideas marxista-leninistas, esparcidas por el mundo por el trabajo de los intelectuales europeos y la violencia revolucionaria.

Hasta que llegó 1968 y el aplastamiento de las ideas por medio de los tanques, la sublevación de los estudiantes universitarios, Sartre y la angustia de una vida sin sentido, de una existencia vacía de realidad: fue el triunfo del nihilismo, que ya no postula la libertad como enemiga o constructora de la sociedad, sino como absurda atadura que constriñe la actuación de las personas.

Vino la revolución más radical: la utopía de la libertad sin condicionamientos. El arte se separa de la belleza. La moral se desvincula del bien. La política se aleja de la ética. El conocimiento se desmarca de la verdad. La religión se libera de Dios… y el hombre se niega a sí mismo renegando su condición de dependencia de otro que no sea él mismo.

Es la vida loca. Radicalmente dislocada, deschavetada, sin sujeción ni más señor que el gusto y el capricho para vivir el momento. La independencia de la ley más fundamental: la "tiranía" de la verdad.

Sin embargo, capitalismo y socialismo, realismo e idealismo, revolución y tradición, liberalismo y conservadurismo, ateísmo y religión, y cualquier pareja de conceptos que puedan ayudar a comprender de algún modo la importancia de la libertad, sigue influyendo en las ideas y comportamientos de las personas y las sociedades.

Mientras tanto, seguimos cayendo en la tentación de los extremos: bamboleamos desde el capitalismo desbocado (exaltación de la libertad individual), al socialismo del Siglo XXI (represión de la misma como enemiga del Estado); continuamos dando rienda suelta a las ilusiones de una libertad sin condicionamientos y sufrimos las consecuencias sociales de los excesos personales.

Unos atribuyen a Bolívar, otros a Santos Calderón, haber dicho a sus compatriotas "las armas os darán la independencia, las leyes os darán la libertad"… Sea quien haya sido, la frase tiene mucho contenido, y a la luz del bicentenario de nuestra primera proclama de independencia, vienen bien estas breves reflexiones sobre la libertad.

Tenemos que recuperar, primero personalmente y luego colectivamente, esas dos columnas que sostienen a las sociedades: la libertad y la verdad. Basamentos que se reclaman, se potencian y se fecundan recíprocamente, y sin las cuales cualquier independencia es una forma más de tiranía.

elsalvador.com :.: El calvario de la libertad

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