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2009/11/17

¿Reconstrucción sin la cultura local?

Escrito por Armando Salazar. Martes 17 de Noviembre. Tomado de Contra Punto.

De lo que hablamos es que las soluciones permanentes sean producto de los espacios futuros de convivencia e interrelación que tendrá esa población

SAN SALVADOR - Viene la reconstrucción de las zonas devastadas por las lluvias de Noviembre de 2009. Es tarea del gobierno dirigir la emergencia, desde las evacuaciones, exploraciones hasta la coordinación de las soluciones provisionales para miles de familias afectadas por la vulnerabilidad que consume a este país.

Las soluciones de emergencia y permanentes deben de sintetizar, en corto tiempo y espacio, el conocimiento transversal de las zonas afectadas. Complicado, sí. No es poco el incrementado número de muertos y el desastre humano que asoma.

Queremos plantear solo “dos que tres” interrogantes, antes del diseño de planes, proyectos y programas: ¿Será educativa y normativa para el país la reconstrucción, es decir, con el gobierno actual?  ¿Fortalecerá el desarrollo humano esta reconstrucción? ¿Cómo asume y determina la Secretaría de Cultura esta emergencia y reconstrucción en los planes del gobierno?

Esta última pregunta pública, no es antojadiza.

Las instituciones públicas se han dispuesto a ejecutar acciones de emergencia. El gobierno, con el aval legislativo, ha razonado la atención de las emergencias para recolocar fondos de un plan anti-crisis, y así derivarlos a la contingencia sistémica a la que asistimos. Es correcto y no había alternativa.

Sin embargo, ¿Cómo cree el actual gobierno hacer frente a la reconstrucción, si no interpreta y corresponde con sabiduría e intercambio social, a ese conflictivo asunto llamado “la cultura” de “la gente”?

¿Cómo “acoplar” la intervención de las soluciones permanentes con la cultura que territorialmente está arraigada o establecida?

Es la primera oportunidad (por las lecturas de la realidad) del gobierno central de construir soluciones participativas, consensuadas, normativas, relacionales y físicas, que surjan de las prácticas culturales e intereses legítimos de la población afectada y que precisa certidumbres de vida y futuro.

De lo que hablamos es que las soluciones permanentes sean producto de los espacios futuros de convivencia e interrelación que tendrá esa población. Hay que trabajar para que el columpio y las bancas del parque, ya no estén en la ruta de próxima correntada ni del próximo terremoto.

Esa interrelación es “cultura” real, donde asumirá vida la extensa y espesa trama de prácticas sociales y culturales, diversas y coexistentes, producciones y reproducciones de sentidos, de símbolos, creencias, percepciones, hábitos, costumbres, rutinas; formas de apropiación de recursos, usos del universo discursivo y cultural, formas de emitir y de percibir; formas de relacionarse y diferenciarse en el contexto social y medioambiental, de negociar y acordar en la vida cotidiana, formas y recursos de trabajo, de agrupamiento, de organización, etc.

El gobierno debe entender (entendemos que es entendido) que tiene que establecer una negociación local para esos proyectos o planes de reconstrucción. Buena parte de esa negociación tendrá que establecerse en el mapa de los significados que la población afectada tiene, aún con sus anteriores costumbres, rutinas, actividades sociales, económicas, etc.

Sería torpe (porque persiste) la creencia institucional de que las cosas se resolverán de forma unidireccional, impositiva, porque el solo análisis técnico así lo recomienda. Ojo al piojo, como decía un amigo del Sur.

Ya aprendimos que “el otro” está del otro lado. Lo técnico no necesariamente proporciona legitimidad y credibilidad. El gobierno porta la capacidad de relación directa, pero habría que ver si ésta se integra asentadamente con las tramas cotidianas, las relaciones y prácticas sociales que dichas poblaciones afectadas sostenían.

Previo otorgamiento de recursos adecuados, el recién nombrado Consejo Nacional de Descentralización y las Alcaldías Municipales están obligados a asumir dirección en este asunto. No es posible que los técnicos e instituciones “centralizadas” o en supeditaciones a formularios de cooperación internacional, determinen y estén por encima y de por vida en la zona afectada y dictando los requerimientos o procedimientos a seguir.

La población debe tener voz y voto en las soluciones, desde el inicio del diagnóstico, sin trampas o pasos nocturnos “especializados”, donde precisamente se puede disfrazar el autoritarismo oneroso de la técnica, el “conocimiento” y la omisión deliberada para no registrar el llamado “poder predial” de las zonas.

Ojalá que la reconstrucción no reproduzca las viejas formas de relacionarse, viejas formas de intervención estatal, privada o no gubernamental. “El otro”, el que perdió familia “entera o a pedazos”, casa y sus espacios cotidianos de relación social, tiene algo que decir. La cultura local, donde las rocas y el desborde del agua y lodo crearon irrupción a la frágil certidumbre, apela a tener mucha voz… y voto, sin intermediarios.

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