Dentro del concepto de “dinámica política” no solo incluimos los reacomodos que se han dado en los últimos días a raíz de la fuga de doce diputados del cerco arenero.
Escrito por Juan Héctor Vidal. Lunes 09 de Noviembre. Tomado de La Prensa Grafica.
Importante como puede ser este acontecimiento en la correlación de fuerzas en la Asamblea Legislativa, lo que hay que poner en perspectiva son las implicaciones que esa mera fractura tiene en el quehacer económico nacional. En este contexto, el presupuesto gubernamental adquiere matices extraordinarios, especialmente si, como se supone, su financiamiento puede provocar un conflicto con la empresa privada como ocurrió durante la administración Duarte.
Lo dicho, tiene más implicaciones de lo que aparenta. De hecho, un capricho de los “alzados” puede dar al traste con las posibilidades de entendimiento entre el gobierno y los empresarios, cuyas conversaciones, por lo que ha trascendido, van más allá del tema puramente impositivo.
Para no dar su brazo a torcer y por el contrario dar muestra de “fortaleza, independencia y hasta de solidaridad con los menos afortunados”, pueden meter al país en un problema financiero mucho más agudo del que ya está experimentando. Aún más, pueden tensionar más las relaciones gobierno-empresa privada, aun cuando el propio presidente esté consciente de los límites en que debe moverse para que el país no entre en una crisis de gobernabilidad.
El dilema para los doce tampoco es sencillo. Más allá de su decisión de alejarse del partido que los amamantó, cada vez son más señalados por los supuestos incentivos monetarios que recibieron y cuya probable procedencia horroriza. Y aunque esta no estuviera vinculada con los intentos de gobiernos extranjeros en inmiscuirse en asuntos que solo atañen a los salvadoreños, siempre queda la duda sobre la licitud de su origen, incluyendo los señalamientos de malos manejos de los fondos públicos en la pasada administración.
La primera posibilidad adquiere visos de traición a la patria, mientras que la segunda significa poder a costa de los menos favorecidos. Descartada por un momento la primera, volvemos nuevamente al tema presupuestario.
Si el país está en las condiciones financieras más precarias de los tiempos modernos, es en gran medida por la poca transparencia con que se manejaron los recursos públicos en los últimos años. Cifras del Ministerio de Hacienda indican que como producto de la reforma administrativa y legal de 2004, el gobierno anterior recaudó más de $1,000 millones adicionales en tres años, lo que significa, grosso modo, un incremento del 40% respecto a lo percibido en dicho año.
Si a eso le sumamos el profundo agujero fiscal que dejó el anterior gobierno y el cambio de destino de préstamos –durante la transición– para financiar gasto corriente, ya podemos imaginarnos un escenario en el cual la irresponsabilidad de unos pocos se traduce en un castigo inmerecido para la mayoría.
Lo anterior podía pasar hasta cierto punto desapercibido, si no fuera por los rumores de que detrás de todo este desparpajo está el gobernante anterior. Esta circunstancia complica, desde el punto de vista ético, aceptar incondicionalmente una propuesta no bien razonada del Órgano Ejecutivo en torno a la reforma fiscal. Esto es particularmente cierto en el caso de la empresa privada, aunque esta le haya tolerado muchos excesos al ex presidente.
Si ahora, apoyado “en sus doce”, don Tony hace alianza con el FMLN y con el PCN para mantenerse vigente y terminar de pasearse en sus antiguos patrocinadores, los salvadoreños quedamos enterados del desafío que tenemos para lidiar con la alianza entre los fundamentalistas de la izquierda y los redentores de nuevo cuño de la derecha, a través del “simple” manejo presupuestario. Y si es cierto que en este affaire también está participando el comandante venezolano, lo demás, es lo de menos.
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P. D. ¿Estará El Salvador a punto de convertirse en otra “Ciudad del Este?
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