El Foro Económico Mundial (FEM) recientemente nos ubico en el número 82 en el ranking de competitividad entre un grupo de 139 países, debajo de Panamá (53), Costa Rica (56), Brasil (58) y Guatemala (77), aunque con mejor resultado que Nicaragua (112) y Venezuela (122).
Esto último no debería ser consuelo, sino una advertencia. Pero lo más lamentable del caso es que tan solo hace siete años, en el 2003, estábamos ubicados en el lugar 48, sobre todos los países mencionados arriba. Esta desmejora de competitividad es atribuible a los gobiernos de Tony Saca y de Mauricio Funes, ambos populistas, ambos peleados con los criterios técnicos que sacaron al país adelante en la post-guerra. Dos gobiernos apreciados por sus intenciones pero no por sus logros o resultados medibles. Ambos populares pero incapaces de generar cambio constructivo. Ambos derrochadores en el gasto, imprudentes en el manejo de las finanzas públicas y poco acertados en las prioridades.
El FEM establece “competitividad como el conjunto de instituciones, políticas, y factores que determinan el nivel de productividad en un país” analiza los factores que facilitan el crecimiento económico, con el objeto de identificar obstáculos y mejores prácticas que se puedan convertir en políticas públicas que dinamicen el desarrollo. El gobierno inefectivo y los retrocesos institucionales que hemos vivido en los últimos siete años, han tenido como resultado que la posición comparativa en competitividad del país se desplome 34 posiciones, bajando cinco escalones el último año. El análisis lo hacen extranjeros sin tinte político, por lo que en este caso ni el Presidente Funes ni los funcionarios de su gobierno puede criticar al mensajero ni expresar que es parte de una conspiración en contra de su gobierno o que es una posición “politizada”. En este caso se tienen que tragar la realidad.
Dice el reciente reporte: “La actitud del gobierno hacia los mercados y libertades y la eficiencia de sus operaciones es muy importante; excesiva burocracia, sobre regulación, corrupción, falta de transparencia y credibilidad... imponen costos significativos a los negocios y merman el proceso de desarrollo económico. El manejo adecuado de las finanzas públicas es también crítico para generar confianza en el ambiente de negocios nacional.”
La evaluación del FEM señala las principales cinco razones que le restan competitividad al país, y por ende atractivo para los inversionistas: 1) Criminalidad y robos; 2) Inestabilidad política; 3) Acceso a financiamiento; 4) Burocracia de gobierno ineficiente, y 5) Corrupción. El gobierno actual, en estas áreas, ha caminado como el cangrejo. En lugar de trabajar para brindar las condiciones para que se genere empleo se dedican a quejarse y a pelear con el sector privado mientras el país retrocede y los empresarios buscan sobrevivir.
Aunque pagamos impuestos para que el Estado brinde seguridad, las empresas tienen que contratar seguridad privada y los ciudadanos sufren el precio del crimen personalmente. El crimen solo ha empeorado. En lugar de darle certeza al sector productivo e inversionistas, el FMLN con sus actos y expresiones públicas, solo logra lo contrario. El gasto excesivo, creciente e insostenible, nos tiene endeudados y lleva al país a una inevitable necesidad de incremento de impuestos en el peor momento, mientras la economía está estancada y cuando la confianza en la capacidad del Estado está en el nivel más bajo que podemos recordar. En lugar de preocuparse por agilizar los trámites y facilitar la creación de empleo, restringen la flexibilidad de horarios y se dedican a fomentar sindicatos.
El FMLN y el Presidente Funes, al igual que la mayoría de salvadoreños, deseamos más inversión y más y mejores empleos en el país. Pero para que esto se de, el FMLN y el Presidente deben poner a trabajar nuestros impuestos, reducir la criminalidad, actuar de forma consecuente con la estabilidad política, mantener e invertir en infraestructura, priorizar el gasto del gobierno, y ser más eficientes y transparentes.
De esta forma no tendrán que pedir más inversión en el país. Esta se daría de forma espontánea. Pero lo anterior parece ser mucho pedir al actual gobierno.
Los señores Ministros y Presidente del Banco Central de Reserva (BCR) ojalá, al menos lean con la mente abierta, el reporte del FEM, ya que en el lograrán identificar suficientes razones para reconsiderar sus actitudes, dogmatismos, y esos planes de trabajo que seguimos sin conocer.
:: OBSERVADOR POLÍTICO - www.elsalvador.com :: ¡Cuánto hemos retrocedido!
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