Ricardo Esmahan.09 de Noviembre. Tomado de El Diario de Hoy.
Lo correcto es acordar en consenso cuál es el salario promedio mínimo que se debe pagar cada año. Y este acuerdo debe ser razonable, escuchando los aportes de los sectores involucrados y representados en el Consejo Nacional del Salario Mínimo.
Un elemento a considerar es el peso relativo del costo de mano de obra en los costos totales, atendiendo los diferentes procesos productivos. La productividad y eficiencia del trabajador debe ser estimulada para que la producción se incremente y que por lo menos se mantengan los niveles de rentabilidad.
Un tema de mucha polémica se ha dado sobre el acomodo de la jornada laborar a las realidades productivas y de competencia que en la práctica, con una economía abierta, van más allá de la tradicional jornada laboral de 8 horas.
Deberían ser escuchadas las personas que producen y generan riqueza sobre las limitantes del actual sistema de jornada laboral, quienes señalan que cuando el trabajo a realizar demanda contratar mano de obra por hora, debería considerarse jornadas que sean menores de la jornada de 8 horas al día y se permita flexibilidad para que empleador y trabajador puedan pactar el monto del salario a pagar por hora de trabajo efectivo. Esta posibilidad ha sido rechazada por el gobierno.
Esa limitante en la flexibilidad de la jornada laborar tiene un contexto: el estancamiento en el crecimiento resultante de la crisis económica. Algunos sectores reportan saldos rojos y otros ya lograron un incipiente crecimiento a base de trabajo y sacrificio. La política de salario mínimo debe evitar castigar a estas unidades productivas. No se les puede asignar mayor carga de la que pueden soportar.
Analistas afirman que un aumento al salario mínimo provoca alza al costo de la canasta básica, al crear mayor demanda. Otros argumentan que el alto costo de la canasta básica es la justificación para aumentar el salario mínimo. Pero es claro que entre los principales detonantes del alto costo de vida de las familias están el alza de los precios de los granos básicos, las especulaciones generadas por el inminente aumento al precio del gas propano y al pasaje de bus.
Se debe considerar también que modificar estas políticas puede resultar equivocado si sólo atienden los síntomas de corto plazo y no son sostenibles. Si bien los ingresos tributarios aumentaron en $ 92 millones en el primer semestre del 2010 con respecto al cierre del 2009, este aumento estuvo por debajo de lo programado. Y estos ingresos tributarios se formaron con $60.5 millones de las importaciones de petróleo y de $24.3 millones del impuesto sobre la renta.
Sin embargo al entrar al detalle de la recaudación, por ejemplo, se observa que el pago a cuenta cayó -2.5%, es decir, una reducción en las ventas de $212 millones en el primer semestre, lo que equivale al 1% del PIB. Los salarios sujetos a la retención redujeron su aporte a la recaudación en -2.1%, a nivel de sueldos de planilla, aquí la pregunta es si existen menos empleos. Y el IVA cayó su recaudación en -0.8%. Esta menor recaudación sugiere que la economía no ha crecido en línea con lo esperado.
El hecho evidente de que la economía no está creciendo y que existe un incremento del gasto público, crea preocupación al sector productivo ante anuncios de medidas de gobierno para ganar popularidad. El sector expresó su desacuerdo ante la decisión de aumentar el salario a los empleados públicos, ya que al contexto adverso se suma el hecho de una reducción manifiesta de los índices de productividad de la burocracia y los altos niveles de endeudamiento del gobierno.
elsalvador.com :.: ¿Quiero ganar más? A producir más y con eficiencia
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