Manuel Hinds.05 de Noviembre. Tomado de El Diario de Hoy.
Hay mucha gente que cree que el deterioro del volumen y la calidad de los servicios gubernamentales se debe a la falta de dinero, es decir, que como el gobierno está recibiendo menos ingresos como resultado de la crisis económica, tiene menos recursos que antes y por tanto no puede cubrir los mismos gastos que el gobierno hacía anteriormente.
La gráfica adjunta muestra que este no es el caso. Mientras que los ingresos se endentecían en 2008 y se desplomaban en 2009, los gastos siguieron creciendo a la misma tasa que en los años de bonanza (mostrada por la línea punteada). Es decir, por razones de disponibilidad de recursos, los servicios deberían de ser más, y mejores, que los que el gobierno brindaba en los años anteriores. Pero, además de que la deuda está subiendo, el volumen y la calidad de los servicios públicos van en rápido deterioro.
La gráfica muestra que el deterioro de los ingresos fiscales se detuvo alrededor de diciembre de 2009 y ha comenzado a recuperarse desde entonces. Pero la distancia entre los gastos y los ingresos no ha disminuido. Es decir, el déficit (la necesidad de endeudarse porque los gastos son mayores que los ingresos) ya no está aumentando, pero tampoco está disminuyendo. Esto no es sostenible en el largo plazo porque, mientras exista esta diferencia, el país tiene que endeudarse para poder cubrir el presupuesto. Por supuesto, la deuda podría incrementarse sin problema si la economía estuviera creciendo, aumentando su capacidad de pago. Pero no está creciendo, o lo está haciendo muy poco, y la deuda ya ha llegado a un punto en el que si sigue aumentando se volverá excesiva.
La solución a este problema puede tener tres formas: una, aumentar impuestos; dos, disminuir los gastos, y tres, una combinación de los dos. Europa tiene ahora déficits enormes porque aumentaron sus gastos sociales por encima de lo razonable y porque los gobierno tuvieron que gastar enormes cantidades en salvar sus sistemas financieros en los últimos dos años. Ahora, igual que El Salvador, estos países tienen que decidir en qué forma van a reducir sus déficits y reactivar sus economías para volver a entrar en una trayectoria sostenible de crecimiento. Los países europeos lo haciendo por los dos lados: subiendo los ingresos fiscales pero disminuyendo sus gastos también.
En El Salvador, el gobierno plantea el problema diciendo que tenemos un déficit muy grande y por tanto tenemos que subir los impuestos, sin mencionar que hay otra solución, disminuir gastos, que es más razonable que aumentar los impuestos, porque éstos tienen un impacto depresivo en la economía. Es decir, el gobierno quiere seguir aumentando los gastos y forzar a la ciudadanía a cubrir el exceso de éstos sobre los ingresos.
Un par de estudios recientes han demostrado una vez más que la expansión del gasto público como la que está llevando adelante el gobierno salvadoreño, resulta en una disminución de la tasa de crecimiento de la economía en su conjunto. El primer estudio, El Impacto del Gasto del Gobierno en el Sector Privado, publicado en inglés por David Furceri de la Universidad de Palermo y por Ricardo M. Sousa de la London School of Economics, demuestra, basado en datos de 145 países de 1960 a 2007, que el aumento del gasto del gobierno afecta negativamente el consumo y la inversión privados. Un aumento de un uno por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en los gastos del gobierno reduce el consumo por 1.9 por ciento del PIB y la inversión por 1.8 por ciento del PIB. Es decir, el aumento del gasto del gobierno disminuye la producción total del país.
El otro estudio, publicado también en inglés, llamado: ¿Causan los Políticos Poderosos una Contracción de los Negocios?, tres profesores de Harvard demuestran que los estados de Estados Unidos que experimentan aumentos en los gastos del gobierno federal sufren disminuciones en la inversión y la creación de empleo. Estos efectos se producen porque el gobierno se apropia de recursos que el sector privado usaría para invertir, consumir y generar empleo.
Como en el caso del otro artículo, los autores de este encuentran que esto sucede independientemente de si el gasto se financia con impuestos inmediatos o con deuda que implica que los impuestos tendrán que subirse en el futuro.
Este efecto negativo del aumento del gasto del gobierno es sin duda peor en El Salvador, ya que los nuevos gastos no sólo no aumentan la productividad del país sino que la disminuyen, como se comprueba al ver que el volumen y la calidad de los servicios de gobierno están disminuyendo mientras los gastos aumentan. La enorme ineficiencia que esto demuestra es lo que crea la gran oportunidad fiscal de este gobierno: concentrándose en la eficiencia, puede disminuir los gastos y aún así aumentar el volumen y la calidad de sus servicios.
Pero, para eso el gobierno debe renunciar a la borrachera de gastos improductivos, que lo está consumiendo a él y al pueblo salvadoreño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Comentarios que incluyan ofensas o amenazas no se publicaran.