Juan José Morales.04 de Noviembre. Tomado de Diario Co Latino.
El día termina exhausto para Mama Toña. Guarda su venta y acomoda casi a la fuerza paquetes de papel higiénico, bolsas con aceite vegetal y cajas de cereal. Hace sus cuentas más rápido que un cajero en día de cierre. Le pone candado a un viejo freezer convertido en bodega. Y se va en medio de una calle que comienza a dar indicios de desolación. Atrás quedaron 14 horas de convivencia con el humo, el bullicio, los extorsionistas y los compradores. En los alrededores del Parque Infantil, en pleno centro de San Salvador, ella le expropia a El Salvador parte de su terruño. Es su fértil campiña en plena urbe donde el reordenamiento y la necesitan antagonizan esta historia de proselitismo para unos y de supervivencia para otros.
Como la espuma el rumor se difundió al amanecer. _Viene un desalojo serio, los choriceros y la jura están esperando la orden del tacuazín peinado para actuar, prepárense_, les decía Mama Toña a sus comadres y compadres de oficio allá por la primera semana de mayo de 2010. Ella, con su semblante rígido y desconfiado, alertó sobre el inminente embate _La calle me educó y acá de lo que se trata es de defender lo que hemos construido con nuestro esfuerzo_. Filosofía práctica de la que es considerada por muchos como una caudilla que se las sabe todas de pe_ a pa_. Mientras tanto el volumen de su televisor y la novela le acompañan en un tarde que pasa lenta, como preámbulo a una vigilia donde más que rezos y devocionarios esperan la fuerza y la resistencia.
Un escuadrón improvisado de antimotines del Cuerpo de Agentes Metropolitanos (CAM) está listo. En su estructura este cuerpo policial no tiene ninguna unidad especializada para estos casos. Por lo tanto, para los vendedores se trata de _la umito_, un burdo intento por emular el carácter represivo y articulado que posee la Unidad de Mantenimiento del Orden (UMO) de la Policía Nacional Civil (PNC). _Nos defenderemos y aguantaremos_, les dice una motivada Mama Toña a muchos que ya tienen dispuesto su cuerpo y mente con lo necesario para enfrentar la divisa de los uniformados. De la sede del CAM, en la Calle 5 de Noviembre, cerca de Ciudad Delgado, los agentes parten hacia la alcaldía a recibir las últimas instrucciones en cinco camiones que avanzan a vuelta de llanta, más a modo de estrategia que de temor. El batallón viven un fin de semana anormal ya que han centralizado a todo el personal, suspendido las licencias y todos llevan impuesta doble macana, escudos, cascos, gas lacrimógeno y una sola orden: desalojo y limpia, no ventas, no puestos.
Paredes paralelas tapizadas de DVDs. Dos televisores pasan encendidos 24 horas y más. Comedia, drama, terror, suspenso, acción. Jorge Morán las tiene todas. Sabe que en su película se trata de ganar y de ser como el Robin Hood que le ayuda a todos sin excepción. Pero no obvia que el fantasma del desalojo merodea bajo la luz del sol que rebota sofocante en el deforme pavimento o cuando la noche disfraza y encubre otras intenciones más recalcitrantes.
_Soy hijo de vendedores y mi casa es la Calle Arce, acá o comemos todos o nos morimos de hambre_. Se lee como una sentencia. El prefiere que sea una motivación que evita el conformismo y obliga a no ceder en cualquier lucha. Porque en la esquina de Jorge trabajan 10 personas que se turnan día y noche. Venden, cuidan, se protegen: no pagan vigilancia y ponen ojo de águila ante los espías. La fidelidad les resguarda. En retribución ganan diez dólares todos los días. Más que un salario mínimo. ¿Rentable? Parece que si.
Al adentrarse en las calles del centro de San Salvador puede encontrarse dos grandes universos de vendedores: los tradicionales, que provienen de familias de comerciantes, que conocen la territorialidad del lugar y como se da el juego en sector informal y los ocasionales, que son personas que poco a poco han ido incursionando en la compra-venta de toda clase de productos y que por no tener posibilidades reales de empleo han tomado esta opción de modo temporal o permanente. Tanto Mama Toña como Jorge son del primer grupo y han pasado de las frutas y los cassettes de sus padres a montar pequeños latifundios, donde hoy reinan artículos básicos y de primera necesidad y los últimos éxitos de la cinematografía.
-¿Está de acuerdo con los desalojos forzosos Jorge?
-¿Desalojos? Estos no son desalojos, son limpias, Norman Quijano así lo dijo: quiere separar al vendedor del ciudadano, eso es exclusión, ¡que tipo más inepto e incapaz!
-¿Mala administración?
-Quijano puede ser odontólogo, puede quitar muelas del juicio, pero de gobernar una alcaldía no sabe nada. Sino recuerde lo que pasó aquella vez.
La noche ha llegado. En el ambiente se respira un clima como de aquellas tensas calmas que presagian un caos que rompe el orden. Pasan las siete_ocho_nueve_ y contando. De presto, bajo una pasarela poco transitada sobre la Alameda Juan Pablo II, los vecinos vendedores del antiguo Campo Marte se reúnen, casi de emergencia. Mama Toña le balbucea a Jorge, quien a pesar de no tener ventas en estos linderos, llegó a apoyar a su prima, que apenas lleva cuatro meses como vendedora en la cuadra. _Decile a la Ana que se vaya, que no tiene que perder, la bicha es nueva, que le de hombre__. Ni Jorge ni Ana hacen caso a la recomendación.
Cinco cuadras más abajo todo esta listo. El Director del CAM, Gilbert Cáceres, les indica a sus subalternos el modus operandi de la limpia. _Esperar en la Diagonal Universitaria, entrar por la Juan Pablo II y la salir por la Quinta Avenida Norte con el objetivo entre manos, sean rápidos y precisos_, explica, escoltado por sus mandos medios, a quienes les muestra una hoja de planeación. Los de beige suben de nuevo a los camiones y para ellos es hora de actuar. Se abre el telón.
El edil Norman Quijano en su campaña electoral no solo prometió el Metrobús y las bóvedas. Como toda una tradición proselitista, el siempre esperado reordenamiento de la ciudad principal de la república se ha enfocado en la zona del centro histórico, que, desde hace más de 25 años, es el punto focal donde conviven a la fuerza la formalidad de pequeños y grandes negocios con hombres y mujeres de capas medias y bajas que provienen de todas partes del país para ejercer la compraventa. Liberar calles como la Rubén Darío y la famosa Tercera, o los alrededores del Parque Hula-Hula, la Iglesia El Calvario o del Hospital Rosales es el gran desafío que adquieren todos los ocupantes de la silla edilicia. Pero para muchos de los que construyen su existencia en la vía pública, los que van y vienen en la comuna lo hacen más como bandera política y no como un compromiso sostenible, basado en soluciones reales y proyectos que los integre. La Calle Arce, donde Jorge es uno de los más arrechos inquilinos, es un ejemplo.
Allá por 2007, la ex alcaldesa Violeta Menjívar y su Consejo Municipal firmaron un convenio de cooperación técnica y financiera con la Junta de Andalucía, España. Parte del acuerdo consistió en la construcción de la actual Plaza de la Salud en los alrededores de los Hospitales de Maternidad y Primero de Mayo y la rehabilitación de la histórica arteria como un corredor peatonal desde la 17 a la 23 Avenida Norte. El obstáculo para lo último, según el mismo Quijano, han sido los vendedores y la falta de voluntad por parte del Viceministerio de Transporte (VMT) por otorgar los permisos pertinentes. Morán lo contradice: _El VMT y el Ejecutivo nos apoya, sabe las injusticias que se quieren cometer acá, y, sin que esto bastara, Norman nos convoca a reuniones y en las listas de asistencia solicita que escribamos nuestro numero de identidad y la firma, para luego presentarlas a los medios de comunicación diciendo que hemos aceptado la reubicación; eso es falso_. Tanto como el supuesto predio de reubicación a la altura del Parque Cuscatlán donde se observó solo un terreno cercado y una manta de propaganda con la leyenda _Norman Quijano _ Alcalde_.
Mama Toña se aferra a su puesto a capa y espada. Faltan 15 minutos para medianoche y el sábado se aproxima. El CAM va en avanzada y los camiones que trasladarán la hojalata les secundan. Y más atrás esperan pipas de agua y otros camiones con cientos de barriles azules donados por una empresa mexicana de jugos y néctares. Un hombre de cabello canoso y de bajo perfil, grita _saquen los navarones_. Programados, los casi 200 agentes que ejecutan el operativo, hacen caso a la orden y se encapuchan. _Acordate que estos babosos se pueden a sicarios, si nos identifican nos lleva judas_, le grita un policía nervioso a otro. Los gritos de la multitud se intensifican. _A ver si pueden_, desafía Toña. La tensión progresa hasta llegar aun punto sin retorno. Se lanza gas lacrimógeno para dispensar a la muchedumbre. Jorge protege a Ana. _Hay deja las mierdas, tomá, por si te quieren hacerte algo__ y le da un tronco lleno de clavos oxidados y musgo.
Otros hombres, vestidos de camisas color caqui y con el escudo de la municipalidad a la altura del corazón comienzan a destruir las armazones que un día sirvieron como techo ante el asfixiante calor y la persistente lluvia, no sin antes sacar todo lo que encuentran y trasladarlo a los camiones: sacos de granos básicos, paquetes de detergentes, toallas sanitarias, artículos de uso personal, televisores, lámparas planchas de pupuserías, películas y todo aquello que representaba parte del patrimonio comercial y familiar que alimentaba a los favorecidos de las ganancias de los 215 puntos desalojados. Aprovechando la confusión muchas personas se dispersaron por los alrededores y unas 15 fueron capturadas. En muchos, el temor al arresto pudo más al final que el ímpetu por contrarrestar la limpia. Abandonaron la resistencia. Son ya las tres de la mañana y los famosos barriles comienzan a aparecer. Chorros de agua limpian la acera. Todo se ha consumado.
Según datos de la Dirección General de Estadística y Censos (DIGESTIC), el comercio informal entre 1999 y 2009 había incrementado del 47.4 al 54.4 por ciento y proporcionado ingresos a casi la mitad de la Población Económicamente Activa (PEA). Pero estas cifras en momentos de zozobra son accesorias. A una mujer sexagenaria no le preocupa lo que se lleva a cabo frente a sus narices. Lleva casi la mitad de su vida en la calle y va para los 10 años de ver como los buses de las rutas que provienen del Mariona, Cuscatancingo y Mejicanos le ahuman su tez. _Peores cosas he visto y no me iré de acá_. Más categórica que el mismo alcalde, Carmen Mármol espera a que llegue su turno. El mismo sujeto canoso que ordenó lo de los gorros se le acerca y le pide que desista. Tres no son la respuesta de a la que de cariño le llaman _colocha_. Y se arma el zafarrancho. La mujer se levanta y protege lo suyo.
Pero por el otro lado de su modesta esquina han comenzado a saquearle. _Por las buenas maitra, apúrese_. A regañadientes accede, pero putea sin parar. _Era lo único que podía hacer, la Toña me motivó a dar el pecho pero al ver a tanto salvaje ¿qué puede hacer uno?_. Mira el suelo y calla. Una carreta hoy es su fiel compañía. Ya pasaron cinco meses del incidente. Sin duda que a todos les marcó.
_El comercio informal representa entre un 24% y 30% del Producto Interno Bruto (PIB) según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para El Salvador. Casi un 31 por ciento de la fuerza de trabajo en El Salvador se encuentra en ese sector. Luego del incidente del pasado 8 de mayo muchos se quedaron a la espera de poder ser reubicados en otro lugar que les permitiera ejercer el comercio. El giro radical que se les propuso es el Mercado San Antonio, ubicado en la zona norponiente de la capital, lejos de donde estaban. La mayoría se negaron, alegando que ahí hay poca clientela y que el lugar es demasiado pequeño y que por lo tanto sufrirán hacinamiento.
Hoy andan ambulantes, como Jesús Contreras. Recorre alrededor de 20 cuadras con perseverancia, una y otra vez junto con otros colegas desde la Plaza Bolívar hasta el Parque Libertad. En su nuevo vehículo de dos ruedas y de tracción manual, acomoda paquetes de macarrones, sopas instantáneas, rasuradotas y todo aquello que pueda conseguir para pagar la educación de sus dos hijos de seis y doce años y llevarles comida. A viva voz perifonea y siente que vende aun más. El problema es su seguridad. Varias veces lo han golpeado buses o automóviles particulares sin importar consecuencias. Y en algunas zonas donde recorre le piden renta para entrar.
_Ir a zonas del Mercado Central o del ex Cuartel es casi imposible, y cuando logras entrar al salir alguien en la esquina te detiene y te cobra hasta 5 dólares de renta (_) pero ahí logro vender más, lo que antes hacia en un día en el Infantil lo hago en dos o tres horas_, compara entusiasmado Contreras. El no olvida el pasado, aunque se esfuerza por olvidarlo, pero ve un mejor futuro mientras de verdad se deje la politiquería anticipada y barata. _Quijano nos usó en el Parque Infantil, montó un show mediático y ahora se puede ver en los barriles, paradas de buses y paredes su nombre escrito como en piedra, eso no debemos permitirlo en un futuro y para ello usaremos siempre el diálogo y la resistencia como nuestras armas_, concluye, mientras da la vuelta y se va zigzagueando con su carreta entre la muchedumbre.
¿Qué fue de Mama Toña y Jorge? La emblemática mujer hoy vende ropa interior en las inmediaciones de la Catedral Metropolitana. Ahí se ha aliado con una vieja amiga y juntas esperan regresar a tierra de nadie. Por su parte Jorge sigue en la Calle Arce pero las últimas semanas ha sufrido hasta sicosis por las constantes cartas y amenazas del desalojo.
-¿Dejarás algún día de vender Jorge?
-Según vos le daré gusto al tacuazín peinado.
-¿Llegarás a ser un microempresario o algo más?
-Ya lo soy y ni cuenta se dan. Todo se lo debo a esta calle.
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