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2009/12/01

La situación en Honduras entra en otra etapa

Así como es inaceptable que se usen recursos golpistas de hecho para resolver conflictos de índole política, lo es que los políticos de turno hagan labor de topos, es decir, que socaven impunemente las estructuras democráticas y constitucionales.

Escrito por Editorial.01 de Diciembre.Tomado de La Prensa Grafica.       

El pasado domingo se celebraron las elecciones presidenciales en Honduras, que estaban programadas desde antes del quebranto del orden constitucional que culminó en la separación irregular del Presidente Manuel Zelaya y el establecimiento de un nuevo Gobierno, encabezado por el Presidente del Congreso, Roberto Micheletti. Los comicios se realizaron con bastante normalidad y con una afluencia de votantes que superó la de las elecciones de 2005. Hay ya un nuevo Presidente, esta vez del Partido Nacional, y la situación, quiérase que no, pasa a una fase distinta.

Las lecciones de lo ocurrido en Honduras, como señalábamos antes y ahora reiteramos, dejan tarea de aprendizaje para todos, aun para la comunidad internacional. La primera de esas lecciones tiene que ver con el respeto a la democracia y sus reglas básicas. Así como es inaceptable que se usen recursos golpistas de hecho para resolver conflictos de índole política, lo es que los políticos de turno hagan labor de topos, es decir, que socaven impunemente las estructuras democráticas y constitucionales. En este caso han quedado en evidente entredicho tanto el Presidente legítimo que atentó contra su propia legitimidad como aquéllos que le salieron al paso en el último minuto con una acción de hecho.

En cuanto a la comunidad internacional, expresada en foros de primer nivel y en posiciones nacionales específicas, ha resultado claro que carece de estrategias ciertas, oportunas y consistentes para enfrentar realidades como la comentada. Y, además, ha cometido la imprudencia de comprometer el futuro sin saber cuáles serán los efectos definitivos de una situación que carece de precedentes en muchos sentidos.

La democracia es un proceso

Decir que la democracia es un proceso pareciera ya no ser necesario cuando vamos caminando en esa ruta; pero la verdad es que una cosa es avanzar y otra comprender y aceptar todas las consecuencias del avance. Si la democracia es un proceso tiene que ser mucho más que una periódica práctica electoral: es un método integral de vida. En estos momentos, en América Latina, hay ya varios ejemplos de lo que es hacer una práctica democrática más o menos ritual con tendencia clara a instalar el irrespeto de las vivencias democráticas reales. La manipulación democrática crecientemente burda y descarada en regímenes como los que abanderan el populismo diz que socialista es prueba fehaciente de ello.

En Honduras, Zelaya hizo todo lo que estuvo a su alcance para socavar su legitimidad democrática, y pagó las consecuencias, desafortunadamente a costa de la buena salud del proceso. Ahora, a la nueva Administración hondureña le tocará impulsar la reconstrucción de los tejidos políticos, sociales y económicos dañados.

En cuanto a la comunidad internacional, nunca pareció realista querer hacer profesión de lealtad democrática con el mero gesto simplista de no reconocer al régimen que surgiera de las elecciones. Más temprano que tarde, aún los más recalcitrantes tendrán que ir aceptando la realidad establecida, no por los golpistas, sino por la dinámica del proceso mismo. Para Centroamérica en su conjunto la normalización plena en Honduras es fundamental, y hay que apoyarla sin tomar partido interesado.

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