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2009/11/16

Lección de los jesuitas asesinados: cada generación debe luchar por sus propias ideas

Escrito por Marvin Aguilar. 15 de Noviembre. Tomado de La Pagina.

Esta semana se cumplen 20 años del irracional asesinato de los sacerdotes jesuitas, todos los que escribimos y que hemos decido luchar con la palabra como única manera de humanizar lo deshumanizado debemos en ellos ver nuestro referente. La violencia es la ultima forma en que los anti dialoguistas deciden imponer sus creencias, no lo olvidemos.

Coincido con Ernani María Fiori que: La palabra es un lugar de encuentro, reconocimiento de conciencias, por eso es igualmente un lugar de reencuentro y reconocimiento de uno mismo. Muchas veces la palabra es perturbadora. Y el enfrentamiento con el mundo es amenaza y riesgo, mas aun si consideramos que el pequeño espacio llamado El Salvador esta lleno de verdades absolutas y de paranoias reaccionarias y sectarias que rechazan el dialogo que uno desde la palabra pretende establecer.

Esa actitud que desde la derecha llamo incultura deshumanizada, y que desde la izquierda tildo como anti intelectualidad fue lo que decidió la fatalidad de Roque Dalton y la carroñada de los jesuitas. Estas formas de pensar son una peste que como bien la definía el cineasta argentino Luis Puenzo es una epidemia que vuelve cada cierto tiempo. Y por eso debemos de evidenciarla, decirla para que se erradique de una vez de las conciencias humanas. Todos estamos expuestos a ser victimas de esta peste.

Si los jesuitas nos legaron una lección, nosotros estamos en deuda con ellos. Y los interesados en esclarecer estos hechos deberían ser los protagonistas de aquella época que haciendo pública toda la información que saben sobre esto ayudarían a que “el olvido” sea con justicia. Mientras no haya verdad sobre nosotros gravitara el pasado. Pero tendrá que ser España al igual que lo hizo con Pinochet la que sentara a los militares salvadoreños frente a un juez para dilucidar esta masacre. La deshonra será internacional. A menos que la mayoría simple del FMLN y GANA deroguen la ley de amnistía que decreto el gobierno Cristiani. Y se reabra en el país el caso jesuita. ¿No se resolverían dos problemas?

La sospecha de que los jesuitas eran el cerebro de la guerrilla encierra el desconocimiento más absoluto de la historia nacional y del conflicto armado mismo. Ordenar su crimen y pretender que esto es una decisión de una sola persona es un engaño a la sociedad. Las mentiras siempre quedan al descubierto, por que el trabajo de recuperación de la memoria no cesara. Persigue ahora a los protagonistas (victimas y victimarios) continuara luego con los descendientes de ambos. La memoria los secuestra.

¿Pedir perdón? Recuerdo el acto en la plaza roja para el 60 aniversario de la capitulación alemana en la gran guerra patria. Solo hablarían dos personas, allí estaban reunidos los aliados y una serie de lideres mundiales. Hablo Vladimir Putin, y finalmente el canciller alemán. Schroeder sorprendió pidiendo perdón a Rusia por haberla invadido. A Europa por haberla dividido. Al mundo por la segunda guerra mundial. Los alemanes son ahora una gran nación, cualquiera pensaría que no les era necesario pedir perdón. Pero esas palabras eran vitales para la reunificación europea. Destruir para siempre las desconfianzas entre los vecinos. No se hacen amigos bombardeando ciudades.

Noche y niebla fue el decreto dictado por Hitler y que se ejecuto en la Alemania nazi por la Wehrmacht. Este establecía que: una intimidación efectiva sólo puede lograrse con la pena máxima, o en su defecto, con medidas por las cuales los familiares “del criminal” y la población en su conjunto desconozcan la suerte que ha corrido. Asesinar o desparecer argumentando la defensa de la patria, no es un argumento sostenible moralmente. Los alemanes saben que estas prácticas se trasladaron a la Argentina y Chile y de allí al resto de Latinoamérica. Bill Clinton igualmente lo reconoció en su discurso ante la asamblea legislativa en su visita a El Salvador al decir: que reconocía la grave responsabilidad de los Estados Unidos en relación a la violación de los derechos humanos durante el conflicto armado salvadoreño.

Borges al que nadie podrá acusar de izquierdista tenía una frase interesante: el pasado es indestructible, tarde o temprano vuelven las cosas, y una de las cosas que vuelven es el proyecto de abolir el pasado. No vale aquello de que los trapos sucios se lavan en casa. Hay un compromiso universal para denunciar y enjuiciar las violaciones a los derechos humanos. Esto trasciende nuestras fronteras. Los crímenes de guerra jamás podrán sostenerse en argucias jurídicas amparadas en la soberanía nacional. Estos delitos reaparecen en cualquier país en diferentes momentos de la historia. Y la medida para que esto no vuelva a repetirse es no olvidarlos en ninguna parte del mundo.

Debe de entenderse desde la derecha que la mayor parte de crímenes durante y antes del conflicto armado se inclinan hacia nuestro bando. Una nueva derecha no debe de estar divorciada con el pasado. No temerle. Cerrarse a una investigación es pretender desaparecer la historia. Eso es imposible. Llegara el momento – de eso no me cabe duda- que la derecha tendrá que asumir sus culpas con el pasado. Yo, sin tener ninguna responsabilidad en el conflicto armado por haber sido un infante en esa tragedia, estoy preparado para pedir perdón por la acciones de mis ancestros. Convencido de esta reflexión es que escribo.

La violencia actual es la prueba palpable que estamos en una involución a consecuencia de las lacras que han heredado las formas de represión de aquellos años. Esto se resolverá cuando realicemos el ajuste de cuentas con el pasado. Cuando no importando si es desde el dextrógiro o levógiro se construya una sociedad abierta. Dejar de ser el país de la fuente de aguas muertas que no es poco.

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