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2009/11/09

La nota del día: Cuando pueblos oprimidos recuperaron sus libertades

Las dictaduras terminan derrumbándose porque les cae la gangrena y se engangrenan por faltar el espíritu, por haberse perdido la moral, por ser cascarones vacíos

 Editorial. Lunes 9  Noviembre. Tomado de El Diario de Hoy.

Siempre, pese a vivir en un mundo violento e intolerante, se sabe de nuevos extremos de crueldad y de formas cada vez más repugnantes de despotismo. El hombre es el lobo del hombre, su verdugo implacable, el que no olvida ni perdona ni aprende.
Muros de concreto, torres, alambradas de púas, campos minados, reflectores y un ejército que vigilaba incesantemente a lo largo de decenas de miles de kilómetros, fue el infame confín del bloque socialista de naciones, el "Muro de Berlín" que colapsó un día como hoy hace cuatro lustros.

Las imágenes de ese momento estelar son permanente lección y una de las mayores glorias de nuestro tiempo: las dictaduras terminan derrumbándose porque les cae la gangrena y se engangrenan por faltar el espíritu, por haberse perdido la moral, por ser cascarones vacíos sin otro rumbo que servir al tirano. Los berlineses occidentales abrieron un boquete ante los atónitos ojos de la policía comunista y en cuestión de minutos una avalancha de los oprimidos súbditos del socialismo se transformaron en hombres libres, hombres con voluntad propia, seres con futuro a partir de ese instante. Como un reguero de pólvora todas las barreras cayeron y cayeron también las estatuas de Lenín y de Stalin.

En unas pocas horas la geografía política de Europa y del mundo cambió en forma radical.

En Occidente se tenía idea de las deplorables condiciones en que se hallaba la realidad de los países sumidos en el totalitarismo, pero sólo después de levantarse, esa misma noche, las restricciones para recorrer las ciudades e ir por carreteras y caminos, se pudo medir en toda su espantosa dimensión el desastre imperante. El tiempo en la Europa del Este, la esclavizada, se detuvo en el instante en que el ejército rojo impuso los regímenes títeres de la Unión Soviética; se detuvo para ir en reculada: en 1989 la Europa socialista había retrocedido dos generaciones.

Debemos luchar para mantenernos libres

Pero el deterioro físico, una estructura económica semejante al Tercer Mundo, las ruinas de la Segunda Guerra Mundial que salpicaban campos y ciudades, era lo menos grave. Lo peor era que la gente había perdido su brújula vital; era dependiente de lo que se le daba, no de lo que ganaba con su esfuerzo; carecía de ambición porque no hay ni futuro ni sueños dentro de las cárceles. Eran bagazos humanos que por fortuna, en su mayoría, han conseguido sobreponerse a los espantos que les tocó padecer.

Contra la advertencia de Dante --vosotros que cruzáis esta puerta, la del infierno rojo, perded toda esperanza-- es posible escapar de los infiernos, como lo lograron alemanes, polacos, búlgaros, rumanos, rusos… es el mérito de camboyanos, de vietnamitas y de los pueblos de la Indochina. Poco falta para que cubanos, nicaragüenses y venezolanos se liberen de la estupidez entronizada.

A distancia parece como si faltó el espíritu de lucha, que no se rechazó el horror que les había caído encima. Pero prácticamente en todas las naciones hubo revueltas heroicas; se levantaron los alemanes, los polacos, los húngaros, los checos y los rumanos para ser masacrados por las tanquetas y los cañones de las tropas rusas. El control pasó a manos de la policía política y los sepulcros de los vivos que fueron las antiguas cárceles comunistas de Alemania Oriental.

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