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2009/11/09

Indiferencia ante calamitoso transporte público

Escrito por Rodolfo Chang Peña. Lunes 9 de Noviembre. Tomado de El Diario de Hoy.

El transporte de pasajeros en Holanda, Austria y otros países europeos es gubernamental e incluye autobuses, trenes eléctricos subterráneos y superficiales y en algunos casos transporte marítimo. Es extremadamente limpio y nítido, con un excelente mantenimiento que se nota en la pintura y el buen estado de funcionamiento de asientos, puertas, ventanas, etc.
La comodidad y el aseo, además de la seguridad son características generalizadas. Silenciosos, puntuales y amables con el medio ambiente. No existen cobradores ni revisadores, los boletos se compran en quioscos o casetas y previo al abordaje se introducen en máquinas automáticas; la gente es ordenada para abordar o salir y nadie se la lleva de vivo. Hay trato especial para las señoras con niños pequeños, discapacitados y senescentes. Estos últimos tienen un tratamiento preferencial y el pago es simbólico.

El personal, la infraestructura, la maquinaria, el equipo y la tecnología aplicada obviamente son costosos, ni modo. ¡Ningún sistema de transporte moderno es barato! Solamente acá en El Salvador existen funcionarios públicos y diputados dignos exponentes de una paleolítica "economía de cabuya de puro", que se oponen a la modernización refugiándose en el argumento simplista de "es muy caro".

Ya nadie duda que el transporte público en el Gran San Salvador es un desastre creciente. Es sucio, ruidoso, irregular, impuntual, inseguro, altamente contaminante y carece de mantenimiento preventivo y reparativo. Nótese el lamentable estado de los asientos, carrocería, puertas y ventanas, algunas de estas sustituidas por grandes lienzos de plástico transparente. Llantas lisas, motores sobretrabajados que recalientan.

Las casi 5,000 unidades en circulación, la mayoría chatarra, producen una nube de smog muy parecida a la que se observa sobre la ciudad de México DF., que a su vez es la responsable de la alta tasa de enfermedades respiratorias que anualmente matan más salvadoreños que el dengue, rotavirus y gripe A juntos.

Pero las cosas no paran ahí, salvo escasas excepciones los propietarios de la chatarra rodante no tienen escrúpulos para contratar como conductores a ebrios, drogadictos, individuos violentos, descorteses y carentes de educación, muchos de ellos morosos de cientos de esquelas y que por ende laboran con licencias vencidas. Poner en manos de esta estirpe de conductores las vidas de cientos de miles de pasajeros, que no tienen otra opción para transportarse, es una actitud criminal que solamente en El Salvador no se castiga.

La iniciativa del alcalde capitalino de implementar el proyecto del metrobús tiene la enorme ventaja de poderse llevar a la práctica en un tiempo relativamente corto. No es una solución definitiva e integral al espinoso, enredado y conflictivo problema pero es una propuesta concreta, perfectible, con una base coherente y realista, que introduce mejoras sustanciales en un tiempo récord y eso ya es bastante.

El proyecto de la alcaldía no sólo hay que verlo desde la óptica traslado de personas, también hay que considerar otros beneficios que vendrían por añadidura. Entre èstos destacan la disminución del desorden actual; el desahogo del centro al elevarse la eficiencia en el transporte de personas; el reordenamiento del comercio informal ambulante que en alguna forma se vincula con las paradas actuales; finalmente, solventar el caótico flujo peatonal al reacomodarse y ordenarse las paradas o estaciones.

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