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2009/11/16

Hay que potenciar la creatividad nacional

ADOC nació como una empresa pionera, creció bajo la visión, la disciplina y el empuje de su creador, y hoy es un ejemplo de expansión global. El espíritu del fundador está ahí.

Editorial. Lunes 16 de Noviembre. Tomado de La Prensa Grafica.

Cuando se habla de creatividad la primera imagen que surge es la del arte en sus distintas expresiones; pero, en realidad, el poder creativo se puede manifestar, y de hecho se manifiesta, en todas las disciplinas y actividades humanas. Desde el gran empresario hasta el pequeño artesano, todos podemos ser creativos hasta donde den la inteligencia, el ingenio, la disciplina y la voluntad. Al respecto, una de las tareas básicas por hacer en el país es lo que podríamos llamar el rescate organizado del talento creativo, que está ahí, por doquier, en los grandes núcleos urbanos, en las periferias de los mismos, en las comunidades del interior y en los cantones y caseríos más olvidados. El talento creativo no tiene fronteras; pero sí necesita canales de expresión y oportunidades para manifestarse.

Los resultados de la PAES reciente son reveladores del enorme trabajo que falta por hacer para nivelar oportunidades de formación en el país. Las autoridades de Educación han hecho el esfuerzo de sincerar estos resultados, para saber en realidad dónde estamos. Se habla hoy de más capacitación docente y de apuntalamiento formativo para aquellos estudiantes que vayan más retrasados. Está bien, pero el reto es mucho más grande y decisivo: retomar a fondo el tema de la formación docente, que es el talón de Aquiles del sistema educativo, y también construir un verdadero esquema de oportunidades educativas, no coyuntural ni asistencialista, sino permanente, generalizado y visionario.

La creatividad es la llave maestra del desarrollo. Lo vemos en todas partes y en el día a día. El desperdicio de talento creativo que caracteriza a nuestra sociedad, desde siempre, es el lastre principal para la modernización en todos los órdenes.

El ejemplo de un pionero
En días recientes, la sociedad salvadoreña ha perdido a una de sus figuras emblemáticas en el plano de la creatividad empresarial: don Roberto Palomo. Allá en la primera mitad de los años cincuenta del pasado siglo, cuando la industrialización apenas daba en el país sus primeros pasos, un joven que no llegaba a los treinta años tuvo el alcance creativo de levantar una empresa productora de calzado, cuando miles de salvadoreños andaban descalzos y la producción de zapatos era actividad dispersa y artesanal. ADOC nació como una empresa pionera, creció bajo la visión, la disciplina y el empuje de su creador, y hoy es un ejemplo de expansión global. El espíritu del fundador está ahí.

Cuando recorremos la trayectoria de don Roberto Palomo, recordamos de inmediato una frase inspiradora y motivadora que surgía con frecuencia de labios del inolvidable maestro don Rubén H. Dimas, otro pionero fundador del Colegio García Flamenco: “El que a los 20 no quiere, a los 30 no tiene, a los 40 no puede, y a los 50 ni quiere ni tiene ni puede”. El joven Roberto Palomo sí quiso a los 20 años, y desde entonces no paró hasta transformar su sueño en una realidad cada vez más pujante. Esas son las rutas que nuestra juventud debe seguir siempre. Visión, perseverancia, organización, honradez, energía incansable.

A los niños y jóvenes hay que exigirles motivándolos y dándoles oportunidades. La educación debe tener en su base la formación del carácter. Para eso se necesitan maestros en el verdadero sentido inspirador de la palabra. La respuesta a ese reto vital sigue pendiente.

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