José Ricardo Cruz.19 de Noviembre. Tomado de El Diario de Hoy.
La recesión económica aún mantiene a nuestro mundo estancado. No existen señales que demuestren ningún tipo de mejora al corto plazo. La economía mundial está sujeta a las especulaciones y a las medidas que tomen los diferentes gobiernos y empresas para subsanar el problema de cada uno.
Fácil sería enumerar todo lo que conllevó a esta situación que afecta a todas las clases sociales, pero principalmente al motor productivo de los países, las clases trabajadoras.
Básicamente las economías comprenden de inversionistas, empleados y gobierno y existen diferentes tipos de formas de manejar las economías. Entre las más comunes están la Economía Keynesiana, una teoría de las ideas del economista inglés, John Maynard Keynes, que escribió luego de la gran depresión de los años 30 en la cual el Gobierno o Estado tenía el poder de influenciar a través de las finanzas públicas y sus políticas fiscales.
Por otro lado existe la Teoría Clásica (libre mercado) o el "laissez faire" (dejen que el hombre actúe y escoja). Esta economía se distingue en establecer un mercado sin obstáculos, dejando que el consumidor decida lo que más le convenga, sosteniendo que la riqueza procede del trabajo, inspirada por el economista y filósofo escocés, Adam Smith.
Ambas economías mal aplicadas son sumamente dañinas, ya que no puede existir un control total del Estado ni puede existir una manipulación de productos o servicios de parte de los inversionistas.
Para lograr salir del hoyo económico, se debe de enfocar la empresa privada en buscar nichos de mercados, que puedan suplir necesidades inmediatas a la población local y mundial. El Estado o Gobierno, deberá apoyar a la empresa privada, ya que el solo hecho de tener inversionistas dispuestos a confiar en un gobierno, significa que van a existir fuentes de trabajo y por tanto más necesidades inmediatas para los trabajadores.
El Estado no es un generador de empleos, ya que no produce ningún bien ni producto, es un administrador de los impuestos de todos los ciudadanos.
Cuando estamos atravesando una crisis económica, primero que nada se deberá reducir el endeudamiento, ya sea re-negociando la deuda, recortando el gasto fijo e incentivando nuevos productos o servicios.
Todos queremos ganar más pero en tiempos de crisis, se deben ajustar las economías para evitar seguir incrementando nuestras deudas, considerando el nivel de endeudamiento actual de las finanzas públicas.
El Salvador tiene tanto potencial de desarrollo. Dos polos de desarrollo puntuales son la Longitudinal del Norte (zona norte) y El Puerto de La Unión (zona oriental).
Ambas obras son proyectos de nación, por tanto sirven como catapulta para integrar todos los entes involucrados para evitar que se conviertan en gastos innecesarios. Las obras están ahí, pero no se han explotado todavía en su máxima expresión, en las cuales juegan un papel muy importante tanto el gobierno como la empresa privada (nacional e internacional).
En tiempo de crisis, lo ideal es inyectar capital fresco, ya sea incentivando inversiones en el país o adquiriendo préstamos para inversión. Claro está que los préstamos para inversión son contraproducentes ya que estos crean, como mencioné anteriormente, un mayor endeudamiento. La inversión fresca, extranjera, es la opción más viable ya que el riesgo no lo adquiere el país, muy por el contrario, El Salvador se beneficia dado que hay una generación de empleos inmediata, creando una cadena de incremento de impuestos, fiscales y municipales, en lugar de aumentar los impuestos ahogando la poca productividad actual.
Un inversionista necesita reglas claras, estabilidad política y social para invertir en un país. Me comentaba un inversionista que las condiciones básicas que buscan son, una buena red de comunicaciones, una buena infraestructura de transporte (puertos, aeropuertos y carreteras) y seguridad jurídica. Debemos sacar provecho a estas ventajas, ya que aún estamos a tiempo de incentivar inversiones en la región.
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