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2010/11/11

EDH-El próximo presidente

 Marvin Galeas.11 de Noviembre. Tomado de El Diario de Hoy.

Puede ser hombre o mujer. Así como están los tiempos, uno nunca sabe. En lo personal me encantaría que fuese una mujer. Pero aparte de ser una refrescante novedad en nuestra historia, eso no implicaría necesariamente una buena gestión. En el mundo ha habido presidentas (la Academia ya acepta la palabra) sobresalientes y también desastrosas. En este caso el género no es garantía de nada. Lo más importante son los atributos, las capacidades; el perfil, como se dice, que ese hombre o esa mujer debe tener para convertirse en el próximo presidente a partir del uno de junio de 2014.

Escribo sobre el tema porque creo que ahora que los salvadoreños, por los mecanismos democráticos, hemos probado la alternabilidad, estamos frente a una oportunidad de meditar y escoger a un buen líder para los tiempos que se vienen. Para ello, sin embargo, la primera palabra la tienen los partidos políticos. No voy a juzgar a los dos últimos presidentes. Creo que tendrá que pasar un tiempo prudencial para que los historiadores más objetivos y la gente misma se formen juicios serenos sobre estas dos últimas administraciones.

Además la actual no ha concluido. Queda mucho trecho por recorrer. Lo cual puede jugar a favor o en contra. Lo que sí es cierto es que el país, dado los problemas que enfrentamos en casi todos los órdenes, necesitará en el próximo período presidencial, no a un buen candidato, sino a un buen presidente. Un líder (hombre o mujer, insisto) en todo el sentido de la palabra. Es decir, capaz él mismo y que sepa rodearse de colaboradores capaces al mismo tiempo.

Nuestros partidos, debido a la ansiedad que produce una sociedad tan polarizada, siempre andan a la caza de buenos candidatos. Pero no siempre, como se ha comprobado aquí y en otras partes, un buen candidato termina siendo un buen presidente. Nunca me he explicado cómo es que para ser comisionado de la policía se requiere un título universitario, y para ser presidente no. Eso de la moralidad y la instrucción notoria que demanda la Constitución tiene una interpretación cada vez más antojadiza y ajustable.

Vivimos en un mundo en donde los cambios tecnológicos y científicos son cada vez más vertiginosos. Un mundo que se ha empequeñecido por los sorprendentes avances en el campo de las comunicaciones y la informática. La aldea global de la que nos habló el filósofo canadiense Marshall Mcluhan es una realidad. El futuro ya llegó. Eso implica para nuestras pequeñas naciones grandes desafíos, y al mismo tiempo grandes oportunidades.

Estos tiempos demandan líderes políticos que vayan más allá de la elocuencia en el lenguaje y del carisma. Más que buenos oradores se necesitan hacedores. En esa dirección, los partidos políticos al escoger a sus candidatos a la presidencia deberían rastrear la integridad moral de una persona, su preparación académica, su capacidad para formar equipos y no menos importante la forma en que ha administrado sus finanzas personales.

No se puede esperar que una persona que no ha sabido administrar su vida y sus recursos, pueda administrar con éxito a una nación. Uno de los riesgos de la democracia es que una mayoría de personas desesperada por una mala situación económica, sea víctima de la manipulación del marketing político o de la labia de populistas de todo signo, termine escogiendo a cualquier mediocre. América Latina está llena de ejemplos al respecto.

Estamos a tiempo y frente a una inmejorable oportunidad de escoger a un gran presidente o presidenta. Uno con la suficiente inteligencia emocional para mantener la calma en momentos difíciles, con la solidez académica y cultural para comprender los desafíos del mundo actual, honrado, honradísimo, que integre equipos de trabajo donde mayoritariamente haya ingenieros, administradores, técnicos y menos asesores políticos y de propaganda.

Un presidente que no se ponga creativo, que se limite a cumplir a cabalidad con lo que la ley le manda y que haga cumplir la ley. Que sepa que su misión más grande es formular planes para sacar al mayor número posible de compatriotas de la extrema pobreza. Que no que se ponga a repartir unos dólares a unos cuantos pobres, para luego invertir en millonarias campañas publicitando tan miserable reparto.

Ciertamente no hay nadie perfecto. Una de las consignas en Francia, durante la revolución de mayo de 1968 era: "Seamos realistas, pidamos lo imposible".

elsalvador.com :.: El próximo presidente

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