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2011/03/04

LPG-Pese a tanto infortunio...

 Los dolorosos acontecimientos de los últimos días, en los que 19 salvadoreños y salvadoreñas perdieron la vida en accidentes de tránsito, se suman a la lista de infortunios que nuestra nación padece, entre los cuales la violencia y el desempleo ocupan un lugar tristemente privilegiado.

Escrito por Carlos H. Rivas.04 de Marzo. Tomado de La Prensa Gráfica.

 

Mientras siete de cada 100 salvadoreños viven la angustia del desempleo, un 48 por ciento vive en el limbo del subempleo, con un trabajo poco digno y ganando menos de un salario mínimo. La economía dolarizada nos hace vulnerables ante los vaivenes de la economía internacional, y nuestras calles y parques se llenan de un ejército cabizbajo y desesperanzado para el cual la famosa “movilidad social” no es más que una quimera y el rebalse económico un engaño cruel.

Pero, no es engaño el promedio de 8 o 10 asesinatos diarios, sino un cruel peso que la delincuencia y el crimen organizado ejercen sobre nuestras existencias, y los jóvenes cuyas edades no superan los 17 años son víctimas mayoritarias.

Estamos rodeados de violencia. Nuestra economía consume más del 12 por ciento del PIB, y los centros penales –verdaderas universidades del crimen– “albergan” a 22 mil individuos.

Además, arrastramos taras del pasado. Muchos padres y madres aún desconocen el paradero de sus hijas o hijos desaparecidos durante el conflicto armado, hay hijos que desconocen el destino de sus progenitores y hermanos de sus hermanos. Aún no hemos perdonado y menos olvidado, pues ni siquiera conocemos a los causantes de tanto dolor.

La miseria y la desesperanza amenazan con aplastarnos. Los productos suntuarios, que el marketing convierte en necesidades, no pueden ser alcanzados por los pobres, atados a la falta de recursos y al desempleo. Padecemos una estructura social desgastada, carente de valores cristianos y humanos es una sociedad sin espíritu. Ejércitos de salvadoreños se convierten cada día al cristianismo; sin embargo, casi siempre son multitudes silenciosas, muchos de cuyos líderes aspiran ser meretrices del poder político.

El debate de las ideas es una práctica poco usual en nuestra sociedad y frecuentemente deriva en intercambio de insultos; de un diálogo hacemos pleito, acaso para desahogar las tensiones que la realidad nos causa. La polarización ideológica, la tendencia a confundir nuestros propios intereses con los de la colectividad, nos mutilan la razón e impiden respuestas colectivas.

Por su parte, los sectores tradicionalmente identificados como los que pueden hacer posible los cambios, la mal llamada “clase política”, naufragan en una profunda crisis de identidad y confianza. El juego democrático, tal como están establecidas sus reglas actualmente, ha perdido credibilidad y daña la dinámica de crítica y proposición necesaria para superar los males del ejercicio de la administración pública.

El retiro de diputados y dirigentes de sus partidos revela el deterioro que sufre el otrora partido oficial y el resto de los mismos. El FMLN se encuentra también en una situación delicada, producto del distanciamiento con el presidente Funes y su propia tensión interna por los puestos dirigenciales. Los que ayer condenaban la construcción de centrales hidroeléctricas hoy guardan sospechoso silencio y quienes cuando gobernaron nada hicieron por los más pobres, hoy se rasgan las vestiduras en su defensa.

En nuestro país, el 17 por ciento de la población es analfabeta, como el ciego Bartimeo viven en un mundo limitado, ya que el mundo que se expresa a través de la palabra escrita es un mundo que no pueden descifrar. Viven en una oscuridad que es otra forma de la esclavitud.

Así, marcha nuestra realidad. Por un lado el mundo ilusorio de la abundancia y el desarrollo que los escaparates de los centros comerciales exhiben y la publicidad magnifica; por otro, el mundo de la violenta realidad que los salvadoreños y las salvadoreñas enfrentan a diario, soñando con tener lo que la sociedad les oferta pero careciendo de las posibilidades y los medios para obtenerlos.

Pese a tanto infortunio, creo profundamente que a medida que comprendamos que más importante es el “ser” que el “tener”, la solidaridad más que el egoísmo, el amor a nuestros hermanos más que el odio y la indiferencia, todos los salvadoreños podremos salir de las entrañas del mal... El Reino de Dios es una realidad que debemos construir todos los días.

Pese a tanto infortunio...

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