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2011/03/05

EDH-Más revoluciones

 Carlos Mayora Re.05 de Marzo. Tomado de El Diario de Hoy.

¿Qué les está pasando a los árabes? Más aún: ¿es posible meterlos a todos en una misma categoría y hablar así, sin matices, de "los árabes"? Es verdad que los unifica la raza, la historia, la lengua y –por supuesto– la religión, y que hasta hace poco también los unificaba la política: gobernantes con muchos años de detentar el poder. Pero algo está cambiando.

Primero Túnez, después Egipto, pronto, quizá, Dubai, últimamente Libia, y quién sabe si seguirán Jordania, Yemen, Argelia… A todos nos cogió por sorpresa, ni se pudo predecir, fue todo tan rápido que aún estamos buscando explicaciones no sólo de lo sucedido, sino de lo que podría pasar antes de que termine este año.

Coincido con algunos analistas que ven en el proceso del Medio Oriente una muestra más de la complicada predictibilidad del comportamiento humano. Una posición que contradice tanto a los marxistas, que piensan que su maestro descubrió las leyes de la historia; como a los economicistas, convencidos de que todo proceso social puede explicarse desde las riquezas y sus movimientos por medio de los mercados.

Llevamos muchas revoluciones en los últimos quinientos años: desde la Reforma protestante a principios del Siglo XVI, pasando por la Revolución Rusa y la disolución del bloque soviético, las guerras de independencia de todas las colonias en América, África y Oceanía, y –por supuesto– el paradigma de las revueltas: la Revolución Francesa.

Pasada la batalla, dice la sabiduría popular, todos son generales. Y es verdad: una vez consumada una revolución, cada uno desde su campo: historiadores, economistas, politólogos, etc., intentan hacer concordar sus presupuestos con lo sucedido, a la vez que tratan de predecir un futuro que con cierta terquedad, se muestra casi siempre testarudo y difícil de pronosticar.

Pero seguimos intentando dominar la naturaleza, poner a nuestro servicio las cosas del mundo, y no nos conformamos con darle el papel de protagonista a la libertad humana, mientras queremos dárselo a los condicionamientos y necesidades que, sólo porque creemos entender, pensamos que podrían explicar lo que ha pasado, está pasando y terminará por pasar en un futuro más o menos cercano.

La verdad es que no somos capaces ni de predecir con un cierto grado de confiabilidad el estado del tiempo, y a veces nos creemos dueños de las leyes que rigen las sociedades, pensando que tenemos la clave de interpretación de todo lo que sucede. Para muestra un botón: Hong Kong después del dominio británico.

Tengo para mí que sí tenemos una de las claves más significativas para lograr cierta interpretación de lo que pasa: la libertad. Pero es una clave un tanto tramposa, pues no se comporta como lo haría cualquier ley decente: siempre con regularidad, echando mano de las excepciones para confirmarse a sí misma. No.

La libertad es elusiva, escapa de las definiciones y de los condicionamientos, se comporta a la manera de los camaleones, pero sigue siendo ella misma en todas las circunstancias, buscando sobrevivir a pesar de todas las tiranías, sin importarle que éstas provengan de otros seres humanos, deseosos de imponer su libertad por encima de las de los demás, o de la naturaleza y sus leyes, que sujetan a todos los hombres, por el hecho de ser precisamente eso: hombres.

¿Qué va a pasar en el norte de África? ¿Se instalarán democracias al tipo occidental (que es lo que este lado del mundo esperaría)? ¿Se adueñarán de la sociedad los fanáticos religiosos, los militares, los intelectuales? ¿Estará por comenzar una segunda ronda de autócratas? Si contestara alguna de esas preguntas me contradiría a mí mismo, por lo que sólo cabe, esperar.

elsalvador.com, Más revoluciones

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