Mauricio Alarcón.20 de Marzo.Tomado de Contra Punto.
WASHINGTON - Aunque se ha mostrado suficiente deferencia e indiferencia en el país ante la visita de Barack Obama a El Salvador, muy pocos le dan el carácter estratégico que tiene dicho evento y su impacto. No están solos, aquí en EEUU y en otros países también hay muchos sorprendidos. A pesar de que los factores están a la vista, parece que en El Salvador no se entiende que cuando un presidente americano viaja a un país, este va representando a su gobierno, a su nación y en el caso de un presidente en su primer periodo presidencial que es candidato para el próximo, también a su partido.
Otro factor que debe incorporarse al análisis de la visita del presidente Obama a Brasil, Chile y El Salvador es la situación económica del mundo y las relaciones de EEUU con Latinoamérica. En cuanto a la visita de Barack Obama a El Salvador, las razones están aún más obvias. Estados Unidos tiene 2.5 millones de individuos de origen salvadoreño en su territorio, de los cuales cerca de un millón son ciudadanos estadounidenses. Además hay que recordar que si bien ahora se plantea a El Salvador como eslabón más fuerte para la guerra contra el crimen organizado en el continente, este país fue para EEUU el eslabón más pequeño o más débil durante la Guerra Fría.
Si bien la izquierda se ha mostrado contenta con el evento, y algunos de sus diputados han incluso celebrado la visita como buena movida del presidente Mauricio Funes, la actitud del FMLN ha sido aun tibia y corta para obtener más de esta visita. No obstante muchos de sus dirigentes vivieron en la montaña, ahora no parecen percibir que la montaña llega a ellos.
La actitud de la derecha en El Salvador ha sido además de apática, ingenua. Aunque han sido muy hábiles para recoger frutos de un supercapitalismo globalizado que pasa por su territorio, no parecen entender que la Guerra Fría pasó hace algún tiempo. Pareciera que el mal sabor de la derrota electoral les paralizo todo el cuerpo, limitando su política a una serie de quejidos, que de no reparar, se les pueden hacer una enfermedad terminal.
A simple vista, la visita del presidente Obama a Latinoamérica tiene el propósito de renovar las relaciones continentales. Lo sorprendente del derrumbe del socialismo de estado y del desarrollo asiático no le ha permitido al estado americano asentir el desarrollo político y económico de sus vecinos del sur, y sobre todo, lo estratégico de su amistad. La administración Obama, conciente de que la inversión directa de su país, de más de 142 mil millones de dólares en Latinoamérica, esta llegando a un terreno fértil, pero olvidado, decide hacer una visita que puede ser el primer paso de una nueva dinámica económica y política en el hemisferio occidental.
El mismo Obama pueda que no se esté percatando de la dimensión del impacto histórico de su visita. Richard Nixon creía que estaba abriéndole mercado a los productos americanos cuando decidió visitar la China Comunista, y nunca sospechó que estaba abriendo la fábrica del mundo que haría de nuestros países meros consumidores e inversionistas. Las economías de los países latinoamericanos que ahora crecen a un promedio del 5%, se han desarrollado con poca o ninguna ayuda de Estados Unidos, como lo hicieron Europa y Asia.
Al profundizar un poco en la percepción económica de la visita, las explicaciones respecto de Brasil y Chile encuadran sin mucho esfuerzo. Si hablamos de Brasil, es la séptima economía del mundo con un 60% del producto interno bruto de toda Latinoamérica. Con Chile, EEUU tiene un excedente comercial de productos de casi 400 mil millones de dólares. Un viaje a estos países puede significar fácil la firma de 15 o 20 tratados comerciales que beneficiarían a coloso del norte.
Pero cuando se busca explicación para el por qué un presidente americano visita El Salvador, la cosa se complica y se presta para interpretaciones que van desde ganar tiempo durante los ataques a Libia hasta el de venir a felicitar a Funes por su excelente liderazgo.
Todo queda y todo cabe en las posibilidades de un mundo que se transforma a pasos agigantados. Pero El Salvador ha sido, es y será para Estados Unidos, un país muy importante, digno de una visita presidencial. Y en muchos aspectos, no necesariamente comerciales, el pulgarcito de América se distingue de Brasil y Chile.
Los que sólo ven a El Salvador desde su escandaloso consumismo desenfrenado generado en gran parte por la inyección de miles de millones de dólares que en calidad de remesas familiares llegan al pequeño país centroamericano, han olvidado que hace menos de 20 años, El Salvador era para Estados Unidos el país donde trazó la línea en su Guerra Fría con los soviéticos. El Salvador era el país donde EEUU invertía un millón de dólares diarios en una guerra de baja intensidad contra la guerrilla más fuerte, efectiva e ideologizada del continente. Este país cuyo movimiento de masas forzó reformas agrarias y hasta la nacionalización de la banca durante los ochentas, se ha transformado en una democracia político-electoral donde los dirigentes de izquierda más temidos por la derecha son exitosos empresarios. La política de estado, que acompaña a Obama como estadista donde quiera que vaya, no descuida esa trayectoria de El Salvador en su valoración a futuro.
Como actual gobernante, Obama no puede ignorar la cantidad de recursos que EEUU tiene invertidos en este país de sólo 21 mil kms cuadrados, empezando por su embajada y los más de 3mil millones de inversión directa en el país. Tampoco puede dejar de tomar en cuenta el carácter de puente o corredor de drogas y el potencial que para el lavado de dinero que muchos analistas americanos le adjudican al dolarizado país centroamericano.
Ningún país del mundo le da 462 mil millones de dólares para hacer una carretera para comunicar un tercio del país, sólo para que se vea bonito. Ya sea por su moneda, por su tamaño, por su desarrollo o su ubicación geográfica, El Salvador tiene todo el potencial para ser en los años venideros, el eslabón más fuerte en América latina en su lucha contra el crimen organizado, que ya ha llegado a la frontera de Estados Unidos con México.
Y, aunque se haya dejado por último en el perfil que acompaña al presidente norteamericano en su más reciente viaje a Latinoamérica, El Salvador es el único de los tres países visitados con 2.5 millones de conciudadanos en EEUU. Los estrategas políticos de Barack Obama, candidato a la reelección presidencial, no pueden ignorar los alrededor de un millón de votantes de origen salvadoreño. Además de ser el tercer o cuarto grupo hispano más grande entre el electorado estadounidense, los salvadoreños son votantes.
Si bien el gobierno salvadoreño de Funes y los anteriores como las organizaciones comunitarias focalizan su esfuerzo en los que recién migraron a Estados Unidos, hay una cantidad significativa de salvadoreños naturalizados que llegaron en su mayoría en la década de los ochentas. Muchos de estos escaparon la persecución política y la guerra civil. A estos más que a los que se favorecerían con una residencia permanente les alegra ver a un presidente de Estados Unidos visitando la tumba de Monseñor Romero. Es grande y significativo el gesto de Obama para los que otrora fueran bendecidos por la luz y la palabra de Monseñor en su búsqueda por la democracia para su país. La mayoría de estos y sus hijos no van a olvidar que Obama visitó su país natal y a Monseñor, a la hora de emitir su voto en las elecciones presidenciales del 2012.
Aunque muchos políticos y nosotros los de los estrados no entendamos plenamente el porque de la presencia de Barack Obama a El Salvador, la visita del mandatario estadounidense a suelo cuzcatleco es estratégica y tendrá un impacto muy grande en el presente y futuro de El Salvador y EEUU. Su potencial efecto en la población salvadoreña dentro y fuera del país e incluso entre otros que invierten y/o hacen turismo en el país, va ser positiva.
Pese al poco entendimiento previo de lo que ofrece a simple vista, esta visita, El Salvador no va ser el mismo después de la visita de Obama. Va ser una lástima que no se aproveche a plenitud su potencial. La derecha salvadoreña podría usar la visita para reconectarse y modernizar su participación en una democracia electoral post Guerra Fría, ya que se le acaba lo anacrónico y superficial de sus consignas de la izquierda es antisistema.
La izquierda y el presidente Funes podrían aprovechar el momento para limar asperezas que limitan la cooperación entre los países, especialmente en materia judicial y seguridad. A El Salvador lo visita el presidente, estadista y por ahora el político mas poderoso de los Estados Unidos. Sus pasos en el país están siendo seguidos por muchos en EEUU, especialmente por los salvadoreño-americanos y todas las amistades que estos han construido durante los más de treinta años en su nueva patria. En el mundo, hay muchas personas y países que les hubiera gustado que el presidente Obama los visitara.
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