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2011/04/01

LPG-Movimientos enlazados: democratización y globalización

 Los fenómenos reales tienen, en cada momento histórico, su propia forma de interrelacionarse y de determinarse entre sí. Durante la época de la bipolaridad, en la que había dos grandes centros irresistiblemente dominantes —Estados Unidos y la Unión Soviética—, lo que se daba era un doble remolino, con el respectivo poder de succión. Al producirse el desaparecimiento autoinducido de la Unión Soviética se extinguió la bipolaridad, y el polo sobreviviente —Estados Unidos— dejó de serlo en la forma en que venía funcionando. Lejos de fortalecerse por eso, el poder de dicho polo sobreviviente se viene restringiendo, tal como los hechos posteriores lo demuestran; y esto genera un fortalecimiento en otro sentido: empezar a autorreconocerse internamente, según se vio en la elección sin precedentes del Presidente Obama.

Escrito por David Escobar Galindo.01 de Abril. Tomado de La Prensa Gráfica.

...la reciente visita del presidente Obama a El Salvador: más que como un endoso de las relaciones entre los dos países, habría que dimensionarla como un reconocimiento de la ejemplarizante presencia salvadoreña en la dinámica del nuevo mapa regional y global.

La actualidad presenta, al respecto, una forma de desafío redefinidor, que parte de un hecho también sin precedentes: esta apertura del mapa mundial, en el que ya no es posible hacer exclusiones artificiosas. En la época anterior, los “indeseables” según la lógica de los centros de poder, simplemente eran borrados del mapa. Hoy, eso ya no es sostenible. Y esto, sin duda, acarrea consecuencias que no estaban en la agenda de los antiguos tomadores de decisiones —que eran las “grandes potencias”—, y que ahora hay que enfrentar sin evasivas, como efecto natural del despliegue de energías globales en un escenario también global. La globalización, pues, que empezó siendo considerada un movimiento al servicio de los grandes intereses de siempre, viene volviéndose una creciente oportunidad de hacernos todos compañeros de viaje en la amplitud del mapamundi.

Los fenómenos sociopolíticos que han emergido en estos días en el mundo árabe dramatizan novedades francamente inesperadas. La revuelta ciudadana contra un tipo de poder que parecía invulnerable —en países como Egipto y Libia— muestra signos de última hora, como el uso expansivo de las comunicaciones virtuales. En aquella zona, lo que está moviéndose es el reclamo de democratización, que toca estructuras montadas sobre un poder tradicional sacralizado. Y esto muestra algo que es muy propio de la energía desatada en estos tiempos: la proyección global de sus impulsos. Por eso hay que enlazar analíticamente esas dos realidades tan patentes en el día a día: globalización y democratización, porque van íntimamente vinculadas en la palpitación del acontecer histórico presente.

Sobre esas bases, pasemos a ver el caso de nuestro país. Los salvadoreños, endémicamente huérfanos de democratización, fuimos víctimas indefensas de la bipolaridad, allá en las agresivas postrimerías de ésta. Se ha tomado muy poco en cuenta, al hacer valoraciones sobre el proceso de conclusión de nuestra guerra interna, lo fundamental que fue para el mismo que en 1989 se desfondara la bipolaridad: ese hecho nos dejó libertad para diseñar nuestra fórmula original de tránsito pacífico hacia una nueva fase, que es ésta por la que avanzamos. Y así nosotros, los salvadoreños, le dimos carta de ciudadanía a nuestra democratización al mismo tiempo que empezaban a vislumbrarse las primeras señales de la globalización. Estábamos, pues, en el lugar indicado y en el tiempo indicado. Valorémoslo en lo que tiene de determinante.

No es de extrañar, entonces, que este momento de nuestra evolución democratizadora se complemente de manera tan natural con el imperativo de hallar nuestras propias vías en el terreno abierto de la globalización. En ese marco hay que ubicar la reciente visita del presidente Obama a El Salvador: más que como un endoso de las relaciones entre los dos países, habría que dimensionarla como un reconocimiento de la ejemplarizante presencia salvadoreña en la dinámica del nuevo mapa regional y global. Nos cuesta entenderlo, porque hemos vivido consuetudinariamente negados a autorreconocernos como entidad nacional generadora de ejemplo constructivo, aun en el ámbito de la recreación histórica que llamamos globalización, cuando esto debería ser una especie de elíxir inspirador de la autoestima que tanto necesitamos.

Dentro de la lógica de los tiempos que corren, ya no es posible disociar los procesos internos de las naciones del proceso internacional que los enmarca, y viceversa. Por todas partes vemos brotes democratizadores, y no es un fenómeno casual, sino perfectamente coherente con el dinamismo conductor de los tiempos. Según puede percibirse de resultas de un análisis responsable de los aconteceres reales y globales del presente, lo que está emergiendo es una reanimación del humanismo, en dimensión práctica, y el régimen que mejor propende a ello es la democracia. Ahora mismo, pues, democratizarse es globalizarse y globalizarse es democratizarse. No podría ser de otra manera. Y no por determinismo fatalista, sino por coherencia liberadora. No es de extrañar, entonces, que la ola vaya ganando terreno, como un tsunami benefactor.

Movimientos enlazados: democratización y globalización

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