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2011/04/12

La Página-El salvadoreño es "hacelotodo", no un gran trabajador-Diario digital de noticias de El Salvador

Escrito por Marvin Aguilar.12 de Abril.Tomado de La Página.

Siendo alumno de bachillerato, Víctor Espinoza, profesor de física y matemáticas se dirigió a mí en plena aula y me dijo: ¿Cómo piensa usted ser un ciudadano de éxito si no sabe nada de números? ¿Cree qué puede llegar a ser alguien? Este docente obviaba mis éxitos en la oratoria, en las materias humanísticas, liderazgo de grupo así como mis relaciones estupendas con muchos compañeros de colegio. Mi creatividad y notable inteligencia emocional en plena guerra civil no representaba nada frente a mi deficiencia en matemáticas y lenguas.

Este es un ejemplo típico de lo que se llama: cultura del cumbo cangrejero. La motivación es algo difícil en las aulas salvadoreñas. Seguimos con los modelos educativos de la época medieval: la supremacía del mito sobre la ciencia, jerarquía social muy marcada, estilos de vida provincianos. El descubrimiento de la imprenta, la masificación de la televisión fueron los verdaderos generadores de cambios en occidente.

Nuestros jóvenes aprenden más en las redes sociales - unos de otros, como en la prehistoria- que en los salones de clases. De esta manera ellos comprenden mejor la diferencia entre ser educados para una sociedad pos-fordista que para la era informacional.

YSUCA en un editorial hace algunos meses sostenía que de nada valía poner la materia de Moral, Urbanidad y Cívica como ejemplo de formadora de buenos ciudadanos, ya que eran precisamente esas generaciones, instruidas bajo ese régimen educativo las que habían llevado a cabo fraudes electorales, formado escuadrones de la muerte y protagonizado el conflicto armado recién pasado.

Después del fracaso de imponer la lectura de la Biblia en las escuelas, nadie ha seguido con el tema de cómo volver a nuestros niños y jóvenes mejores personas. ¿Por qué no se plantea las artes como medio para no solo disminuir la violencia sino para volvernos creativos y por consecuencia lógica, productivos en la vida diaria y el trabajo?

El salvadoreño es hacelotodo, no trabajador

Ser trabajador no es quien más se esfuerza físicamente, sino quien piensa mejor las cosas, luego las ejecuta de manera optima; lograr posición social ascendente no es ser profesional, es más bien trabajar del título obtenido y, no de un empleo de subsistencia. Ser vivo no es ser inteligente, hay que ser capaz de resolver problemas.

De toda esta confusión de conceptos el culpable es nuestro actual sistema educativo: viejo, obsoleto, rígido y memorista. Estancado en la idea de la ilustración de la academia, ha terminado fijándose más en la ortografía y la puntuación y no en lo aburrido que es.

Por eso nuestros niños-jóvenes no aprenden nada, debido a ello incluso jamás sabrán cuáles son sus verdaderas capacidades intelectuales. Nuestros alumnos en las aulas están cansados, hastiados y salen gracias a nuestros textos sobre dosificados de anomia social.

De lo académico a la contemplación como modelo educativo.

¿Alguien en el Ministerio de Educación o en la clase política sabe cómo ayudar a elegir cuál es el dominio para el que los jóvenes salvadoreños son buenos? Según el Dialogo Nacional por la Cultura llevado a cabo por la pasada administración de CONCULTURA, se les pregunto y esto fue lo que ellos dijeron, deseaban: oficios, computación, idiomas, valores morales, pintura, arte, educación cívica, relaciones interpersonales, educación sexual, baile.

En nuestro país por otra parte, cuando se habla de calidad educativa se está hablando de matemáticas y física, eso es equivocado. Desde luego son importantes, pero no son la única forma para salir del subdesarrollo: las artes, humanidades, deporte ayudan a salir de la pobreza, son pares no secundarias.

Tal como el educador de mi bachillerato creía, la categorización de las materias a impartir comenzaba siempre por las ciencias positivas y las lenguas, abajo se ubican las humanidades, geografía y estudios sociales.

Filosofía no enseñamos, no entendemos que educar en música o danza periódicamente y con la insistencia de los números nos volverá creativos y que es solo con esta herramienta que podremos enfrentarnos a las crisis que se avecinan. Sobrevivir como nación quiero decir.

Jamás te dediques al arte, la música, recomiendan los padres a los hijos, y eso es meramente por la prevalencia del dinero y los bienes materiales en la vida humana nacional sobre la felicidad espiritual, emocional y sentimientos, paradójicamente estos últimos son los que nos hacen más cristianos a los seres humanos.

No es de extrañarse que para las fiestas de noviembre el alcalde Salgado haya decidido eliminar la comisión de cultura bajo el argumento de que el gasto presupuestado para las artes era igual al costo de dos orquestas para el carnaval, con su resolución concluía el edil: disfrutaba más gente que con un concierto de algún ensamble de cuerdas o una pieza de teatro.

En nuestra realidad ha prevalecido lo que Paulo Freire denominó concepto bancario de la educación, y esto es un modelo basado en la producción, inspirado en algo tan antiguo como la revolución industrial. Ahora los alumnos no son tales, son clientes; los docentes ya no son más, sino que al parecer se dibujan como meseros que presentan a la carta la materia que imparten.

En concordancia con la sique salvadoreña más que un modo total académico se impone uno compartido con lo contemplativo, la forma oriental de enseñar. El sistema debería crear una persona de alto estándar llevándole a obtener una buena crianza, entendida esta como la capacidad de sociabilizar con toda persona; buena educación, un sistema educativo creativo y conocimiento, un buen entendimiento así como su ubicación en el mundo.

La educación es personal, por lo tanto debería de ser algo que nos ayude a mejorar: individualmente, culturalmente, satisfacer nuestras necesidades económicas. No se está contra las ciencias, sino estamos por igualarlas, equiparar el coeficiente intelectual con la inteligencia emocional; reconciliar ilustración con romanticismo.

Nadie como Roque Dalton definió a los salvadoreños en Poema de Amor, ya antes lo había hecho notablemente Alberto Masferrer en el Dinero Maldito o Salarrué con su costumbrismo. Ninguno allí es trabajor, son humanos que subsisten: haciéndolo todo, vendiéndolo todo, comiéndolo todo, bebiendo hasta llegar al pleito, gastando más de lo ganan, vivos rebosantes de viveza, gente triste, quizá muy a pesar de sentirse los más felices, los más tristes del mundo. Alguien así, que razona que es injusto caminar más cuadras para abordar el autobús ¿es trabajador?

Diario digital de noticias de El Salvador

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