Escrito por Juan Héctor Vidal.20 de Marzo.Tomado de La Prensa Gráfica.
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Que yo recuerde, ninguna edición anterior de ENADE tuvo como antecedente un enfrentamiento tan desgastante entre el gobierno y la empresa privada, como en la última. Diferencias con los gobiernos de turno, por supuesto, siempre las hubo, pero no al punto de ventilar públicamente —y a veces con un lenguaje salido de tono— desencuentros que no llevan precisamente los mensajes que espera la población de dos actores claves cualquier sociedad que aspire a su transformación de manera pacífica. En esta oportunidad, indudablemente la ideología, hizo la diferencia.
Y parte de los mensajes, tanto del presidente de la República como el líder máximo del sector privado organizado del país, así lo insinúan. Sin embargo, los principales medios de comunicación escrita también recogieron algo que resulta crucial para moldear el futuro del país. Para el caso, LPG consigna al inicio de su reportaje sobre el desarrollo de ENADE XI lo siguiente: “Empresa privada y Ejecutivo plantean la necesidad de trabajar en conjunto por la unidad nacional y consenso en temas de país, con el compromiso de dejar intereses ideológicos y sectoriales”. Con ciertos matices, otros medios se hicieron eco del mismo mensaje.
Podría decirse entonces que en dicho evento, ambas partes se hicieron eco, cada una a su manera, del clamor de la población. Obviamente, el componente ideológico tampoco podía estar ausente. Empero, siendo realistas se llega a la conclusión de que algo tenían que ofrecer a un país que ya no resiste los niveles de desgaste, confrontación e intolerancia que lo mantienen anclado en el subdesarrollo en su más amplia expresión, con el riesgo de echar definitivamente por la borda los presupuestos de los Acuerdos de Paz.
El mensaje del ex presidente Lagos de Chile, sirvió de lección para la búsqueda de un mayor entendimiento entre el gobierno y la empresa privada. En la misma línea van ciertos mensajes que se han escuchado de parte de algunos voceros del presidente Obama, a raíz de la visita que hará éste al país. Esto último no puede ser ignorado, ante la posibilidad de que los Estados Unidos haga una apuesta especial por El Salvador, para contribuir a consolidar su democracia y sacarlo del estancamiento económico que registra desde hace quince años. En lo personal y creyente como soy de la libre iniciativa y de la economía social de mercado, considero que entre el ámbito de acción de la empresa privada y las acciones que hasta el momento ha tomado el gobierno en el campo económico y social, hay un enorme espacio para buscar entendimientos mínimos y un consenso básico alrededor del país que queremos. En esto parto de la premisa de que está en la agenda del presidente Funes —y esto lo digo a partir del respecto que ha mantenido por el sistema de libertades— un intento de apartar al país de los principios y valores que han moldeado nuestra nacionalidad; como tampoco creo que esté en la agenda de los empresarios aglutinados en ANEP, torpedear su gestión, porque esto equivaldría —valga mi interpretación personal— a una acción contra sus propios intereses y peor aún, contra el país.
Carlos A. Montaner, periodista -y quien por cierto fue el orador principal en la novena edición de ENADE —entrevistado por Calas de CNN el miércoles pasado— más o menos dijo lo siguiente: no se puede culpar del todo al presidente Funes por la situación económica y social que vive El Salvador (…) la responsabilidad la tiene más el “capital cobarde” que prefiere emigrar antes que apostarle al país. Resaltó, que la visita del presidente Obama responde, en parte, a que Funes ha respetado las libertades fundamentales en que se sustenta toda democracia liberal.
Si alrededor de estos temas hay coincidencia entre nosotros, ¿qué nos impide unir esfuerzos y voluntades para transformar pacíficamente a El Salvador?
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