Evangelina del Pilar de Sol.20 de Marzo.Tomado de El Diario de Hoy.
El famoso refrán del título, refiérese a tener calma cuando esperamos un desenlace favorable a situaciones ansiadas, porque este desenlace podría tomar algún tiempo cuando las cosas se complican.
Algo así está pasando con el plan de reordenamiento de nuestra --antaño-- bellísima capital San Salvador, iniciado exitosamente por el Alcalde Norman Quijano. Esto lo podemos apreciar en muchas calles y avenidas, anteriormente secuestradas por los vendedores informales y la delincuencia, y que ahora lucen espectacularmente lindas nuevamente, especialmente el PASEO Independencia, llamado así antes de ser invadido por prostíbulos, etc.
Desafortunadamente, ante los tira y encoge de la política, el pasado lunes 14 de marzo el reordenamiento se volvió un desmadre para la ciudadanía.
Aunque las reiteradas peticiones de ayuda del edil al vice-Ministerio de Transporte para planificar juntos el reordenamiento finalmente tuvieron eco --como debió ser desde un principio ante la cercanía del bicentenario capitalino y años luz después que decenas de gobiernos anteriores perdieran el control del orden en nuestra capital--, pero el vice-Ministro de Transporte desatinadamente desestimó toda sugerencia del Alcalde Quijano.
Más, increíblemente, anunció por televisión estar planificando ya, juntamente con los alcaldes efemelenistas de Soyapango y Santa Tecla --(con ellos sí)--, la reorganización del transporte público allí.
No obstante lo bueno del reordenamiento, vemos cómo el vice-Ministro parecería más empeñado en beneficiarse personalmente y en fastidiar al Alcalde capitalino, que en trabajar por el bien de la población, siendo que aunando esfuerzos de las partes interesadas se erradican errores, solventan dificultades y se avanza, especialmente como en este caso que ya había planificación elaborada detenidamente por la comuna. Pero él prefirió armar atropelladamente su proyecto, interesándose poco en las consecuencias que su arrebato causaría a una gigantesca cantidad de usuarios.
Su precipitación, sin anuncios previos, sin una buena estrategia de orientación siquiera para los guías contratados, que enviaban a la gente a paradas de buses equivocadas, también ha causado inversiones innecesarias que pudieron evitarse, ya que la organización para disminuir contratiempos estaba contemplada en la planificación edilicia. Mediante los noticieros, pudo verse cómo los abatidos usuarios no entendían absolutamente nada, lamentándose tener que llegar tarde a sus trabajos. Vimos cómo, una señora filmada por Canal 12, que debía entrar a su turno hospitalario a las seis de la mañana, los orientadores policías y colaboradores la enviaban de una parada a otra equivocadamente, hasta que finalmente, aunque tarde, encontró su bus. Así apreciamos a muchos ciudadanos tonteando varios días. ¡Ingratitud! La excusa del vice-Ministro fue algo como un "que se aguanten, ya aprenderán", o sea… "paciencia piojo…."
Aunque la intención sea buena deja de serlo cuando prevalece el ego de algunos, pues sólo trabajando coordinadamente se progresa… y se ahorra. Así vemos nuevamente invasiones de ventas callejeras en carretones, apropiándose de la Rubén Darío frente al Palacio Nacional. Entonces, ¿sirvió el reordenamiento del transporte, o se está con éste subvirtiendo el reordenamiento callejero, anteriormente logrado por Quijano?
El vice-Ministro debe tomar ejemplo de su jefe, Presidente Funes, quien invoca la unidad despojándose de intereses personales (y agregaría yo, con humildad que no es fácil, ante la justa reticencia de la empresa privada, causada por los marxistas chavistas-efemelenistas), y está haciendo lo imposible por ganarse su confianza, reconociendo que sin inversión privada los gobiernos están "fritos" y los pueblos terminan en la miseria. Verbigracia: Cuba, Venezuela.
El Presidente muestra claro deseo de sacar al pueblo adelante, estancado por la anterior crisis mundial y en momentos que el mundo parece estar viviendo los peores años de su historia, agravados por los problemas del Medio Oriente, que consecuentemente repercuten en los precios del petróleo, afectando catastróficamente a los países pobres, sumado ahora a la tragedia en Japón que poco se sabe qué consecuencias traerá a la humanidad.
Ante tanta incertidumbre futura pronosticando lo peor, todos los salvadoreños del quehacer político, empresarial y privado deben unirse en el combate contra estos apocalípticos presagios.
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