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2011/03/04

EDH-Editorial-El candado constitucional para la eficiente agricultura

 Se debe reconocer, con los pies en la realidad, que la población de un país no se sostiene con la producción artesanal, por más financiamiento, asistencia, ayuda y mercadeo que esta reciba

04 de Marzo. Tomado de El Diario de Hoy.

 

Un consorcio agrícola estadounidense se estableció en nuestro país para cultivar y procesar frutas y vegetales, pero tuvo que renunciar a su proyecto original de expansión debido a las limitaciones constitucionales al tamaño de las propiedades. Con esa agroindustria no sólo se habrían generado miles de empleos directos, sino también un ente capaz de absorber una sustancial parte de la producción agropecuaria, incluida la de pequeñas y medianas propiedades.

La agricultura a limitada escala puede sostener, aunque precariamente, familias y comunidades rurales, como también suplir mercados más grandes con productos especializados como cebollas o chiles. Mientras más diversificada sea la producción, más posibilidad hay para absorber cosechas de toda clase. Y la mejor forma de potenciar la agricultura es a través de la agroindustria.

Pero se debe reconocer, con los pies en la realidad, que la población de un país no se sostiene con la producción artesanal, por más financiamientos, asistencia, ayuda y mercadeo que esta reciba.

Por otra parte, en lo que respecta a los programas para enseñar a los que no saben, generalmente el objetivo que se busca es tomar las fotografías y montar campañas publicitarias, aunque ello cueste más dinero que el valor de las cosechas que se obtengan. Las fotografías oficialistas y las inauguraciones son, en estos tiempos, el opio del pueblo.

Con la reforma agraria de los Ochenta, pese a la asistencia de los expertos foráneos que vinieron a destruir nuestra agricultura, se comprobó que en esta tierra lo que menos abunda es gente con los conocimientos para capacitar a pequeños y medianos agricultores.

Habrá un alto costo de enseñanza a los enseñadores para que estos, a su vez, enseñen a los campesinos.

¿Dónde han sido exitosas tales maravillas?

A esto hay que agregar el enorme costo de programas que son todo menos autofinanciables. Los gobiernos gastan más en estudios, controles, oficinas, secretarias y consejeros (los parientes y amigos), vehículos de doble tracción, viáticos, cursos audiovisuales, etcétera, que en las capacitaciones, con el agregado de que la mayor parte de veces los capacitados vuelven a sus viejas prácticas cuando sus mentores dan la vuelta, como sucedió en los Ochenta. La mejor prueba del fracaso es que el "sector reformado" nacional está en la bancarrota, incapaz de pagar los créditos que recibió y produciendo muchísimo menos de lo que esas tierras cosechaban antes.

Es claro que el dinero para sostener esa suerte de programas se sustrae vía impuestos a los productores nacionales, es decir a productores eficientes, para entregarlo a quienes por definición son ineficientes. El empleo real que generarían los productores es mucho mayor que el empleo creado transitoriamente con programas sacados de la manga que no son sostenibles al suprimir a la nodriza.

Hay que sumar a lo anterior el acoso del crimen organizado, la "renta" que cobran los "menores infractores", los robos en las propiedades y, lo que es siempre un problema, que el programa se utilice como una forma de premiar a adeptos y coaccionar a los no adeptos, con el agravante de que nadie sabe lo que los benefactores van a pedir a cambio.

No sabemos de programas como el propuesto que hayan sido exitosos en países con su economía en crisis, que sufren de una grave inseguridad jurídica, acosados por criminales, con pocos recursos y mercados débiles.

elsalvador.com, El candado constitucional para la eficiente agricultura

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