16 de Enero. Tomado de Simpatizantes del FMLN.
Son apenas los inicios de una Reforma Educativa y ya se han empezado a escuchar los tambores de guerra o los anacrónicos y epopéyicos “Arderá Troya”, de los mismos poderosos sectores económicos, medios de prensa anclados en la prehistoria y los lacayos y testaferros siempre viviendo dentro del presupuesto de la oligarquía.
Es paradójico porque los “grandes empresarios” e industriales son los que supuestamente apoyan una sociedad avanzada del conocimiento y, precisamente, la educación, la enseñanza, en todos los niveles, se mueve en el terreno seguro de los métodos experimentales y científicos. Es ciencia, y sobre todo es técnica que puede plantear y resolver, orientar, organizar, sistematizar y parece, incluso, que puede tener a su cargo la transformación del mundo.
La educación es parte del aparato ideológico de un gobierno y puede ser también de un partido político, siempre y cuando se trabaje con responsabilidad y viendo hacia el futuro. En tal sentido, es aceptado por todos que un Sistema Educativo no se cuestiona acerca de sus fundamentos sino de sus resultados. Hace muchos años, durante el régimen de Fidel Sánchez Hernández, se cuestionó mucho al Ministro Walter Béneke, por haber desechado los planes de alfabetización para los adultos mayores por “ser una inversión ya no rentable para el Estado”, así como eliminar la Escuela Nacional de Música, el Conservatorio Nacional y, en fin, el corazón de la cultura nacional. En el programa educativo de la secundaria y bachillerato se eliminaron materias importantes como la moral, urbanismo y cívica, así como el estudio de la astronomía, la trigonometría y la geometría. En el presente sería evidente por lo tanto que los nuevos métodos y las nuevas técnicas en el campo de la educación deberían permitir lograr una nueva sociedad y un nuevo tipo de hombre. Pero es justamente frente a estas concepciones que surgen los ataques viscerales de instituciones y personas vinculadas a la oligarquía. En todo caso, al Ministerio de Educación se le plantean las interrogantes sobre el tipo de reforma por emprender y qué tipo de sociedad y de ser humano queremos para el futuro.
La educación puede transformar todo, pero se olvida –decía Marx–, que el educador debe a su vez ser educado; ya entonces veía este pensador con claridad que hay un fundamento más allá de la ciencia y de la técnica. La objetividad y la neutralidad, de la Ciencia Pedagógica y de la Ciencia de Occidente esconden una cierta concepción del mundo y del hombre que es determinante aunque se la ignore o se la niegue. Hasta nuestros días, el modelo educativo únicamente ha formado seres humanos para insertarse y servir en el sistema de producción y en el aparato reproductor del Estado. El mundo de la técnica moderna hace del hombre mismo un instrumento más en la serie de instrumentos. En los niveles primarios y elementales o en los más altos de la más alta educación superior, en la vida cotidiana o en la técnica avanzada, en la política o en la “ciencia pura”, en todo se manifiesta este fundamento último de la historia de occidente y ahora historia mundial.
La educación en El Salvador, desde preparatoria hasta la universitaria, se ha limitado nada más a transmitir conocimientos sobre determinadas áreas a los alumnos; pero no los ha convertido en seres pensantes, en interlocutores válidos, en formadores y transformadores de su propia realidad. El Administrador de Empresas, por lo general, es un reaccionario y únicamente responde al concepto del dinero, de la mercancía, de los valores materiales. Es rato encontrar un profesional de tal especialidad que cuestione las políticas gubernamentales del neoliberalismo o se pregunte por qué razón los empresarios no ejecutan programas de bienestar social, distribuyen dividendos entre sus trabajadores o brindan más prestaciones sociales a sus empleados.
Hay por lo tanto un fundamento, una idea del mundo y del hombre, que aún sin expresarse o quizás por ello mismo, determinan nuestra vida y nuestros sistemas educativos. La “objetividad”, la “imparcialidad”, la “neutralidad”, del educador, del pedagogo, mientras más se afirman en el rigor científico, metódico, técnico, y rechazan ideas metafísicas, anticuadas, emotivas, como reflexionaba el insigne educador mexicano Vasconcelos, nos muestran más su carácter condicionado y determinado. En nuestro modelo, no hemos tenido un estudiante reflexivo y cuestionador de las enseñanzas no sólo las particulares impartidas por el profesor, sino de las generales. Hubo un tiempo en este país, que en un colegio salesiano se impartía la materia de “sociología cristiana” en el bachillerato, desde luego un intento por “salvar el alma” del joven y prepararlo para supuestamente defenderse de la única sociología, ciencia que estudia los fenómenos sociales, que se impartía en la Universidad de El Salvador. Se trata, en síntesis, de la enajenación del hombre moderno, o como dice Nietzsche, del nihilismo (niega los valores de la sociedad) disfrazado de progreso, de grandes valores y palabras.
En El Salvador se ha mantenido el sistema educativo ajeno a los valores, a la idiosincrasia y la realidad nuestra. Por eso está ya desfasado, como lo comprobaron hace muchos años los jesuitas, y actualmente en crisis, pero no sólo en cuestiones particulares más o menos graves, sino en la “crisis” del fundamento mismo de la ciencia y de la técnica, como advierte Husserl; es pues el deterioro mismo del sistema hasta hoy imperante en el mundo occidental, para ubicarlo de alguna forma; Marx diría “crisis del fundamento de la historia real y concreta del hombre”. Vistas así las cosas, lo anterior esboza o apunta la posibilidad de un cambio radical. Señala la necesidad de transformar el fundamento, es decir, el entorno nuestro y el hombre en el sentido originario y auténtico. Solamente esta transformación permitirá cambiar la educación –educar al educador—pero sólo será posible si replanteamos esos viejos problemas y preguntas pero no ya dentro de los viejos y abandonados lenguajes metafísicos sino a partir de la historia real y concreta, esa que diariamente vivimos y padecemos los salvadoreños.
No es simplemente el incluir en programas educativos materias sobre ecología, ciencia y energía, estructuralismo, derechos humanos, y valores como el bien común, la solidaridad y la participación; sino de cambiar al educador mismo, como lo señalaba Marx. En nuestro medio se habla constantemente de polarización política, de mayor participación de las bases y de crisis en el modelo de los partidos políticos; pero la “crisis” no es una palabra ni una idea abstracta sino una realidad concreta en el mundo actual y con todas las diferencias que quieran señalarse, sobre todo en las sociedades capitalistas y más aún con remanentes feudales, como la nuestra. No hemos encontrado soluciones, no hay ideas claras y precisas acerca del nuevo hombre y de la nueva sociedad. Se trata de una tarea, pero no intelectual ante todo, sino histórica. Es en la historia real donde podrán descubrirse y hacerse tanto el hombre como el mundo; donde podrán superarse la enajenación, el nihilismo, el carácter instrumental del ser humano; donde podrá educarse al educador y fundamentarse, entonces sí, la educación superior y el sistema educativo.
La educación superior no es ni debe ser sino formación o actitud crítica. Crítica en el sentido de “crisis”, de poner en duda, de decir no, de rechazar, pero no en la contemplación o en las actitudes negativas sino en la acción, en la praxis. Entendiendo por praxis tanto el trabajo, como la investigación, la docencia, la creación artística, la acción revolucionaria. Formación crítica, señor Ministro de Educación, Salvador Sánchez Cerén, es poner en crisis, es ir a la raíz, el fundamento, es ir más allá de lo establecido, de los prejuicios y sobre todo de los más solemnes y grandilocuentes.
Si en este gobierno “del cambio” permanentemente estamos aceptando como válidas y buenas las “recomendaciones” de las instituciones y personas vinculadas a la oligarquía, al aparato económico de dominación, nunca podremos ingresar a la era de la ciencia y la tecnología, a los métodos y sistemas avanzados de educación que verdaderamente nos hagan libres y soberanos. Lo reiteramos, la educación superior además de ciencia, técnica, sistema, es y debe ser CRÍTICA. La enseñanza, sobre todo en niveles de post grado, no es sino investigación. En los niveles más altos de la ciencia la educación y la investigación son lo mismo. La educación superior, la investigación, la formación del personal académico, la Universidad, son esencialmente autonomía y libertad, es decir acción crítica. Por esto pensamos que lo académico y la acción, la ciencia y la crítica, la educación, todo expresa y reúne lo real, el fundamento, la historia concreta del hombre.
Publicado por pocote
Son apenas los inicios de una Reforma Educativa y ya se han empezado a escuchar los tambores de guerra o los anacrónicos y epopéyicos “Arderá Troya”, de los mismos poderosos sectores económicos, medios de prensa anclados en la prehistoria y los lacayos y testaferros siempre viviendo dentro del presupuesto de la oligarquía. Es paradójico porque los “grandes empresarios” e industriales son los que supuestamente apoyan una sociedad avanzada del conocimiento y, precisamente, la educación, la enseñanza, en todos los niveles, se mueve en el terreno seguro de los métodos experimentales y científicos. Es ciencia, y sobre todo es técnica que puede plantear y resolver, orientar, organizar, sistematizar y parece, incluso, que puede tener a su cargo la transformación del mundo.
La educación es parte del aparato ideológico de un gobierno y puede ser también de un partido político, siempre y cuando se trabaje con responsabilidad y viendo hacia el futuro. En tal sentido, es aceptado por todos que un Sistema Educativo no se cuestiona acerca de sus fundamentos sino de sus resultados. Hace muchos años, durante el régimen de Fidel Sánchez Hernández, se cuestionó mucho al Ministro Walter Béneke, por haber desechado los planes de alfabetización para los adultos mayores por “ser una inversión ya no rentable para el Estado”, así como eliminar la Escuela Nacional de Música, el Conservatorio Nacional y, en fin, el corazón de la cultura nacional. En el programa educativo de la secundaria y bachillerato se eliminaron materias importantes como la moral, urbanismo y cívica, así como el estudio de la astronomía, la trigonometría y la geometría. En el presente sería evidente por lo tanto que los nuevos métodos y las nuevas técnicas en el campo de la educación deberían permitir lograr una nueva sociedad y un nuevo tipo de hombre. Pero es justamente frente a estas concepciones que surgen los ataques viscerales de instituciones y personas vinculadas a la oligarquía. En todo caso, al Ministerio de Educación se le plantean las interrogantes sobre el tipo de reforma por emprender y qué tipo de sociedad y de ser humano queremos para el futuro.
La educación puede transformar todo, pero se olvida –decía Marx–, que el educador debe a su vez ser educado; ya entonces veía este pensador con claridad que hay un fundamento más allá de la ciencia y de la técnica. La objetividad y la neutralidad, de la Ciencia Pedagógica y de la Ciencia de Occidente esconden una cierta concepción del mundo y del hombre que es determinante aunque se la ignore o se la niegue. Hasta nuestros días, el modelo educativo únicamente ha formado seres humanos para insertarse y servir en el sistema de producción y en el aparato reproductor del Estado. El mundo de la técnica moderna hace del hombre mismo un instrumento más en la serie de instrumentos. En los niveles primarios y elementales o en los más altos de la más alta educación superior, en la vida cotidiana o en la técnica avanzada, en la política o en la “ciencia pura”, en todo se manifiesta este fundamento último de la historia de occidente y ahora historia mundial.
La educación en El Salvador, desde preparatoria hasta la universitaria, se ha limitado nada más a transmitir conocimientos sobre determinadas áreas a los alumnos; pero no los ha convertido en seres pensantes, en interlocutores válidos, en formadores y transformadores de su propia realidad. El Administrador de Empresas, por lo general, es un reaccionario y únicamente responde al concepto del dinero, de la mercancía, de los valores materiales. Es rato encontrar un profesional de tal especialidad que cuestione las políticas gubernamentales del neoliberalismo o se pregunte por qué razón los empresarios no ejecutan programas de bienestar social, distribuyen dividendos entre sus trabajadores o brindan más prestaciones sociales a sus empleados.
Hay por lo tanto un fundamento, una idea del mundo y del hombre, que aún sin expresarse o quizás por ello mismo, determinan nuestra vida y nuestros sistemas educativos. La “objetividad”, la “imparcialidad”, la “neutralidad”, del educador, del pedagogo, mientras más se afirman en el rigor científico, metódico, técnico, y rechazan ideas metafísicas, anticuadas, emotivas, como reflexionaba el insigne educador mexicano Vasconcelos, nos muestran más su carácter condicionado y determinado. En nuestro modelo, no hemos tenido un estudiante reflexivo y cuestionador de las enseñanzas no sólo las particulares impartidas por el profesor, sino de las generales. Hubo un tiempo en este país, que en un colegio salesiano se impartía la materia de “sociología cristiana” en el bachillerato, desde luego un intento por “salvar el alma” del joven y prepararlo para supuestamente defenderse de la única sociología, ciencia que estudia los fenómenos sociales, que se impartía en la Universidad de El Salvador. Se trata, en síntesis, de la enajenación del hombre moderno, o como dice Nietzsche, del nihilismo (niega los valores de la sociedad) disfrazado de progreso, de grandes valores y palabras.
En El Salvador se ha mantenido el sistema educativo ajeno a los valores, a la idiosincrasia y la realidad nuestra. Por eso está ya desfasado, como lo comprobaron hace muchos años los jesuitas, y actualmente en crisis, pero no sólo en cuestiones particulares más o menos graves, sino en la “crisis” del fundamento mismo de la ciencia y de la técnica, como advierte Husserl; es pues el deterioro mismo del sistema hasta hoy imperante en el mundo occidental, para ubicarlo de alguna forma; Marx diría “crisis del fundamento de la historia real y concreta del hombre”. Vistas así las cosas, lo anterior esboza o apunta la posibilidad de un cambio radical. Señala la necesidad de transformar el fundamento, es decir, el entorno nuestro y el hombre en el sentido originario y auténtico. Solamente esta transformación permitirá cambiar la educación –educar al educador—pero sólo será posible si replanteamos esos viejos problemas y preguntas pero no ya dentro de los viejos y abandonados lenguajes metafísicos sino a partir de la historia real y concreta, esa que diariamente vivimos y padecemos los salvadoreños.
No es simplemente el incluir en programas educativos materias sobre ecología, ciencia y energía, estructuralismo, derechos humanos, y valores como el bien común, la solidaridad y la participación; sino de cambiar al educador mismo, como lo señalaba Marx. En nuestro medio se habla constantemente de polarización política, de mayor participación de las bases y de crisis en el modelo de los partidos políticos; pero la “crisis” no es una palabra ni una idea abstracta sino una realidad concreta en el mundo actual y con todas las diferencias que quieran señalarse, sobre todo en las sociedades capitalistas y más aún con remanentes feudales, como la nuestra. No hemos encontrado soluciones, no hay ideas claras y precisas acerca del nuevo hombre y de la nueva sociedad. Se trata de una tarea, pero no intelectual ante todo, sino histórica. Es en la historia real donde podrán descubrirse y hacerse tanto el hombre como el mundo; donde podrán superarse la enajenación, el nihilismo, el carácter instrumental del ser humano; donde podrá educarse al educador y fundamentarse, entonces sí, la educación superior y el sistema educativo.
La educación superior no es ni debe ser sino formación o actitud crítica. Crítica en el sentido de “crisis”, de poner en duda, de decir no, de rechazar, pero no en la contemplación o en las actitudes negativas sino en la acción, en la praxis. Entendiendo por praxis tanto el trabajo, como la investigación, la docencia, la creación artística, la acción revolucionaria. Formación crítica, señor Ministro de Educación, Salvador Sánchez Cerén, es poner en crisis, es ir a la raíz, el fundamento, es ir más allá de lo establecido, de los prejuicios y sobre todo de los más solemnes y grandilocuentes.
Si en este gobierno “del cambio” permanentemente estamos aceptando como válidas y buenas las “recomendaciones” de las instituciones y personas vinculadas a la oligarquía, al aparato económico de dominación, nunca podremos ingresar a la era de la ciencia y la tecnología, a los métodos y sistemas avanzados de educación que verdaderamente nos hagan libres y soberanos. Lo reiteramos, la educación superior además de ciencia, técnica, sistema, es y debe ser CRÍTICA. La enseñanza, sobre todo en niveles de post grado, no es sino investigación. En los niveles más altos de la ciencia la educación y la investigación son lo mismo. La educación superior, la investigación, la formación del personal académico, la Universidad, son esencialmente autonomía y libertad, es decir acción crítica. Por esto pensamos que lo académico y la acción, la ciencia y la crítica, la educación, todo expresa y reúne lo real, el fundamento, la historia concreta del hombre.
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