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2010/01/27

LPG-Reformas constitucionales

Las frases del vicepresidente de la República respecto de los artículos pétreos de la Constitución no pasaron para nada desapercibidas. No era para menos, sobre todo por la alta sensibilidad política que, en nuestro país y América Latina, poseen hoy en día las propuestas de reforma constitucional en la forma de gobierno y la reelección presidencial.

Escrito por Roberto Rubio-Fabián.27 de Enero. Tomado de La Prensa Grafica. 

Se confirma así que, por ahora, en el horizonte del proyecto político del Frente está el cambio en la forma de gobierno republicano, democrático y representativo, por medio de reformas constitucionales que permitan la llamada democracia participativa. Podrá haber distintas opiniones internas sobre el momento de su implementación, pero no sobre su sentido.

¿Qué se entiende por democracia participativa? Hasta hoy, escasea la producción intelectual y el debate de ideas al seno de los promotores de tal concepto. Lo que conocemos es su práctica, y por ella podemos conocer sus concepciones. Por sus frutos los conoceréis. Y los frutos de la democracia supuestamente participativa en Nicaragua y Venezuela no son buenos. La “participación popular” sirve para consolidar la razón de Estado del soberano, del líder y/o del partido, que encarna “la voz y la razón del pueblo”. Ya no se dice “yo quiero”, sino “el pueblo quiere”.

“El pueblo” se convierte así en un concepto abstracto que sirve como excusa y estandarte para ir anulando la democracia, la representación y la misma participación ciudadana. Lo que vemos en lo concreto en los países latinos que la proclaman se aproxima más a las concepciones cuasi medievales del siglo XVI y XVII de Maquiavelo y Hobbes, fuentes de inspiración del Estado absolutista. El control de las instituciones, la no separación de los poderes del Estado, intentar pasar el monopolio privado de los medios al monopolio público en nombre de la democratización de la libertad de expresión; el fraude y manipulación electoral, la concentración del poder y el freno a la descentralización del Estado, la destitución de alcaldes y gobernadores por decreto ejecutivo, son formas de ejercicio del poder que se asemejan más al autoritarismo de derecha que al socialismo democrático y participativo de la izquierda.

Hasta hoy en día, el Frente no ha explicitado qué entiende por democracia participativa y qué quiere con ella, al menos públicamente. A falta de ello, y dada la cercanía del Frente con aquellos gobiernos de supuesta izquierda que sí la han definido en la práctica, es lógico e inevitable pensar que su enfoque es el mismo. Los botones de alarma no se encendieron gratuitamente.

En todo caso, si el Frente quiere ir aclarando su apuesta por una democracia más participativa, debería sin ambages, por ejemplo, apoyar una ley de partidos políticos que fomente la democratización interna, las candidaturas independientes, la contraloría ciudadana, así como redoblar su actual apoyo a la ley de acceso a la información y a la de conformación de consejos plurales.

Reformas constitucionales

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