Escrito por Juan A. Valiente. 13 de Enero. Tomado de El Diario de Hoy.
El Dr. Francis Fukuyama, autor del famoso libro "The end of history?", insistió la semana pasada en un evento organizado por FUSADES y FUNDEMAS que el populismo, al estilo venezolano de Chávez, no era la verdadera amenaza a la democracia. Para un país como el nuestro la verdadera amenaza está en cultivar los procedimientos de una democracia formal, sin atender el verdadero problema social que venimos arrastrando: la exclusión de una mayoría importante de compatriotas de los beneficios del desarrollo económico del país.
Esa situación permitió en parte que ARENA perdiera las elecciones. No logró en veinte años en el gobierno atender de manera significativa y permanente el tema de la desigualdad y la pobreza. Sus dirigentes al parecer se confiaron por los logros obtenidos en la reducción de la pobreza extrema y el impacto social de otros programas como EDUCO, Red Solidaria, FOSALUD y el Plan Educativo 2021. Todos estos programas tuvieron buenos pronósticos, pero en general nunca recibieron los recursos necesarios para realmente hacer la diferencia.
A todo esto debemos sumarle la corrupción política y económica en el gobierno, el perfil del candidato del FMLN, y obtenemos la receta del desastre electoral de ARENA y el peligro de la instalación en el país de una democracia autoritaria.
En los últimos años El Salvador ha sido reconocido como ejemplo en muchos sentidos, especialmente por los logros de nuestra incipiente democracia. El Salvador se levantó como el ave Fénix de sus propias cenizas, luego de una cruenta guerra civil de más de veinte años y más de setenta mil muertos. Los Acuerdos de Paz nos regalaron la institucional mínima necesaria para iniciar el camino de la verdadera democracia. Pero la nueva democracia para que subsista debió ser acompañada como sistema político de una red de protección social, que estableciera altos estándares de vida para todos en términos de educación, salud y desarrollo económico.
El Dr. Fukuyama afirmó que la democracia no puede mantenerse frente a la desigualdad y la exclusión social. No debemos dar por hecho que siempre habrá democracia, porque está amenazada por las condiciones sociales heredadas del pasado y mantenidas en el presente. ¿Y cómo entonces se debe contribuir a fortalecer este proceso histórico? Es necesaria la creación activa de instituciones que fortalezcan la democracia, yendo incluso más allá de las ideologías.
La democracia requiere además de alternancia. El mismo Presidente Funes dijo el año pasado: "Mi gobierno y la convivencia democrática en nuestro país requieren de instituciones partidarias fuertes y sobre todo cuando estos partidos son de oposición". Al parecer el Presidente Funes está consciente de los riesgos del poder. Bien dice el dicho que el poder corrompe, pero el poder absoluto corrompe absolutamente. El Presidente entiende la importancia de contar en una democracia con controles y contrapesos.
Por ello es tan importante en estos momentos la promoción de un pacto social entre las fuerzas políticas del país. La izquierda debe reconsiderar su alianza con las fuerzas autoritarias de la región. No es posible haber dedicado tantos años de lucha y tantos muertos para terminar promoviendo esquemas políticos similares a los que quisieron destruir. Deben apostarle al desarrollo con justicia y a la democracia.
La derecha debe reconstituirse, especialmente ARENA. Está bien su deseo de respetar su ideario. ARENA siempre ha pregonado la defensa de la propiedad, el sistema de libertades y el respeto a la ley. Pero habiendo sido gobierno, es claro que no aprovechó la oportunidad para reducir significativamente las desigualdades. Un estudio de la inequidad en el país muestra cómo ésta se agranda después de impuestos y gasto público, en lugar de disminuir como es de esperarse y como sucede en países de la OCDE. El respeto a la ley exige la protección de los débiles y los excluídos; exige anteponer los intereses nacionales a los intereses particulares. Los beneficios de la propiedad deben, a través de una política fiscal justa, distribuirse en la sociedad.
El Presidente Funes también debe hacer su parte. No basta con que desee una institución partidaria fuerte en la oposición. También su gobierno debe aportar para que la democracia se fortalezca y nos alejemos del peligro que el populismo o la democracia autoritaria traería al país. El riesgo es que el Presidente Funes permita que el partido FMLN y no el país se beneficie de las políticas de compensación social que ha comenzado a desarrollar. A nadie debe extrañarle los esfuerzos que evidentemente realiza el FMLN para no entrar en conflicto grave con el Presidente, pues esperan cultivar la cosecha de la Presidencia de Mauricio Funes.
En este nuevo año y en esta nueva fase de nuestro desarrollo, necesitamos políticos democráticos genuinos para hacer la diferencia y construir un país de y para todos.
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