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2010/01/16

EDH-Fecha de firmas

Escrito por Cristina López G. 16 de Enero. Tomado de El Diario de Hoy.

El 16 de enero de 1992, Chapultepec y el mundo entero fueron testigos de que, un acto simple, como estampar firmas en un documento, puede tener fuertes simbolismos y repercusiones muy poderosas. En el caso de El Salvador, el acto de estampar firmas en los Acuerdos de Paz, nos hizo merecer una página en la historia al finalmente conquistar un sistema democrático que se pagó con muchas vidas.
Ahora, dieciocho años después, se repite el mismo acto sencillo de estampar firmas al pie de un documento: la constitución de GANA como partido político, y en un triste contraste, las repercusiones del acto son una afrenta a nuestra incipiente democracia y la legalización de un descaro.

Lo criticable no es la incorporación de una nueva fuerza política a nuestro sistema, que se enriquece y beneficia con el pluralismo. El problema es que en el caso de GANA, lo que resalta es su total ausencia de transparencia; una aparente acefalía, debido a que no aparece un líder coordinando sus acciones: se dicen llamar alianza, pero nadie dice abiertamente con quién se han aliado. Es notoria su carencia de convicciones, compromisos ideológicos, contenido en sus argumentos, y su clara falta de patriotismo.

Y la mayoría se pregunta, ¿por qué pasan estas cosas? Pasan porque lo permitimos como ciudadanos. Pasan porque nos hemos construido una sociedad donde nos cuesta llamarles a las cosas por su nombre afuera de las reuniones sociales y aparte de las cadenas de correo electrónico que circulan incansables. Para ejemplo: a los diputados que protagonizan el guión de esta tragedia griega, se les llamó desde el principio a través de los medios, de la manera más políticamente correcta: "disidentes", cuando la palabra apenas abarca una insignificante punta del iceberg, la de "no estar de acuerdo" con su bloque partidario, o votar de manera diferenciada.

Poca atención se le dio al hecho de que el electorado no los había elegido por sus nombres o por su trayectoria política, sino porque bajo una bandera, mal que bien representaban ciertos valores o ideas que para quienes marcaron con el crayón la papeleta, representaban ideales o expectativas para el futuro del país. Tampoco se dicen las cosas por su nombre cuando se afirma que lo que origina esta afrenta a la democracia son "las leyes electorales que así lo permiten", cuando lo que permite estas cosas es la falta de ética y patriotismo en quienes se sirven de la patria en vez de servirla.

Si bien una reforma a la manera en la que elegimos a nuestros representantes evitaría en gran medida el comercio de curules, hace falta una ciudadania que con una opinión pública despiadada y de hierro, condene las traiciones a la patria y esté pronta a pedir cuentas a sus representantes, de una manera abierta, llamándole a las cosas por su nombre.

Ojalá que en el futuro, en las páginas de la historia el 16 de enero siga siendo el aniversario del momento histórico en que, como ciudadanos, comenzamos a construir nuestra democracia, y no sea mejor recordado como el día en que dieciocho años después, permitimos que nos la robaran.

elsalvador.com :.: Fecha de firmas

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