Escrito por C. Marchelly Funes. 15 de Enero. Tomado de Diario Co Latino.
Los acuerdos firmados entre la ex guerrilla, ahora partido oficial, Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y el entonces gobierno de El Salvador, el 16 de enero de 1992, en la ciudad de México, significaron para la sociedad terminar el conflicto armado que se vivió por más de una década en el país y en el cual también se plantearon grandes retos para la democracia salvadoreña.
Este vigésimo octavo aniversario que estamos próximos a celebrar es –o debería ser_ una fecha para revelar esa verdad social, –que tanto daño le ha hecho a la sociedad– para que los actores activos en el conflicto armado pidan perdón públicamente y para que estos se reconcilien con la nación.
También es oportuno evaluar el cumplimiento de esos acuerdos y replantear lo que aún está pendiente de cumplir.
Sanar y cerrar las heridas del pasado
Si bien es cierto, el espíritu de los Acuerdos de Paz fue construir una sociedad más justa y democrática, la realidad actual dista mucho de ese espíritu. De hecho, los gobiernos anteriores, areneros, tenían otras prioridades y entre ellas no estaba buscar la reconciliación social.
Hoy, con el primer gobierno de izquierda y con un presidente comprometido con la Unidad Nacional, es ineludible e impostergable sanar esas heridas, obviamente, si lo que se pretende es construir esa sociedad justa y democrática con la que se ha soñado por más de un siglo en este país.
Este sábado 16 de enero es el momento oportuno para darle eco al llamado presidencial de dignificar a las víctimas del conflicto armado, lo que significaría, como se ha mencionado líneas arriba, conocer públicamente a los responsables independientemente del sector al que estos pertenezcan -llámese derecha, izquierda, guerrilla o ejército- de si fueron autores intelectuales o autores materiales.
Esta celebración deberá ser un acto de recuperación de la memoria histórica, un reconocimiento a las miles de víctimas que perecieron en las décadas de los setenta, ochenta y noventas. Dar ese paso es comenzar a construir un nuevo El Salvador.
Probablemente no faltaran los que se opongan y argumenten que ya es demasiado tarde y que un acto de esta envergadura significaría abrir esas heridas, heridas que probablemente nunca se han cerrado y mucho menos sanado.
Ojalá que, este 16 de enero, no sea una celebración más, sino que signifique pasar esa página trágica y dolorosa de nuestra memoria histórica y que sea el principio de un verdadero cambio para todos los salvadoreños y salvadoreñas que han venido clamando justicia en este país porque conocer a los victimarios también es una forma de hacer justicia.
Ironia! Como podemos alegrarnos por conmemorar la tal "paz" si los niveles de muertes violentas sobrepasan los niveles de muertes durante el conflicto?. Hay que hacer una diferencia fundamental entre la paz de los politicos y la paz para el pueblo. La primera es innegable que la conquistamos. Pero todavia hay que conquistar la otra. El pueblo sigue sangrandose mientras intenta sobrevivir este desorden animalezco impuesto por la derecha y su falta de aciertos.
ResponderEliminarCelebren pero con medida y llamen las cosas por su nombre. La paz del 92 es politica no fue para la gente humilde.