Comentarios mas recientes

2010/01/15

Co Latino-El caos del transporte público debe terminar (Parte I)

Escrito por Ramón D. Rivas. 15 de Enero. Tomado de Diario Co Latino.

En estos días que, de nuevo el tema del transporte público es noticia nacional quiero compartir esta reflexión producto de lo que veo y oigo ya que considero que es un hecho de interés nacional y no de caprichos y vicios mal sanos de particulares y políticos. El fenómeno es de naturaleza cultural pero por su importancia económica se ha enroscado en lo político. Esta semana veía el programa Ocho en Punto del Canal 33, conducido por Nacho Castillo que daba algunos elementos en ese sentido, después de la algarabía en que cayó la conversación por parte de sus invitados. Debe de quedar claro que los buses pertenecen a la sociedad industrial del siglo XX, y en sociedades como las nuestras siguen siendo un mal necesario.

Se trata de esa sociedad industrial que emparejó al campesino con el sirviente industrial: el obrero, el campesino, el cobrador y el motorista llegaron a formar parte del proletariado industrial de las clases desposeídas, —los hoy empresarios de buses—, que  además son mal vistos por las clases dominantes.

No debemos olvidar que en este país, la clase media y la alta han visto siempre a los motoristas como gente despreciable. Su trabajo siempre ha sido visto como malo, de segundo rango, es decir, en esta sociedad se ha creado una idea del  motorista como lo peor que puede haber.

Recuerdo, en mi pueblo, Ilobasco, en los primeros años de la década de los setenta,  que los padres decían a sus hijas; “Hija, no te cases con un motorista, con un telegrafista o con un policía, pues eso es de lo peor que puede haber, son gente mal educada y andan de lugar en lugar, y en cualquiera de esas partes dejan lo que no deben dejar”.  Y es que no se si usted se da cuenta, pero muchos de los motoristas y los cobradores viven en los buses, ellos muchas veces hacen su vida en los propios buses.

Esta es una realidad. ¿Cuántos motoristas y cobradores no cuelgan su hamaca dentro del bus durante la noche o en algún momento de espera en “las metas”? Hay motoristas que han hecho de “su bus”, verdaderos santuarios adornados con toda clase de objetos y hasta con imágenes religiosas. Otros muestran fotos de mujeres semidesnudas o sus artistas preferidas. Comen lo que ven y a cualquier hora. Son gente, en su mayoría, con  un estilo de vida muy particular y eso los hace gente “diferente”, por lo menos socialmente.

Los salarios son bajos y aparte de eso, como no existe control sobre las personas que “se suben”, siempre se ha dicho que los motoristas con los cobradores se agarran su tajada. Eso a la larga ha creado una cultura. Se trata de un trabajo rudo, lo que no debería de ser. Ellos lo han hecho así. Pero mucha de la responsabilidad la tiene el usuario ya que este mal educa al motorista. Son muchos los usuarios que ultrajan al motorista cuando este no accede a parar antojadizamente. 

La pregunta es ¿Quién educa a quién? Otro aspecto es la responsabilidad de los usuarios al  abusar del espacio.  Hay buses y microbuses en determinadas horas que los usuarios cuelgan literalmente de las puertas  exponiendo sus vidas. ¿Qué hace ante esto la policía y el Viceministerio de transporte? ¿Y “el cambio” pues? En otros países hechos como estos no tienen perdón tanto para los motoristas como para los usuarios. Las leyes se aplican y se aplican como debe ser.

Pero aquí el motorista manda, se impone ante la ley por la fuerza. Y es que este ha vivido un mundo en donde se debe de aprender a sobrevivir. En esa cultura, para poder mantener ese estatus, ya sea de motorista “cachimbón o de cobrador audaz”, casi siempre —y los medios lo están confirmando— hay que ofrecer droga y alcohol para que un ser humano pueda trabajar más de lo debido.  Los motoristas aquí no trabajan ocho horas, trabajan más. Los momentos de esparcimiento se tienen que repartir entre la familia y los amigos.

Por el lado de los empresarios, ven en los motoristas y en los cobradores solo a gente que les sirven y de quienes tienen que desconfiar porque ante sus ojos son quienes les roban. Si el empresario no paga la renta a las “maras”, a quien matan es al motorista y no al empresario. Entonces, en ese sentido, el ciclo vuelve a cerrarse alrededor de los motoristas y los cobradores.

La realidad demuestra que se trata de un grupo social bajo y menospreciado por sus mismos empleadores. Estos desprecian la vida de sus empleados y la vida de los pasajeros que llevan en sus unidades, con unidades viejas e insalubres. En las últimas semanas también el tema del medio ambiente está en la agenda de los medios, y se habla del Protocolo de Kyoto, de la recién celebrada cumbre climática de Copenhague.

Y, mire usted,  aquí se le da autorización a los autobuses de 30 años para seguir circulando. Y ¿Qué hace ante esto el nuevo Viceministerio de transporte o nuestro flamante ministro de Medio Ambiente? Debido a eso, para todos es sabido que son un atentado contra la dignidad humana: no tienen accesos viables para personas con algún tipo de discapacidad, no hay espacios reservados para mujeres embarazadas ni para personas de la tercera edad, no hay áreas para transportar bultos y se sigue permitiendo que en las unidades de transporte viajen personas de pie, cuando el uso del cinturón de seguridad es obligado, pero en buses y camiones la gente puede ir como le de la gana con todos las consecuencias del caso. Eso es ilógico desde todo punto de vista.

Además, desde los mismos empresarios y motoristas no se educa ni siquiera para abordar el autobús, ni de reclamar ticket al momento de pagar, ni se crean otras alternativas al uso del pago en efectivo para así evitar la delincuencia. Parece como que ya nos acostumbramos a eso.  Yo, por lo menos, veo detestable ese acto de menosprecio al ser humano, eso es lo que es.  Continuará…

El caos del transporte público debe terminar (Parte I) | 15 de Enero de 2010 | DiarioCoLatino.com - Más de un Siglo de Credibilidad

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comentarios que incluyan ofensas o amenazas no se publicaran.