Editorial.15 de Enero. Tomado de Diario Co Latino.
Con la consigna “Yo también firmo la Paz”, la Secretaría de Cultura ha organizado toda una serie de eventos culturales, valga la redundancia, pese a que los defensores de la lengua lo consideren un sacrilegio, para festejar el Décimo Octavo aniversario de la Firma de la Paz.
Este aniversario, por cierto, que se celebra mañana sábado, reviste un factor especial, y es que por primera vez, la celebración se hace en el marco de un primer gobierno de izquierda.
La guerra civil, como muchos salvadoreños deben saber, se originó, esencialmente, por la injusticia económica, política social, que se instaura en la nación salvadoreña, tras su independencia de la corona española, en 1821.
Es decir, las causas que originaron la guerra civil, el 10 de enero de 1981, y que finalizaron tras un complejo proceso de negociación, el 16 de enero de 1992, en el Castillo de Chapultepec, México, tuvo raíces históricas, y por lo tanto profundas.
Esas causas se profundizaron, con la dictadura militar iniciada tras el golpe de estado de 1931, y el derramamiento de sangre campesina e indígena, el 22 de enero de 1932.
La dictadura militar, que concluyó con el último golpe militar en El Salvador, el 15 de octubre de 1989, lejos de propiciar un espacio para la democratización del país, incrementó las condiciones objetivas y subjetivas de la incipiente guerra civil, que duró 12 años.
Finalmente, tras la mediciones militares de ambos bandos –gobierno y guerrilla- y los errores de cada uno de los actores, así como la correlación internacional, se llegó a la firma de la Paz.
El documento de la paz, recogió las principales líneas para la construcción de una nueva sociedad, de las cuales se cumplieron muchas, pero, la estructural, es decir, la económica quedó intacta.
Así por ejemplo, gracias al acuerdo de Paz, el FMLN, ex frente guerrillero se convirtió en partido político, hoy de gobierno. Nació la Policía Nacional Civil (que significó la extinción de los antiguos y represivos cuerpos de seguridad), La Academia de Seguridad Pública, el Consejo de la Judicatura, la Procuraduría de los Derechos Humanos y profundas transformaciones orgánicas en la Corte Suprema de Justicia, así como en la Fuerza Armada.
Desde la firma de la paz, algunas veces con mayor interés, sobre todo del FMLN, otras sin ninguna, de parte de los gobiernos areneros, la celebración ha sido constreñida a las partes firmantes.
Esta vez, hay un esfuerzo por rescatar la celebración que ha sido apropiada desde la sociedad civil, el tercer actor, que durante 27 años ha actuado como el convidado de piedra, se le invita a ser actor principal de la película de la paz.
Y es que, “Yo también firmo la Paz”, es una invitación y un reconocimiento de que la firma de la paz debe ser, fundamentalmente, una fecha apropiada por la ciudadanía, los otros, los firmantes, son los referentes históricos, y acompañantes, sobre todo el FMLN, de las exigencias ciudadanas para el cumplimiento del Espíritu de ese Acuerdo de Paz.
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