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2011/03/05

La Página-Desastre antropológico: El Salvador es un país triste-Diario digital de noticias de El Salvador

 Escrito por Marvin Aguilar.05 de Marzo. Tomado de La Página.

Tenemos un problema de inteligencia social, las conductas personales, interrelaciones demuestran incapacidad de grupo. Se puede inferir que la actitud de los buseros refleja el padecimiento de una depresión interpersonal, que no es exclusiva en ellos, esta teoría sostiene que: el objetivo de esta depresión es que los demás te consuelen, te brinden algún tipo de apoyo, pero si las expresiones que buscan el consuelo se prolongan demasiado, se vuelven intensas, los demás sufren una fatiga de compasión y ya no pueden seguir consolándote si eso no mejora nada la situación.

El deprimido en vez de considerar que se ha estado quejando demasiado, reacciona frente a este abandono con un intento desesperado de restablecer el consuelo de los demás. Logrando que todos se aparten de él todavía más. De esta manera, llegamos a que el salvadoreño se sienta rechazado aunque no sea así. Debemos cambiar esa actitud lo que se alcanzará cuando sepamos responder a los demás, solo así lograremos superar la depresión nacional.

Estos pensamientos se originan de un conjunto personal de interrelaciones, si últimamente sentimos el rechazo es posible que sea cierto, ya que el salvadoreño tal como lo decía Paolo Lüers en una de sus cartas, o somos víctimas o héroes, eso sí que cansa.

Los salvadoreños nos conocemos, así que no deberíamos mentirnos.

Estamos cansados los unos de los otros, por eso somos incapaces de ponernos en la piel ajena, hemos perdido la empatía. Los mensajes que nos enviamos son por hoy difíciles de descifrar, esto hace que la violencia de todo tipo, en todos los niveles se haya convertido en la forma de comunicación por excelencia: sustituimos el lenguaje por la llamada.

Cultura y biología están ligadas, de allí que el histórico machismo como manera de educar en los hogares, el autoritarismo como fórmula tradicional de las clases dominantes sobre los desclasados, termine volviéndose genético, manifestándose en agresión en las calles.

Entonces, esas predisposiciones, estereotipos o prejuicios construidos deben de ser de-construidos mediante un re-aprendizaje que debe iniciarse con los más pequeños. Pero no se ha estado haciendo.

Con el resto es más complicado, en este país por nuestras tradiciones, creencias, costumbres venimos predispuestos biológicamente al miedo, vergüenza, felicidad, culpa, tiene mucho que ver entonces para un cambio cuantitativo el comportamiento de los dirigentes de todo tipo ya que el salvadoreño en su estructura biológica es influenciable. Si en esto estamos de acuerdo aceptaran mi tesis de lo real de modificar el todo, influir al ciudadano. Políticos honestos, respetuosos de las reglas, empresarios honrados, éticos, obligaran a la masa a imitarlos.

De la misma manera en una aspiración legítima, la clase media anhela ser clase alta, entonces una clase dominante que tenga como valores además del esfuerzo, trabajo, debe traslucir: respeto a las leyes, coherencia entre discurso y acción, motivando a los más a seguir esos preceptos. Debemos comenzar desde arriba a deshacernos de la doble moral. Nada menos.

Destruimos lo bello debido a que no conocemos la belleza.

Hace algunos años circuló y leí en Europa la lista de países más felices del mundo, el nuestro, El Salvador ocupaba el cuarto lugar según recuerdo… la interpretación de esa posición me obligo a escribir la génesis de este texto, luego una vez aquí he podido concluir que tenemos una tendencia a ser una pared, que algunas veces es defensiva, otras, una costumbre cultural a no parecer tontos la cual sustituimos no por la inteligencia sino por la viveza, preferimos sentirnos felices a reconocer las emociones, la pobreza es una situación que el salvadoreño más que superar evade. Dicho en lenguaje criollo: si no me doy paja yo mismo, ¿quién?

Como antropólogo y documentalista me gusta hacer cosas que los salvadoreños encasillan como pobreza: viajar en autobús es una de ellas, es interesante como nuestros compatriotas subliman en los urbanos, los niños suben por debajo del torniquete, la mirada inquisidora de los vendedores ambulantes, complicidad con la delincuencia.

Incluso, por qué algunos a pesar del riesgo viajan suspendidos de las puertas tiene explicación: han sido los últimos en llegar corriendo a abordar, no desean parecer lentos, menos tontos, así que demuestran su viveza y machismo yéndose a como dé lugar: el salvadoreño se rebusca. Desde luego a nadie le gusta esta vida, por eso concentran toda su energía, no en cambiar el denigrante sistema de transporte, sino en comprarse cuando menos una moto, aunque lo mejor es un automóvil. Todo resultado de distorsionar la idea del individualismo occidental.

Los ritmos monofónicos versus los polifónicos.

No nos damos cuenta, pero la lucha diaria en las calles nuestras es de lo individual contra lo colectivo. La postura ante esta tristeza es transformarla en algo alegre, lo cual en principio suena bien, siempre y cuando se eliminaran las causas de la desdicha.

Aprender a enfadarnos solo cuando alguien ha hecho algo para herirnos a propósito y no dar por sentado que todo y todos nos hieren, controlar los pensamientos automáticos negativos ayudaría a disminuir la violencia en nuestro país.

Las campañas iniciadas: yo decido vivir en paz, por la Iglesia Católica, organismos estatales y no gubernamentales son acertadas, oportunas, tratan de darnos el guion cultural de cómo controlar la ira, hacen su parte ya que el acometimiento no solo es individual, sino que proviene de igual de nuestra cultura ostentosa, neo machista y consumista.

Debemos sumarnos entonces a ese esfuerzo de dejar en evidencia lo anormal: la reacción desproporcionada que hacemos de la crueldad, reforzando que lo correcto es el control de la vesania, que no por estar frustrados tenemos que responder con furia. Debemos aspirar al equilibrio entre lo racional y emocional, superar esa mala característica primatológica humana del salvadoreño bien expresado en nuestros buseros de hacer y luego pensar.

Diario digital de noticias de El Salvador

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